
Para manejar la noción de salud reproductiva, algunos autores han propuesto el riesgo reproductivo como un indicador de necesidad que permite identificar a aquellas mujeres, familias y poblaciones más vulnerables, es decir, con mayor probabilidad de sufrir daño durante el proceso de reproducción. Los factores de riesgo pueden ser causas o señales, pero son observables y se las puede identificar. Prevenir el riesgo reproductivo supone considerar desde la etapa preconcepcional, el lapso de gestación y parto y la etapa perinatal, que comprende desde la vigésima octava semana de gestación hasta la primera semana de vida del recién nacido.
Factores Generales
- Analfabetismo - Pobreza
- Malnutención - Vivir alejados
del área urbana
Varían entre los países y entre las
distintas regiones de los mismos
Factores Universales
- Edad: Mayor riesgo en mujer menor de 18
y mayor de 35 años
- Intervalo intergenésico: Mayor riesgo cuando
el tiempo entre embarazos es menor a dos años
- Paridad: Mayor riesgo en el primer embarazo
y luego del quinto
- Mala historia obstétrica: Antecedentes de
abortos, partos difíciles, dos o más cesáres, hijos
nacidos muertos, toxemia
Otras causas
- Insuficiencia cardiáca
- Hipertensión crónica - Psicosis
- Insuficiencia renal - Insuficiencia hepática
- Cáncer - Diabetes
- Dos o más cesáreas
- 7 o más embarazos y otras
- Enfermedad neurológica incapacitante
- Insuficiencia pulmonar (tuberculosis avanzada)
- Enfermedades congénitas (DOWN y otras)
- Baja estatura de la mujer (menor a 140 cm)
Factores de riesgo preconcepcional que catalogan a la
mujer como alto riesgo preconcepcional con su sola
presencia
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'Tal vez ser madre sea padecer en un paraíso, pero cada
sociedad elabora su propia versión del paraíso doméstico". Es
una frase que leí cuando empezaba a ocuparme de temas sobre
género y salud reproductiva. Tiene mucho sentido si
consideramos que la mayoría de las mujeres aprenden lo que
significa la maternidad a través de la manera en que sus
propias madres las trataron cuando eran niñas, de la actitud
que adopta la sociedad frente a la responsabilidad maternal y
sus experiencias personales.
Algunas mujeres parecen tener un conocimiento instintivo de
cómo cuidar los niños. Aun sin un aprendizaje previo, toman en
brazos al bebé en forma correcta y saben cómo tranquilizarlo y
distraerlo con toda naturalidad. Otras, en cambio, se dan
cuenta de que no saben mecerlo, vigilarlo, prepararle la cuna,
los pañales y otras cosas más. Por ese motivo, llegan a creer
que no sienten realmente la maternidad.
Es evidente que el papel de la madre varía de acuerdo con las
costumbres y modalidades de cada pueblo. Nos parece natural
que todas o casi todas las tareas relacionadas con la
educación y con la satisfacción de las necesidades de los
niños se hallen a cargo de las madres. Pero no acontece los
mismo en todas las culturas.
Los movimientos feministas se hallan relacionados con las
profundas transformaciones económicas y culturales vividas por
las sociedades occidentales a partir de la revolución
industrial. En el terreno de la vida familiar, la coexistencia
de costumbres nuevas con otras de tipo tradicional, somete a
las mujeres a exigencias contradictorias. La madre que insiste
en permanecer enteramente dedicada al cuidado de sus hijos,
puede ser tachada de anticuada y de sobreprotectora. Si decide
buscar alguna ocupación fuera de la casa, no faltará quien
diga que ella ha dejado de ser una "verdadera madre". Toda
mujer que trabaja sabe lo difícil que es conciliar sus
compromisos extrahogareños con el papel que se espera que ella
desempeñe en relación con sus hijos.
