El embarazo


        En todos los pueblos y culturas, la presencia de la mujer encinta recuerda siempre el maravilloso misterio que encierra el proceso del nacimiento. A pesar de esta tradición milenaria, el embarazo es siempre una experiencia única y original para cada mujer. Aun cuando tenga plena conciencia de estar viviendo un proceso biológico natural, es probable que la mujer tenga reacciones muy complejas en relación a su nuevo estado. Es grande el número de mujeres que, por ejemplo, rechazan la idea del embarazo durante los primeros meses. Esta actitud no tiene nada de anormal ni permite clasificar por ello a la mujer como una "madre desnaturalizada". Por el contrario, es explicable, más aún si tomamos en consideración el concepto de femineidad que empieza a ser aceptado en todas las sociedades. La esposa moderna puede sentirse afectada por las restricciones que la gravidez impone a su libertad individual.
Pero una vez superado el impacto inicial, la mayoría de las mujeres empiezan a esperar el nacimiento de su bebé con una felicidad creciente.
Desgraciadamente, no todo el mundo contribuye a hacer más fácil la vida de la mujer embarazada. Durante ese período, no faltan las "comedidas amigas y parientes" que le pondrán "al tanto" de muchos relatos más o menos alarmantes sobre los aspectos negativos del embarazo y sobre los famosos dolores del parto. La actitud debe más bien ser tranquilizadora. Lo mejor que puede hacer la embarazada es no tomar demasiado en serio a aquellas personas cuando predicen sufrimientos indescriptibles. Es probable que ellas no sepan que una gravidez nunca es una repetición de las anteriores, ni siquiera en una misma mujer. Muchas mujeres han tenido dificultades durante el parto simplemente porque estaban convencidas de que eso era inevitable. La tensión nerviosa y la expectativa terminan agudizando un dolor que, en condiciones normales, no sería tan fuerte. Nueve meses es mucho tiempo para esperar cargada de preocupaciones.
Las relaciones de la mujer embarazada con sus hijos no tienen por qué verse comprometidas si ella logra hacerles entender que el que va a nacer no será un "competidor" ni un motivo para que ella quiera menos a sus hijos mayores e inducirlos a encarar al futuro hermanito como a un compañero de juegos en potencia.
La comunicación entre las parejas es un componente importante para el bienestar y la planificación futura de su familia. Sin embargo, las barreras culturales impiden a los hombres y mujeres hablar de su sexualidad y salud reproductiva. Si a esto sumamos la falta de proveedores capacitados para asesorar a los hombres sobre el tema, los procedimientos del sistema sanitario que desalientan a los hombres a usar los servicios y las propias actitudes de los hombres respecto a la salud sexual y reproductiva, tendremos un evidente obstáculo en la comunicación y participación de los hombres en esta etapa tan importante de sus vidas.
Lo ideal sería que todos recibieran educación continua acerca de la reproducción. Secularmente se ha asumido una cultura de subordinación por parte de la mujer, lo cual ha llevado a que otros decidan sobre su sexualidad y reproducción. El período perinatal es posiblemente el único momento en que los hombres se ponen en contacto con el sistema de salud por conducto de sus esposas.
Los hombres tiene que participar en la planificación familiar y la asistencia posterior al embarazo en varios niveles. En el nivel más elemental pueden apoyar a sus esposas cuando estas decidan usar un método anticonceptivo. Luego pueden usar métodos anticonceptivos masculinos. Y deben hablar de los planes futuros de procreación con sus esposas y hacerse más responsables de la salud de sus hijos.




MUJERES Y RIESGO

Para manejar la noción de salud reproductiva, algunos autores han propuesto el riesgo reproductivo como un indicador de necesidad que permite identificar a aquellas mujeres, familias y poblaciones más vulnerables, es decir, con mayor probabilidad de sufrir daño durante el proceso de reproducción. Los factores de riesgo pueden ser causas o señales, pero son observables y se las puede identificar. Prevenir el riesgo reproductivo supone considerar desde la etapa preconcepcional, el lapso de gestación y parto y la etapa perinatal, que comprende desde la vigésima octava semana de gestación hasta la primera semana de vida del recién nacido.

Factores de riesgo reproductivo preconcepcional

Factores Generales

- Analfabetismo         - Pobreza
- Malnutención          - Vivir alejados
                          del área urbana
Varían entre los países y entre las
distintas regiones de los mismos

Factores Universales

- Edad: Mayor riesgo en mujer menor de 18
y mayor de 35 años
- Intervalo intergenésico: Mayor riesgo cuando
el tiempo entre embarazos es menor a dos años
- Paridad: Mayor riesgo en el primer embarazo
y luego del quinto
- Mala historia obstétrica: Antecedentes de
abortos, partos difíciles, dos o más cesáres, hijos
nacidos muertos, toxemia

Otras causas

- Insuficiencia cardiáca
- Hipertensión crónica        - Psicosis
- Insuficiencia renal         - Insuficiencia hepática
- Cáncer                      - Diabetes
- Dos o más cesáreas
- 7 o más embarazos y otras
- Enfermedad neurológica incapacitante
- Insuficiencia pulmonar (tuberculosis avanzada)
- Enfermedades congénitas (DOWN y otras)
- Baja estatura de la mujer (menor a 140 cm)
Factores de riesgo preconcepcional que catalogan a la
mujer como alto riesgo preconcepcional con su sola
presencia



