Cuatro confidencias


Un cuestionario mínimo
1 ¿Cuál es su prototipo ideal de hombre?
2 ¿Lo ha alcanzado?
3 ¿Cómo fue su primer enamoramiento?

Marissa Sánchez

        1. Cuando me preguntan cuál es el prototipo de mi hombre ideal es como si me dejaran soñar un poco. El hombre ideal sí debe ser guapo, aunque dicen que la belleza es lo último que se ve, pero cuando vas a soñar con una persona, pienso que la belleza influye muchísimo. Lo primordial es lo que hay dentro del envoltorio. Debe ser un persona noble, honesta, que respete mucho la independencia de la pareja (mi independencia). Una de las cosas imprescindibles es que haya un grado de comunicación, algo así como que vas a hablar con esta persona por más de seis horas y no puedas aburrirte. Debe ser una persona con los pies en la tierra, pero también con capacidad para poder soñar, es decir que pueda vivir entre la magia y la realidad sin perder el equilibrio. Y por supuesto debe ser fiel y tener buen sentido del humor. A parte de la inteligencia es fundamental el sentido del humor; si estás con una persona seria, todos sus errores los vas a agrandar, y si tiene sentido del humor los problemas se verán más suaves.

2. No. Cuando sueñas con un hombre ideal es como que exiges demasiado. Para vivir con una persona el resto de tu vida, tendría que ser alguien casi perfecto y que se adapte a los errores de su pareja, para poder seguir adelante. Es muy difícil encontrar a la mitad de la naranja.
He encontrado hombres fantásticos, no como pareja, pero que me han impactado.

3. Yo soy de amores platónicos. Mi primer enamoramiento fue cuando tenía unos 14 años, esta fue una de las etapas más hermosas. Cada vez que me enamoro de forma platónica soy súper tímida para coquetear y para acercarme a ese hombre. Siempre que me enamoro platónicamente, quiero que el tipo no se entere de esto en la vida, aunque cuando él se me acerca salgo corriendo. Así fue mi primer enamoramiento, era un chico mayor que yo, se me cambiaron los esquemas, él jamás supo lo que sentía. Durante un año y medio iba al colegio solo para verlo, no concebía la vida sin poder verlo. Como era muy tímida, nunca quise que se me acerque; las pocas veces que lo hizo, solo deseé que me tragara la tierra, y por esto reaccionaba agresivamente.

Patricia Terán

        1. Cuando era adolescente, ese hombre ideal era fornido, atractivo, simpático, cariñoso y muy codiciado. Quizá no tenían peso otro tipo de virtudes. A medida que he ido creciendo, los parámetros han cambiado, pero tal vez, en definitiva, el ideal se acerque a lo platónico, a lo que de alguna forma es inalcanzable y permite soñar e imaginar.

2. En cada etapa, he estado junto a mi ideal ya que, precisamente, eso me ha atraído hacia él pues ha cumplido con los requisitos que he buscado en cada momento.

3. Precisamente así fue mi primer amor, siempre estuvo ahí, siempre lo soñé. Más o menos, a los doce años, tomó una fuerza inimaginable. Cualquier excusa era buena para estar a su lado. El se sabía querido, por tanto presumía de ello y me hacía sufrir. ¿Qué hacer para lograr una mirada o un beso? Hacía planes que no siempre daban resultado, pero al menos lograba llamar su atención. ¿Sería que era muy flaca, o que me falta algo de aquí o de allá? Bueno, si me desmayaba tenían que hacer menos para que no me cayera. Y así fue, hasta me dio respiración artificial: ese fue mi primer beso, el más alucinante, porque estaba casi sin oxígeno. Al menos aceptaba ir al cine, importaban muy poco para mí las consecuencias como la tortícolis, por no moverme durante tres horas, tratando de mantenerme cerquita suyo. En las noches antes de dormirme, luego de haber jugado a las escondidas, cuando siempre "por casualidad" coincidíamos en el escondite, podía sentir su olor.
¿Cómo recordará él todo esto? Me imagino que igual que yo, con mucha alegría. Las cosas hasta el día de hoy no han cambiado mucho, sigo persiguiendo el mismo sueño, no con un personaje definido, pero mientras se mantenga como sueño, será el ideal hasta el final, porque en cuestiones del corazón seguiré creyendo que la luna es de queso.

