
Sexualidad femenina en el siglo XX
Por Ana María Correa
El ejercicio de la fuerza contra la mujer es el riesgo que, en muchas épocas, representaron
las artes y los mitos.
Sigmund Freud revolucionó las ideas acerca de la sexualidad
femenina a principios del siglo XX. Con Freud, se empezó a
hablar sin tapujos acerca del placer sexual femenino, no
necesariamente ligado a la procreación, que antes había sido
condenado. Una gran innovación fue la nueva concepción de la
sexualidad no solo como una "función" del cuerpo, sino como
una actividad total del ser humano (corporal, emotiva e
intelectual) que conduce al placer, pero también a la
formación integral de la persona. Este nuevo enfoque se
consolidó con el nacimiento de la Sexología como ciencia luego
de la Segunda Guerra Mundial. Ahora, mujeres sexualmente
insatisfechas buscan tratamiento.
La década de los años sesenta en Estados Unidos y Europa
significó una verdadera revolución sexual y una ruptura con
las antiguas prácticas y valores de la sociedad tradicional.
La aparición de los anticonceptivos fue un factor determinante
para que se dejaran de lado consideraciones tales como las de
la preservación de la virginidad en las mujeres hasta el
matrimonio, o la práctica de la monogamia. La permisividad
sexual de los sesenta también condujo al surgimiento de ideas
tales como la de que la mujer es dueña de su cuerpo y, por
tanto, puede disponer de él y de lo que ocurre dentro de él;
es así que muchas mujeres ahora abogan por el aborto como
parte de su libertad.
La revolución sexual de los años sesenta ha tenido como
resultado en algunos sectores de la sociedad occidental el
aparecimiento de una "contrarevolución" desde la anterior
perspectiva. Muchos de los hijos de los protagonistas de esa
época han optado por la conversión a la religión o por la
conservación de la virginidad hasta el matrimonio. Esto puede
ser una especie de rechazo, o también puede ser consecuencia
del creciente temor frente a enfermedades como el SIDA.
Sin embargo esta "contrarevolución" no ha disminuido la fuerza
en movimientos tales como el feminismo que sigue siendo activo
en su lucha contra la violencia sexual e igualdad de
condiciones profesionales. El feminismo ha llamado la
atención sobre versiones muy específicas del mismo, tales como
la de la violación en el matrimonio, o el acoso sexual que es
a partir de ahora definido como una forma "sublimada de
violación".
Los antiguos modelos tradicionales de 'mujer fiel -marido
infiel' ya no son más la norma. Tenemos una ardua tarea, y
ésta es la de redefinir la masculinidad y feminidad en función
de la tolerancia y aceptación del otro. La gran empresa que
nos espera es la búsqueda de nuestra identidad y de lo que
implica ser mujer; la esencia de la sexualidad femenina debe
ser replanteada, pero ya no externamente por ideas simplistas.
Por el excesivo culto a la imagen que mantiene nuestra
sociedad podemos correr el riesgo de reducir complejas
realidades a formas definidas en los medios de comunicación,
dejando de lado toda la riqueza de la sexualidad humana.

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