El 'instinto' maternal


        'Tal vez ser madre sea padecer en un paraíso, pero cada sociedad elabora su propia versión del paraíso doméstico". Es una frase que leí cuando empezaba a ocuparme de temas sobre género y salud reproductiva. Tiene mucho sentido si consideramos que la mayoría de las mujeres aprenden lo que significa la maternidad a través de la manera en que sus propias madres las trataron cuando eran niñas, de la actitud que adopta la sociedad frente a la responsabilidad maternal y sus experiencias personales.
Algunas mujeres parecen tener un conocimiento instintivo de cómo cuidar los niños. Aun sin un aprendizaje previo, toman en brazos al bebé en forma correcta y saben cómo tranquilizarlo y distraerlo con toda naturalidad. Otras, en cambio, se dan cuenta de que no saben mecerlo, vigilarlo, prepararle la cuna, los pañales y otras cosas más. Por ese motivo, llegan a creer que no sienten realmente la maternidad.
Es evidente que el papel de la madre varía de acuerdo con las costumbres y modalidades de cada pueblo. Nos parece natural que todas o casi todas las tareas relacionadas con la educación y con la satisfacción de las necesidades de los niños se hallen a cargo de las madres. Pero no acontece los mismo en todas las culturas.
Los movimientos feministas se hallan relacionados con las profundas transformaciones económicas y culturales vividas por las sociedades occidentales a partir de la revolución industrial. En el terreno de la vida familiar, la coexistencia de costumbres nuevas con otras de tipo tradicional, somete a las mujeres a exigencias contradictorias. La madre que insiste en permanecer enteramente dedicada al cuidado de sus hijos, puede ser tachada de anticuada y de sobreprotectora. Si decide buscar alguna ocupación fuera de la casa, no faltará quien diga que ella ha dejado de ser una "verdadera madre". Toda mujer que trabaja sabe lo difícil que es conciliar sus compromisos extrahogareños con el papel que se espera que ella desempeñe en relación con sus hijos.
Desgraciadamente, el día tiene solamente 24 horas, durante las cuales es preciso dormir, comer, concurrir a una oficina o a una fábrica y encontrar el tiempo y la energía necesarios para preparar la comida, para coser la ropa de los miembros de la familia, para revisar los cuadernos escolares de los hijos y para un sinnúmero de tareas que debe realizar. Una mujer que logra mantener intereses y actividades ajenas a la rutina doméstica, tiene muchas más probabilidades de poder acompañar el desarrollo de sus hijos sin experimentar conflictos.
En realidad, una modificación de los patrones de comportamiento relacionados con la maternidad no depende solamente de la buena voluntad de las mujeres. Ellas necesitan contar con la comprensión y el apoyo de todos los integrantes de la familia, principalmente del esposo, quien debe compartir responsabilidades de la casa.



La madre sola


        'En su mundo falta un elemento muy importante: un padre para sus hijos. Tendrá que llenar este vacío por sí sola y en ocasiones enfrentar algunos conflictos". Puede ser viuda, separada de su esposo o simplemente una mujer soltera. A pesar de que la situación no es la misma en cada una de estas circunstancias, la madre que está sola casi siempre es considerada una especie de " fenómeno raro", que en algunos casos despierta admiración y en otros desconfianza y hasta hostilidad.
La mujer que carga con la responsabilidad de la maternidad sin contar con el apoyo de un hombre, se ve obligada a enfrentar problemas muy especiales, independientemente del hecho de estar o no en conflicto con las normas sociales. Sin embargo, son muchas las mujeres que logran llevar una vida satisfactoria y que crían a sus hijos en forma adecuada; aun sin la presencia de un esposo, pero igualmente son pocas las que puedan decir que no han experimentado dificultades serias. Su principal problema es siempre el mismo: de una manera u otra, necesitan llenar el lugar que la tradición reserva para "el hombre de la casa" , lo que la lleva a asumir al mismo tiempo los papeles de madre y padre de sus hijos. Como en condiciones normales estos dos papeles se complementan, la tarea se vuelve bastante complicada.
La separación existente entre las actividades masculinas y femeninas es la forma más elemental de división del trabajo. Incluso en las sociedades más simples existen ciertas tareas que son consideradas de exclusiva competencia para uno de los dos sexos, e "impropias" para el otro. Cualquiera que sea la forma asumida por esa división, lejos de separar ambos papeles, crea una estrecha interdependencia entre el hombre y la mujer que los desempeñan.
Para un gran número de madres solas, es en este punto donde comienzan las dificultades. Cuando el sostenimiento del hogar y de los hijos depende exclusivamente de la mujer, es muy común que se vea obligada a sacrificar parte del tiempo, que de otra manera hubiera dedicado a sus hijos, para atender a sus compromisos laborales.
La tarea de llenar el vacío creado por la falta de un padre, no es sencilla. Sin embargo, si la madre solitaria pretende proporcionar a sus hijos un ambiente saludable y libre de tensiones, es fundamental que no asuma el papel de mártir, tratando a los niños o bien como "compañeros de infortunio", o bien como "una carga demasiado pesada".
Muchas mujeres, inconscientemente, someten a sus hijos a un verdadero chantaje sentimental, dándoles a entender que ellas son unas pobres sacrificadas, que viven agobiadas por la carga sobrehumana de las responsabilidades que deben asumir. A cambio de este "sacrificio heroico", exigen de los hijos amor, respeto y obediencia incondicionales. Si los hijos aceptan esta situación, corren el riesgo de adquirir una personalidad insegura y dependiente. Si por el contrario, advierten que su amor es considerado un pago obligatorio, lo más probable es que reaccionen en forma negativa.
Las madres solteras y separadas enfrentan, además, con gran frecuencia, ciertas formas de discriminación, que en nada contribuyen a volverles más fácil la vida. Este fenómeno es más notable en el caso de la madre soltera. Sin embargo, todo esto se halla sujeto a cambios.

 

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