

1. Cuando me preguntan cuál es el prototipo de mi hombre ideal
es como si me dejaran soñar un poco. El hombre ideal sí debe
ser guapo, aunque dicen que la belleza es lo último que se ve,
pero cuando vas a soñar con una persona, pienso que la belleza
influye muchísimo. Lo primordial es lo que hay dentro del
envoltorio. Debe ser un persona noble, honesta, que respete
mucho la independencia de la pareja (mi independencia). Una de
las cosas imprescindibles es que haya un grado de
comunicación, algo así como que vas a hablar con esta persona
por más de seis horas y no puedas aburrirte. Debe ser una
persona con los pies en la tierra, pero también con capacidad
para poder soñar, es decir que pueda vivir entre la magia y la
realidad sin perder el equilibrio. Y por supuesto debe ser
fiel y tener buen sentido del humor. A parte de la
inteligencia es fundamental el sentido del humor; si estás con
una persona seria, todos sus errores los vas a agrandar, y si
tiene sentido del humor los problemas se verán más suaves.
2. No. Cuando sueñas con un hombre ideal es como que exiges
demasiado. Para vivir con una persona el resto de tu vida,
tendría que ser alguien casi perfecto y que se adapte a los
errores de su pareja, para poder seguir adelante. Es muy
difícil encontrar a la mitad de la naranja.
He encontrado hombres fantásticos, no como pareja, pero que me
han impactado.
3. Yo soy de amores platónicos. Mi primer enamoramiento fue
cuando tenía unos 14 años, esta fue una de las etapas más
hermosas. Cada vez que me enamoro de forma platónica soy súper
tímida para coquetear y para acercarme a ese hombre. Siempre
que me enamoro platónicamente, quiero que el tipo no se entere
de esto en la vida, aunque cuando él se me acerca salgo
corriendo. Así fue mi primer enamoramiento, era un chico
mayor que yo, se me cambiaron los esquemas, él jamás supo lo
que sentía. Durante un año y medio iba al colegio solo para
verlo, no concebía la vida sin poder verlo. Como era muy
tímida, nunca quise que se me acerque; las pocas veces que lo
hizo, solo deseé que me tragara la tierra, y por esto
reaccionaba agresivamente.

1. Cuando era adolescente, ese hombre ideal era fornido,
atractivo, simpático, cariñoso y muy codiciado. Quizá no
tenían peso otro tipo de virtudes. A medida que he ido
creciendo, los parámetros han cambiado, pero tal vez, en
definitiva, el ideal se acerque a lo platónico, a lo que de
alguna forma es inalcanzable y permite soñar e imaginar.
2. En cada etapa, he estado junto a mi ideal ya que,
precisamente, eso me ha atraído hacia él pues ha cumplido con
los requisitos que he buscado en cada momento.
3. Precisamente así fue mi primer amor, siempre estuvo ahí,
siempre lo soñé. Más o menos, a los doce años, tomó una fuerza
inimaginable. Cualquier excusa era buena para estar a su lado.
El se sabía querido, por tanto presumía de ello y me hacía
sufrir. ¿Qué hacer para lograr una mirada o un beso? Hacía
planes que no siempre daban resultado, pero al menos lograba
llamar su atención. ¿Sería que era muy flaca, o que me falta
algo de aquí o de allá? Bueno, si me desmayaba tenían que
hacer menos para que no me cayera. Y así fue, hasta me dio
respiración artificial: ese fue mi primer beso, el más
alucinante, porque estaba casi sin oxígeno. Al menos aceptaba
ir al cine, importaban muy poco para mí las consecuencias como
la tortícolis, por no moverme durante tres horas, tratando de
mantenerme cerquita suyo. En las noches antes de dormirme,
luego de haber jugado a las escondidas, cuando siempre "por
casualidad" coincidíamos en el escondite, podía sentir su
olor.
¿Cómo recordará él todo esto? Me imagino que igual que yo, con
mucha alegría. Las cosas hasta el día de hoy no han cambiado
mucho, sigo persiguiendo el mismo sueño, no con un personaje
definido, pero mientras se mantenga como sueño, será el ideal
hasta el final, porque en cuestiones del corazón seguiré
creyendo que la luna es de queso.

