La pareja erótica


        Este es el verdadero sentido de lo que significa una pareja amorosa. No se trata, en consecuencia, de una definición legal ni religiosa. Si una mujer y un varón viven juntos, o se han casado, no constituyen de por sí una pareja amorosa. El amor posee mil formas y otros tantos misterios. Por ello somos seres complejos, impredecibles e incluso abismales. Amamos como condición de ser porque el amor es el gran alimento de la vida.
En algunos casos, el matrimonio por amor es nuevo, apenas si se institucionaliza en nuestra época. Hasta el siglo pasado, numerosos matrimonios se hacen por compromisos contraídos por otros. Tanto mujeres como varones debieron casarse porque así lo habían determinado sus padres desde cuando fueron pequeños, incluso quizás a{un antes de que naciesen. El matrimonio estuvo destinado a asegurar el poder político, o familiar, a acrecentar los bienes económicos o a evitar las guerras. No fue el escenario para la pasión de los deseos.
La influencia religiosa determinó que el matrimonio se constituyera en un fin en sí mismo para mujeres y varones. Puesto que la reproducción representaba la función primera y última de la sexualidad, la maternidad y la paternidad constituían el destino final de toda unión matrimonial, llamada además conyugal para dar fe de que se trata de un yugo al cual quedan uncidos los esposos sin posibilidad alguna de libertad y autonomía. Desde esta perspectiva, lo amoroso, lo tierno, lo sensual y erótico apenas si formaba parte del tiempo del enamoramiento, y siempre en dimensiones controladas.
Este siglo ha construido, por primera vez, una pareja en el erotismo, la ternura, la caricia, el deseo, el placer y el goce. Ya no son las conveniencias familiares o sociales las que regulan las relaciones amorosas y las alianzas matrimoniales sino, antes que nada y sobre todo, el deseo personal, el amor y la ternura. De declaratoria puramente lírica o legal, el amor se transforma en expresión erótica y sensual como condición para construir una nuevo estilo de pareja.
Las nuevas parejas exigen las expresiones de ternura como condición indispensable de supervivencia. Ya no son suficientes las palabras, las declaraciones, las promesas o los actos legales. Mujeres y varones demandan que el amor se exprese a mediante las múltiples formas simbólica e imaginarias que puede utilizar la ternura. No hay amor sin caricia que hace evidente el deseo, la necesidad de compañía, el placer de la cercanía. La caricia reconoce el cuerpo del otro como cuerpo de deseo, como lugar de placer, como espacio indispensable para que el amor deje de ser una pura palabra y se convierta en la más importante de las realidades humanas.
Estas últimas décadas han legitimado el valor de la caricia y su necesidad para la vida de pareja. Por otra parte, lograron sacarla del ámbito de lo exclusivamente privado y exponerla ante la mirada de un público que se convierte en testigo que da fe del los deseos de los otros. Al comienzo con asombro e incluso con rechazo, la sociedad se enfrentó a las parejas de adolescentes y jóvenes en públicas escenas amorosas en las cuales la caricia física era lo más importante. De una actitud tolerante, crítica e inclusive, a ratos, beligerante, se ha pasado a una posición de aceptación práctica como una demostración más de los cambios que en el plano de lo amoroso y sensual ha producido la cultura.
Las formas de la caricia se han tornado casi ilimitadas gracias a la nueva concepción de lo amoroso y tierno. De modo particular en la gente joven, se da un movimiento que tiende a idear, crear y renovar a diario las expresiones de lo tierno. Lo cambiante del mundo contemporáneo influye de manera directa en lo amoroso, en lo placentero y gozoso.



Hacer el amor


        Hacer el amor, como forma del encuentro amoroso de la pareja, exige en la actualidad un rompimiento radical con la rutina.
Hacer el amor implica una relación activa y comprometida de dos y no un acto obligado al cual se sometía la mujer, inclusive colocándose al margen de sus propios deseos y renunciando a los placeres. El amor se hace entre dos que comparten el placer y el goce. Lo que hasta la pasada generación fue vivido como malo y pernicioso, hoy forma parte legítima y necesaria de la vida amorosa. Se trata de lo erótico y sensual que debe, de manera necesaria, acompañar la vida amorosa. Lo sensual se ha transformado en una suerte de requisito indispensable para que la ternura, el placer y el goce den vida a la pareja y eviten que se consuma en una cotidianidad insípida e insatisfactoria.
En efecto, mientras que las parejas de las generaciones pasadas se sostenían, antes que nada, en la legalidad del matrimonio y de los compromisos contraídos, las actuales no pueden existir sino en los espacios que crean la libertad personal, la comprensión en lo erótico y las satisfacciones placenteras que son capaces de brindarse dos que se desean y se aman. La nueva pareja sabe que a su disposición se encuentran muchísimas alternativas para hacer de su vida amorosa una experiencia gratificante y duradera. Tiene conciencia, además, de que la rutina es su enemigo número uno y que no puede luchar contra ella sino a través de nuevas formas de vivir lo erótico.
Lo sensual y erótico se expresa en la moda, las posturas y las cadencias del cuerpo, el ritmo del baile, el tono de la voz, las formas de expresar los conocimientos. En la práctica, todo lo que pertenece a la cotidianidad puede ser utilizado como elemento que exprese lo sensual y lo erótico. Pero no existe forma más perfecta de ternura ni caricia más inundante que hacer el amor porque entonces los cuerpos se funden junto con las fantasías de ambos.
Cada pareja posee sus propias expectativas de goce y sus prácticas amorosas. ¿Cómo hacer el amor, con qué frecuencia, en dónde, cuándo..? Son preguntas que la pareja las responde en la cotidianidad de la ternura. No existen reglas para el ejercicio de la sexualidad que no sean aquéllas que tienen que ver con el respeto a los deseos y a los derechos del otro. Los límites a lo erótico están dados, en última instancia, por la dinamia de la pareja.




MATRIMONIO Y UNION LIBRE


Las cifras muestran los índices de matrimonios y uniones libres en dos ciudades de la Costa y dos ciudades de la Sierra.
En la Costa, sobre todo en la provincia de Esmeraldas, son mayores los porcentajes de parejas que viven en unión libre.
La estabilidad de la pareja por el matrimonio posibilita crear un ambiente en el que se generen los valores de la vida familiar.
Por inveterados comportamientos culturales, el machismo se reproduce en la conformación de parejas inestables. Entre ellas, muchas veces la situación de la mujer es extremadamente precaria.


Distribución de las uniones legales y consensuales, según ciudades

Quito:
Casados      94.1 %
Unión libre   5.9 %

Guayaquil:
Casados      49.7 %
Unión libre  50.3 %

Riobamba:
Casados      96.3 %
Unión libre   3.7 %

Esmeraldas:
Casados      35.2 %
Unión libre  64.8 %

TOTAL:
Casados      67.7 %
Unión libre  32.3 %
Fuente: CEPLAES 1991

 

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