Margarita Laso

        1. El hombre que imagino como un prototipo es en realidad el de las utopías sociales, el de la transformación de la humanidad, el hombre antimachista, el hombre libre. Es decir, la idea abstracta de un ser inteligente, sensible y solidario, por excelencia. Visto de este modo, el hombre ideal, es humano, pero pertenece al futuro. Con una formación más profunda, cercana a la tierra, respetuosa de la naturaleza, valoradora de todas las formas de vida, de la diversidad, de la sexualidad, con una formación humanista, hombre y mujer serán mejores compañeros. La posibilidad de una sociedad más equilibrada pasa por la construcción de parejas y familias más justas. El hombre ideal pertenece al futuro. También la mujer ideal.
Puedo imaginar un hombre de carne y hueso que estimule mis sentidos pero no desde la perspectiva de un modelo ideal. Los seres humanos, hombres y mujeres, tienen la virtud de activar mi mente, las fibras de mis emociones más profundas e íntimas, precisamente por su singularidad. En el caso del otro sexo, no me gustan particularmente los hombre altos, ni los bajitos, ni ninguna de esas cualidades significa nada para mí por separado. Amo en el otro su integridad, la suma de sus pasiones y silencios, el misterio que rodea la memoria de todo el que carga sus años y me atrae mucho lo que desconozco. Desde luego, lo que conozco bien, me atrae más. Tienen más peso para mí la expresión de unos ojos, la generosidad con la que algunas personas (hombre y mujeres) se acercan a nuevas relaciones. Aprecio sobremanera los detalles y creo en la selección natural de la que hablaba Darwin.

2. La vida está hecha de fragmentos. Amo las emociones porque no llegan para durar. Su fugacidad y su intensidad son una razón y una medida. Todo lo bello es breve, pero también el tiempo de las montañas es breve en relación al universo.
Creo, como en la canción de Pablo Milanés, que alguna vez una se acerca a lo que el otro ha soñado y, por fortuna, a veces el otro también a lo que sueña una y que en eso reside la posibilidad y la grandeza de encontrarse. Con suerte y amor se eleva un lugar al que llegar, una mesa sobre las que se conversa, un lecho en el que se ama.

3. Es en verdad difícil saber cuál ha sido el primer amor. ¿Cuándo empezó a ser amor, cuándo no ha sido? ¿Acaso no es el primero el que ocurrió en la infancia? Amar es siempre bello.
Todos los amores tienen algo nuevo, algo viejo, algo oculto. Algo inescrutable. Todos los amores tienen rosas y arena. Pero son. El primer amor lo fue, el último lo es, el próximo lo será. ¿No?

Rosanna Iturralde

        1. Con el paso del tiempo creo que ya no me importa si es rubio, moreno, blanco, chiquito, alto, delgado o barrigón; creo que lo único que me importa es que sea un hombre inteligente y sensible, que pelee por no ser mediocre, que sea auténtico, que tenga un proyecto de vida y que, en esta lucha, demuestre su honestidad y su ética en todos los actos de su vida.
Eso como algo fundamental, pero es imprescindible que tenga sentido del humor, no el del populacho, sino ese humor especial que algunas personas tienen.
Creo que también es importante que sepa manejar su sensualidad o, por lo menos, que intente descubrirla porque eso te encamina a un espacio infinito de búsqueda en la relación con tu pareja.
Algo que me olvidaba: me gusta que tenga clase, que sea muy suave y hasta discreto; detesto a los hombres vulgares o burdos, no solo para las cosas cotidianas, sino para los actos esenciales de su vida.

2. Creo que no y tampoco creo que me lo planeé así, porque al final, ¿qué somos los seres humanos, sino seres llenos de imperfecciones?
Por allí te encuentras con un hombre absolutamente sensual, suave, con clase, culto, inteligente, pero es un neurótico, esquizofrénico insoportable, egoísta; para entablar una relación con él hay que ir siempre a su ritmo. Y no hay cosa más terrible en una persona que un deseo obsesivo porque los demás giren a su alrededor. O a lo mejor, te encuentras con un hombre nada neurótico, comprensivo, que sabe escuchar, aparentemente muy lindo, pero resulta que es un cárgame las puertas, abúlico, que no le interesa nada y como no tiene nada que decir, ni por qué luchar.
Creo que es imposible encontrar en tu pareja lo ideal; al final uno tiene que aprender a manejar las compensaciones y buscar en la relación de pareja esencias comunes.

3. Después de tantos años y a pesar de lo mucho que he cambiado, creo que lo hermoso de aquel primer encuentro, más allá de lo que él era, fue empezar a descubrirme a mí misma, descubrir mis sensaciones tanto físicas y mentales, a pesar de las culpas con las que nos acostumbran a convivir.
Esa capacidad para emocionarse hasta as últimas consecuencias, acompañada de un hormigueo por todo el cuerpo, que te hace pensar que no vas a resistir más.
Esas sensaciones tan lindas, me han acompañado a lo largo de todos estos años, aunque ahora, a pesar de los grandes desencuentros, he aprendido a explorarlas mucho mas profundamente.

 

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