
Educación y sexo femenino
Por Teresa Borja
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Ph.D. Psicóloga, coordinadora de Psicología de la Universidad San Francisco

Para entender la sexualidad de la mujer hay
que comprender el significado de "mujer". Nuestra sociedad educa a la mujer para
ser pasiva frente a las demandas del hombre, sacrificada, generosa, sensible y orientada a
los demás. Todas estas enseñanzas ayudan a que la mujer, una vez adulta, se case y se
ponga al servicio de su esposo, sus hijos, sus padres y aún sus suegros. Estas
enseñanzas y expectativas sociales crean en la mujer un papel social que repercute
directamente sobre su sexualidad. Aquella orientación determina que la mujer no busque su
placer personal, se ponga al servicio del placer del hombre, no tome la iniciativa sexual,
se "deje llevar" por la sensualidad del hombre sin respetar la suya propia, y se
niegue a sí misma sus necesidades sexuales.
Esta manera de vivir su sexualidad hace que la mujer sea incapaz de responsabilizarse por
su sexualidad. Ella se dice a sí misma que, cuando tiene relaciones sexuales fuera del
matrimonio, es porque "cae" en las "garras" del hombre. Es decir, la
mujer se ve a sí misma como "presa de cacería" en un mundo donde el hombre es
el "depredador sexual". Por esto crece con miedo del hombre, vive para
"cuidarse" y para no "dejarse convencer".
A la mujer se la "educa" con frases como "la virginidad es el mejor regalo
que da al hombre" o se le repite que debe cuidar aquel "gran tesoro" para
su esposo. Por esto, dentro de nuestra sociedad, la mujer que se ha entregado sexualmente
a un hombre reduce inmediatamente su valor para otro hombre. Muchos hombres aprovechan
esta situación para exigir a la mujer "la prueba de amor", es decir, que se
entregue sexualmente. ¡Qué engaño, qué trampa le tiende este hombre a esta mujer
"educada" tan vulnerablemente dentro de nuestra sociedad.
Cuántas mujeres vienen a mi consulta desesperadas por este "gran problema" de
haber tenido relaciones sexuales con un hombre que "las engañó". Creen que su
mundo se ha acabado, que ningún hombre podrá volverlas a amar, que no tienen derecho a
escoger una pareja porque no se sienten dignas. ¡Qué triste manera de "educar"
a la mujer! ¡La convertimos en "carnada" y, una vez consumada la cacería, la
desechamos! Esto es el machismo reflejado en la sexualidad femenina.
El daño inmenso que ha generado nuestra sociedad sobre la sexualidad femenina también ha
creado frentes de defensa, de lucha. Un cambio fuerte en la mujer de hoy ha logrado, lenta
pero positivamente, modificar la imagen de la mujer que la sociedad quiere imponer. Cada
vez hay más mujeres que se sienten responsables de su sexualidad, que no la ponen al
servicio de los demás sino que saben equilibrar sus relaciones y demandan reciprocidad.
Mujeres que se valoran por su personalidad, su inteligencia, su capacidad personal y no
por "su gran tesoro: la virginidad". Mujeres que buscan un hombre que las ame y
las respete antes, durante, y después de una relación sexual.
Este frente de cambio social ha impactado también en el hombre. Hoy en día, ya hay
muchos hombres que buscan mujeres que se valoran a sí mismas por sus potencialidades
emocionales, intelectuales, productivas, y sexuales. Esperemos que estas parejas
construyan en sus hijas e hijos una nueva visión de la mujer y el hombre. La sexualidad
femenina y masculina serán entonces valoradas y respetadas, y las personas podrán
disfrutar de una sexualidad que integra tanto lo afectivo como lo físico.
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