

El enamoramiento produce en quienes se aman una especial
felicidad que conlleva un cambio radical del sentido de la
vida y de las cosas. La monotonía se esconde, la rutina se
torna novedad. Y, sobre todo, la vida cotidiana con sus cosas
pequeñas y hasta insignificantes se viste de gala para
reinaugurarse una y otra vez. Es como si nuestros ojos
adquiriesen, de súbito, la capacidad de mirar detrás de los
cuadros para descubrir el verdadero sentido de las cosas.
El amor es contemplación, estremecimiento, pasión. Es mirada
que arrebata o palabra que conmueve. Puede ser una especie de
volcán que brama en erupción de actos, imágenes y palabras. O
bien expresarse en la calma de un remanso que evoca la
tranquilidad y la paz. Es probable que cuando se acepta que
no existen razones razonables, es posible que te ame más allá
de las cosas, que te busque y te dedique mi tiempo y mi
memoria, que me hagas exclusivo entre los muchos que te
rodean y te miran y hasta te desean.
Cuando la felicidad del enamoramiento te llega, sientes en tu
cuerpo la luz de las cosas. Como el niño en el seno de la
madre, inclusive cuando se ha quedado dormido con el pezón
entre los labios disfrutando, en la placidez absoluta, la
bienaventuranza del único paraíso posible en la tierra.
No es una idea ni un pensamiento ni una creencia ni tampoco la
esperanza. Es el cuerpo que se siente a sí mismo en una
especie de armonía que permite que todo ande bien, que se
produzca la alegría y mane por todos sus poros, por la mirada
y la risa. Es el cuerpo que se abre a los días y que aleja de
sí los riesgos, los peligros, los dolores. En la felicidad, el
cuerpo logra una suerte de transparencia que le permite ser
dueño de sí y de sus sensaciones: la vida toma posesión de
todo él mientras la muerte se aleja para siempre.
No hay amor sin deseo que busca en el otro, mujer o varón, su
realización. El amor platónico es amor a la verdad, a la idea,
a la perfección del conocimiento, amor descarnado, inválido e
ineficaz. El amor es ansias de unión, de fusión de dos que se
desean y que anhelan transformarse en un solo ser.