
¿Conocía usted?
La primera y más importante conclusión de la investigación
socio-cultural sobe la familia realizada en el Ecuador es que
la vida de la pareja es sumamente efímera. En términos
generales, la experiencia de la pareja es enriquecedora
durante el tiempo de noviazgo y en la primera época del
matrimonio. Luego decae y no cumple su función. Pronto se
produce la crisis que termina en divorcio y en
separaciones.
Por cierto no desaparece todo tipo de relación. Pero los
espacios y tiempos propios de la pareja se ven reducidos hasta
dar la impresión de que, cuando se hallan presentes, se los
vive como excepción.
En numerosos casos, el advenimiento de la maternidad y la
paternidad impide, paradójicamente, que los esposa y esposo
den cuenta a plenitud de sí mismos en tanto dos. Y esto se
observa, sin diferencias importantes, en las familias tanto de
la Sierra como de la Costa y en los diferentes estratos
socio-culturales.
En las familias de escasos recursos, la falta de espacio
físico suele ser una trágica conclusión de las carencias
generales y una causa de la crisis de la pareja.
Pero en las familias de estratos medios y altos falta otro
espacio compartido: una profunda y eficaz vida de pareja. La
crisis se produce por la falta de convencimiento de que la
pareja requiere vivir como propios y exclusivos espacios,
tiempos y experiencias.
Incluso el trabajo que desempeñan las mujeres, de manera
especial en los sectores medios, tiende a ser una función más
de la maternidad antes que una actividad inscrita en las
personales satisfacciones de la mujer.
La vida de la pareja media ecuatoriana suele ser pobre en
espacios de comunicación. La pareja habla poco de sí misma,
de sus experiencias, conflictos, expectativas y deseos. Hay
una sensación de soledad en la que vive, de modo particular en
la Sierra y en los estratos medios. Parecería que, en estos
sectores, los niveles de comunicación son menos intensos y los
contactos más frágiles a causa del trabajo y de las
diversiones extra-familiares de los maridos.

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