Desgraciadamente, el día tiene solamente 24 horas, durante las
cuales es preciso dormir, comer, concurrir a una oficina o a
una fábrica y encontrar el tiempo y la energía necesarios para
preparar la comida, para coser la ropa de los miembros de la
familia, para revisar los cuadernos escolares de los hijos y
para un sinnúmero de tareas que debe realizar. Una mujer que
logra mantener intereses y actividades ajenas a la rutina
doméstica, tiene muchas más probabilidades de poder acompañar
el desarrollo de sus hijos sin experimentar conflictos.
En realidad, una modificación de los patrones de
comportamiento relacionados con la maternidad no depende
solamente de la buena voluntad de las mujeres. Ellas necesitan
contar con la comprensión y el apoyo de todos los integrantes
de la familia, principalmente del esposo, quien debe compartir
responsabilidades de la casa.

'En su mundo falta un elemento muy importante: un padre para
sus hijos. Tendrá que llenar este vacío por sí sola y en
ocasiones enfrentar algunos conflictos". Puede ser viuda,
separada de su esposo o simplemente una mujer soltera. A
pesar de que la situación no es la misma en cada una de estas
circunstancias, la madre que está sola casi siempre es
considerada una especie de " fenómeno raro", que en algunos
casos despierta admiración y en otros desconfianza y hasta
hostilidad.
La mujer que carga con la responsabilidad de la maternidad sin
contar con el apoyo de un hombre, se ve obligada a enfrentar
problemas muy especiales, independientemente del hecho de
estar o no en conflicto con las normas sociales. Sin embargo,
son muchas las mujeres que logran llevar una vida
satisfactoria y que crían a sus hijos en forma adecuada; aun
sin la presencia de un esposo, pero igualmente son pocas las
que puedan decir que no han experimentado dificultades serias.
Su principal problema es siempre el mismo: de una manera u
otra, necesitan llenar el lugar que la tradición reserva
para "el hombre de la casa" , lo que la lleva a asumir al
mismo tiempo los papeles de madre y padre de sus hijos. Como
en condiciones normales estos dos papeles se complementan, la
tarea se vuelve bastante complicada.
La separación existente entre las actividades masculinas y
femeninas es la forma más elemental de división del trabajo.
Incluso en las sociedades más simples existen ciertas tareas
que son consideradas de exclusiva competencia para uno de los
dos sexos, e "impropias" para el otro. Cualquiera que sea la
forma asumida por esa división, lejos de separar ambos
papeles, crea una estrecha interdependencia entre el hombre y
la mujer que los desempeñan.
Para un gran número de madres solas, es en este punto donde
comienzan las dificultades. Cuando el sostenimiento del hogar
y de los hijos depende exclusivamente de la mujer, es muy
común que se vea obligada a sacrificar parte del tiempo, que
de otra manera hubiera dedicado a sus hijos, para atender a
sus compromisos laborales.
La tarea de llenar el vacío creado por la falta de un padre,
no es sencilla. Sin embargo, si la madre solitaria pretende
proporcionar a sus hijos un ambiente saludable y libre de
tensiones, es fundamental que no asuma el papel de mártir,
tratando a los niños o bien como "compañeros de infortunio", o
bien como "una carga demasiado pesada".
Muchas mujeres, inconscientemente, someten a sus hijos a un
verdadero chantaje sentimental, dándoles a entender que ellas
son unas pobres sacrificadas, que viven agobiadas por la carga
sobrehumana de las responsabilidades que deben asumir. A
cambio de este "sacrificio heroico", exigen de los hijos amor,
respeto y obediencia incondicionales. Si los hijos aceptan
esta situación, corren el riesgo de adquirir una personalidad
insegura y dependiente. Si por el contrario, advierten que su
amor es considerado un pago obligatorio, lo más probable es
que reaccionen en forma negativa.
Las madres solteras y separadas enfrentan, además, con gran
frecuencia, ciertas formas de discriminación, que en nada
contribuyen a volverles más fácil la vida. Este fenómeno es
más notable en el caso de la madre soltera. Sin embargo, todo
esto se halla sujeto a cambios.