
La conquista del placer
Por Rodrigo Tenorio Ambrossi
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Psicoanalista, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador
Hablar de nuestra sexualidad nunca ha sido
tarea fácil. A lo largo de los siglos, se ha ido construyendo una serie de impedimentos
en forma de recelos, temores y prejuicios que se interponen a la palabra que debería
circular de manera espontánea y fácil.
Así el tema se transformó en algo malo porque
atentaba contra las buenas costumbres. De ahí a lo prohibido solo medió un paso que la
sociedad no tardó en dar.
El ser humano no se ha resignado a callar. Y no
ha cesado de hablar de la sexualidad y todo lo que ella implica en la vida personal,
familiar y social. Mientras la literatura y la pintura se encargaron de hacer públicas
las ideas y las actitudes individuales, las personas comentaban a hurtadillas, en secreto,
a escondidas, los misterios del cuerpo y del placer que provocan las diferencias entre
mujeres y varones, los avatares de las conquistas y de los goces indescriptibles que se
originan en la fusión de los amantes.
Sin duda, el mundo ha cambiado
significativamente en todas sus dimensiones y ha dejado atrás gran parte de las creencias
y los prejuicios que formaron parte de las antiguas generaciones. Pero ningún cambio es
radical ni definitivo sino siempre incompleto, a medias. Porque así el ser humano se
mantiene en perenne preocupación y atento a no dejarse llevar por la monotonía de la
cotidianidad. Pese a las nuevas actitudes más libres y espontáneas, aún persisten
prejuicios, desconocimientos y temores antiguos o han aparecido otros nuevos que siempre
harán del tema de la sexualidad una realidad conflictiva.
Ninguna era ha sido más nueva y renovadora que
la actual. Nuestro mundo se define por el cambio, la mutación, la inestabilidad, la
invención. Nada o casi nada perdura, ni las cosas ni las ideas, las posiciones
subjetivas, las ideologías, los principios y los valores. Para las antiguas generaciones,
el orden y las leyes, los principios y los valores poseían un inmenso grado de
consistencia y durabilidad, lo cual les proveía de certezas, a ratos casi absolutas. Las
nuevas generaciones se construyen de manera diferente: la mutación es un elemento
definitorio.
Y en estos nuevos espacios la sexualidad tiene
una presencia masiva y se ha infiltrado por todas partes.
Jamás en la historia de la humanidad, el mundo
se ha erotizado tanto como el actual. Parece imposible vender un auto, un televisor,un
licor o una marca de cigarrillos sin recurrir a mensajes que tomen en cuenta algún
elemento de la sexualidad.
La sensualidad, lo erótico, el cuerpo casi
desnudo que invita al hundimiento en placeres desconocidos, la voz que recalca que sí es
posible el amor gozoso; el acercamiento al otro se opera de manera mágica con la fuerza y
la prestancia que brinda un cigarrillo, un vaso de licor, un auto, un perfume, la mirada
de la seducción que rompe toda la resistencia. Un mundo erótico que, desde sus
fantasías, crea el imaginario del poder total, de una especie de bienaventuranza
impresionante.
Sin embargo, pese a este torbellino de
imágenes, de canciones, de voces, no todo está claro, las personas no necesariamente
conocen más y mejor lo que es la sexualidad, cuáles son sus dimensiones e implicaciones
en la vida personal y social. De hecho, para cada mujer, para cada varón, para las niñas
y los niños, no está clara la significación misma de la sexualidad. Más aún: se tiene
la impresión de que cuando más evidente se hace lo sexual y lo erótico, la sexualidad
más se encierra en sí misma, como si se tratase de un misterio que no se deja ni
atrapar.
Este misterio, definitivamente, no puede ser
revelado y aclarado únicamente a través de los videos, las revistas, las fotos, los
manuales para mejor hacer el amor. Al final uno se pregunta qué hay detrás de todo esto,
al otro lado de esa palabra mezcla de lo sagrado y lo profano, de lo hermoso y también de
lo peligroso. Aún cuando no se lo diga claramente, las mujeres y los varones, los
adolescentes y los adultos, todos saben o presienten que traspasar las puertas de la
sexualidad significa adentrarse en un mundo complejo en el cual no son posibles las
respuestas absolutamente claras y, menos aún, las definitivas. Porque todos presienten
que cuando se toca este tema cada quien se enfrenta a sí mismo. Y, sin duda, cada uno de
nosotros es el más complejo de los misterios que existen en la tierra.
Allí se encuentran las preguntas más
importantes de la existencia del hombre: ¿qué es la vida, cuáles son los orígenes de
cada uno, qué es el placer, cómo es posible amar y adentrarse en el mundo del otro para
encontrar allí experiencias indescriptibles de un gozo compartido sin anonadarse, sin
desaparecer para siempre?
Nunca ha sido fácil hablar de la sexualidad
con suficiente propiedad. Sin embargo, el pensamiento contemporáneo dice algo nuevo y de
suma importancia: no es posible abordar al ser humano sino dentro de lo que la sexualidad
significa para cada una de las culturas.
Hay quienes, especialmente adultos, afirman
saber todo sobre la sexualidad: porque creen haber vivido todo y haber pasado por todas
las experiencias posibles.
Este es quizás el mayor de los errores.
¿Cómo saberlo todo, cómo abarcar en un conjunto de experiencias y sensaciones la
complejidad de nuestra existencia, lo inexplicable del amor, el misterio que hace que un
gesto sea una caricia y no una agresión?
- Para la civilización griega, el cuerpo era, antes que nada, un asunto de belleza.
Para los valores religiosos de la Edad Media, motivo de abominación y rechazo: carne
pecaminosa que encarcela el alma. Para los filósofos cartesianos: tan solo una máquina
perfecta. |
Según CEPAR, la maternidad en el Ecuador se inicia a temprana edad. Un tercio de las
mujeres de 15 a 24 años de edad ya es mamá. Pero llama aún más la atención el hecho
de que de este grupo, tres de cada diez mujeres son madres solteras. Y el 50% tiene por lo
menos dos hijos. |

MIRADA Y EROTISMO
EL destino de la sexualidad es la búsqueda de la experiencia placentera compartida con el
otro en el encuentro amoroso. Si bien se trata de una realidad subjetiva, su estructura,
su sentido y práctica están dados por las interrelaciones culturales que la regulan y
que la dotan de sentido.
Y en el caminar hacia el otro, la mirada será la primera vía a través de la cual el
interés y el deseo llegan al otro. Ojos que hablan, mirada que expone a la mujer o al
varón a la fuerza del deseo. Mirada que acaricia y que tiene la fuerza de movilizar en
él o en ella los deseos.
La mirada posee su propio lenguaje en el cual el sujeto se ha inscrito desde pequeño,
desde que fue objeto de la mirada de su madre. La mirada es una invitación a la ternura y
no a la agresión. Por eso ellas no decoran solamente los ojos sino en ellos la mirada que
es camino de ida y vuelta, tal como lo testimonia esta adolescente:
Utilizamos el delineador en los ojos porque comentamos que se ven los ojos más claros, y
en el sol los ojos se nos ven más claritos. Por ejemplo, si tenemos los ojos cafés, se
ven los ojos como azules.
Nos pintamos sombras arriba del ojo para que nos den más belleza. Nos rizamos las
pestañas porque nos sentimos mejor. Y nos pintamos los labios para atraer más al chico.
Por eso algunas chicas se pintan con colores bien encendidos como el rojo y el rosado.