1. El hombre que imagino como un prototipo es en realidad el
de las utopías sociales, el de la transformación de la
humanidad, el hombre antimachista, el hombre libre. Es decir,
la idea abstracta de un ser inteligente, sensible y solidario,
por excelencia. Visto de este modo, el hombre ideal, es
humano, pero pertenece al futuro. Con una formación más
profunda, cercana a la tierra, respetuosa de la naturaleza,
valoradora de todas las formas de vida, de la diversidad, de
la sexualidad, con una formación humanista, hombre y mujer
serán mejores compañeros. La posibilidad de una sociedad más
equilibrada pasa por la construcción de parejas y familias más
justas. El hombre ideal pertenece al futuro. También la
mujer ideal.
Puedo imaginar un hombre de carne y hueso que estimule mis
sentidos pero no desde la perspectiva de un modelo ideal. Los
seres humanos, hombres y mujeres, tienen la virtud de activar
mi mente, las fibras de mis emociones más profundas e íntimas,
precisamente por su singularidad. En el caso del otro sexo,
no me gustan particularmente los hombre altos, ni los bajitos,
ni ninguna de esas cualidades significa nada para mí por
separado. Amo en el otro su integridad, la suma de sus
pasiones y silencios, el misterio que rodea la memoria de todo
el que carga sus años y me atrae mucho lo que desconozco.
Desde luego, lo que conozco bien, me atrae más. Tienen más
peso para mí la expresión de unos ojos, la generosidad con la
que algunas personas (hombre y mujeres) se acercan a nuevas
relaciones. Aprecio sobremanera los detalles y creo en la
selección natural de la que hablaba Darwin.
2. La vida está hecha de fragmentos. Amo las emociones
porque no llegan para durar. Su fugacidad y su intensidad son
una razón y una medida. Todo lo bello es breve, pero también
el tiempo de las montañas es breve en relación al universo.
Creo, como en la canción de Pablo Milanés, que alguna vez una
se acerca a lo que el otro ha soñado y, por fortuna, a veces
el otro también a lo que sueña una y que en eso reside la
posibilidad y la grandeza de encontrarse. Con suerte y amor
se eleva un lugar al que llegar, una mesa sobre las que se
conversa, un lecho en el que se ama.
3. Es en verdad difícil saber cuál ha sido el primer amor.
¿Cuándo empezó a ser amor, cuándo no ha sido? ¿Acaso no es el
primero el que ocurrió en la infancia? Amar es siempre bello.
Todos los amores tienen algo nuevo, algo viejo, algo oculto.
Algo inescrutable. Todos los amores tienen rosas y arena.
Pero son. El primer amor lo fue, el último lo es, el próximo
lo será. ¿No?

1. Con el paso del tiempo creo que ya no me importa si es
rubio, moreno, blanco, chiquito, alto, delgado o barrigón;
creo que lo único que me importa es que sea un hombre
inteligente y sensible, que pelee por no ser mediocre, que sea
auténtico, que tenga un proyecto de vida y que, en esta lucha,
demuestre su honestidad y su ética en todos los actos de su
vida.
Eso como algo fundamental, pero es imprescindible que tenga
sentido del humor, no el del populacho, sino ese humor
especial que algunas personas tienen.
Creo que también es importante que sepa manejar su sensualidad
o, por lo menos, que intente descubrirla porque eso te
encamina a un espacio infinito de búsqueda en la relación con
tu pareja.
Algo que me olvidaba: me gusta que tenga clase, que sea muy
suave y hasta discreto; detesto a los hombres vulgares o
burdos, no solo para las cosas cotidianas, sino para los actos
esenciales de su vida.
2. Creo que no y tampoco creo que me lo planeé así, porque al
final, ¿qué somos los seres humanos, sino seres llenos de
imperfecciones?
Por allí te encuentras con un hombre absolutamente sensual,
suave, con clase, culto, inteligente, pero es un neurótico,
esquizofrénico insoportable, egoísta; para entablar una
relación con él hay que ir siempre a su ritmo. Y no hay cosa
más terrible en una persona que un deseo obsesivo porque los
demás giren a su alrededor. O a lo mejor, te encuentras con
un hombre nada neurótico, comprensivo, que sabe escuchar,
aparentemente muy lindo, pero resulta que es un cárgame las
puertas, abúlico, que no le interesa nada y como no tiene nada
que decir, ni por qué luchar.
Creo que es imposible encontrar en tu pareja lo ideal; al
final uno tiene que aprender a manejar las compensaciones y
buscar en la relación de pareja esencias comunes.
3. Después de tantos años y a pesar de lo mucho que he
cambiado, creo que lo hermoso de aquel primer encuentro, más
allá de lo que él era, fue empezar a descubrirme a mí misma,
descubrir mis sensaciones tanto físicas y mentales, a pesar de
las culpas con las que nos acostumbran a convivir.
Esa capacidad para emocionarse hasta as últimas consecuencias,
acompañada de un hormigueo por todo el cuerpo, que te hace
pensar que no vas a resistir más.
Esas sensaciones tan lindas, me han acompañado a lo largo de
todos estos años, aunque ahora, a pesar de los grandes
desencuentros, he aprendido a explorarlas mucho mas
profundamente.