

Las acciones de salud reproductiva, a pesar de involucrar
también a los hombres, están dirigidas principalmente a las
mujeres; a la hora de definirlas, seguramente se puso de
relieve que la fecundación, el embarazo y el parto suceden en
el cuerpo de la mujer y las consecuencias de cualquier
complicación involucran más a la mujer, al feto o al recién
nacido. Por otra parte, las estadísticas revelan que las
secuelas de la mayoría de enfermedades de transmisión sexual
son más graves en las mujeres y que los métodos de
planificación familiar, usados en mayor cantidad por ellas,
representan, en general, más riesgos potenciales que los que
usan los hombres. Las mujeres tienen también una participación
más activa en la crianza de los hijos y es su papel muy
importante no sólo para el bienestar de ellos, sino para su
crecimiento y desarrollo adecuados.
Por muchos siglos, la mujer embarazada recibió atención solo
en el momento mismo del parto, con la creencia de que aquello
era suficiente. Debió pasar mucho tiempo para que esta
concepción se modificara, y sólo a fines del siglo XIX
numerosos médicos señalaron la importancia del cuidado
prenatal.
En el presente siglo, en los años ochentas, el interés de la
asistencia médica empezó a apartarse de los programas que se
concentraban únicamente en la planificación de la familia. Los
gobiernos y los programas de salud pública comenzaron a
concentrar sus esfuerzos en la salud materno infantil y a
integrar la planificación de la familia principalmente en el
período posterior al parto. La atención se concentraba en las
madres y los niños sanos.
En 1987, el término maternidad sin riesgo adquiere relieve
internacional, al haber sido mencionado por Mahler, ex
director general de la Organización Mundial de la Salud.
Entonces, al igual que ahora, la mortalidad materna variaba
enormemente entre las naciones industrializadas y los países
en desarrollo. El riesgo relativo de muerte materna en un país
en desarrollo era entonces, como lo es hoy, 200 veces superior
al de una nación industrializada. Los cuidados en el período
prenatal y durante el parto contribuyeron a disminuir
gradualmente la morbilidad y mortalidad materno-infantil; sin
embargo los resultados no fueron satisfactorios. En los
últimos años, se refuerza la idea de que aquellos cuidados,
además de actuar en los periodos prenatal, parto y post parto,
deben empezar en la etapa preconcepcional, es decir antes de
que la mujer se embarace. Esto garantiza una labor realmente
preventiva.
El concepto de salud reproductiva comprende la atención
preconcepcional, la atención prenatal, la atención del parto y
del recién nacido y la atención neonatal precoz que, para
fines prácticos, comprende el período que va desde el
nacimiento hasta el séptimo día de vida del recién nacido.
Factores de tipo social, cultural, político y económico y
elementos como vivienda, educación y alimentación, influyen
en forma directa o indirecta sobre la salud reproductiva. De
allí que exista la necesidad de buscar la coordinación
intersectorial con la finalidad de concertar esfuerzos y
concentrarlos en esta área. La salud reproductiva igualmente
tiene condicionantes de orden afectivo y discriminatorios de
la situación social de la mujer; ello exige establecer
estrategias que tomen en cuenta un enfoque integral de todo el
ciclo vital de la mujer y no solo en el período
concepcional.

El concepto de salud reproductiva fue formulado de manera muy
general desde la historia antigua de la humanidad y se puede
resumir en la frase: "padres saludables = hijos saludables";
esta noción recobra vigencia al ser presentada en 1990, con
ocasión del Séptimo Congreso Mundial sobre Reproducción
Humana. Tomando como base la definición que la Organización
Mundial de la Salud (OMS) formulada sobre la salud en general,
se traslada este concepto a la salud reproductiva, a la que se
define como "una situación en la que el proceso reproductivo
se lleva a cabo en un estado de completo bienestar físico,
mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o
enfermedades durante el proceso de reproducción".
Esta definición es ratificada por la Conferencia Internacional
de Población y Desarrollo (CIPD) realizada en El Cairo, en
septiembre de 1994 .
El objetivo principal de la salud reproductiva es no
solamente evitar que la madre y el feto o el recién nacido
enfermen o mueran durante el proceso de reproducción, sino que
el mismo se lleve a cabo en un estado de completo bienestar
físico, mental y social de la madre y el padre y que permita
la obtención de un recién nacido saludable.
A pesar de que existe consenso sobre este concepto, no se han
unificado los criterios sobre las acciones de salud para
obtener hijos saludables.