

Parece mentira que tengamos que insistir en que la sexualidad
es bella, pero desafortunadamente, en nuestra sociedad, la
forma como hemos desarrollado nuestra sexualidad, en vez de
crearnos una actitud positiva hacia ella, nos ha creado una
variedad de sentimientos ambiguos con una fuerte tendencia a
lo negativo.
Pocas personas pueden hablar de sexualidad sin ruborizarse,
tartamudear, sonreír nerviosamente. Pocas personas pueden
mencionar sus órganos genitales en voz alta, sin sentir
vergüenza. Pocas personas pueden tocar sus genitales o ver la
desnudez ajena sin sentirse culpables, ansiosos, ofendidos.
Es decir, la mayoría de nosotros hemos recibido una carga
pesada asociada a la sexualidad. La pregunta que cabe
plantearse es: ¿Resulta esto justo? ¿Merecemos las personas el
sentir que una parte tan importante de nuestro ser se haya
manchado tanto? ¿Tenemos derecho a vivir nuestra sexualidad en
forma más espontánea y positiva?
Personalmente pienso que nuestra sexualidad es valiosa, que
debe ser reforzada, que debe ser amada, que debe ser cuidada.
El tabú que ha rodeado la sexualidad en nuestra sociedad ha
permitido que se den abusos directos sobre nuestro derecho a
una sexualidad consciente, agradable, responsable y libre de
riesgos.

Una cada vez más amplia conciencia moderna cree que las
expresiones sexuales que no atenten contra los demás, tienen
derecho a ser experimentadas por las personas: curiosidad por
el propio cuerpo, autoexploración, masturbación, lectura sobre
temas sexuales, conversaciones sobre sexualidad, fantasías
sexuales, y contactos sexuales bajo mutuo consentimiento y
clara conciencia de derechos, responsabilidades, obligaciones
y consecuencias.
La idea de que las manifestaciones sexuales que no invaden el
derecho de los demás son un derecho propio, es obviamente una
filosofía nueva para nuestra sociedad. Es nueva, porque la
tendencia ha sido a que la sociedad considerara que la mayoría
de las manifestaciones sexuales son ofensivas, sean estas
privadas o no, conscientes o no, responsables o no. Así pues,
es necesario que todos hagamos una reflexión profunda y
lleguemos a un consenso basado en los conocimientos sobre el
desarrollo sexual y en un análisis libre de tabúes y
sentimientos irracionales.