
¿Conocía usted?
El estereotipo es una construcción compuesta por creencias,
mitos y prejuicios. Señala los modos de comportamiento
esperados de un sector de la sociedad. Estas creencias
atrapan tanto a mujeres como a hombre. Por tanto se hace
necesario profundizar en ellas para planear líneas de acción
contra los estereotipos.
Por ejemplo: Mujer que trabaja es igual a hijo abandonado.
Con esta afirmación se crea sentimientos de culpa en la mujer.
El movimiento que se da entre estar ausente y estar presente
es parte de la condición humana. Separarse de los hijos no
equivale a abandonarlos.
El hogar es el paraíso de la mujer. Esta afirmación puede o
no ser verdadera. Lo es para la mujer que elige como proyecto
permanecer en su casa. Pero cuando las tareas domésticas son
vividas como una imposición para la cual no hay salida
posible, es muy difícil sentir la casa como si fuera un
paraíso. En estos casos quizás sea todo lo contrario.
Las mujeres son envidiosas, celosas, conflictivas. Este es
un modo de depositar exclusivamente en la mujer sentimientos
negativos. En realidad, tanto varones como mujeres
experimentan toda clase de sentimientos, desde los más nobles
hasta los menos apreciados socialmente. El amor, la ternura,
la alegría, los celos y envidias, la hostilidad, y la paz, las
maquinaciones y amabilidades, la dulzura y el rencor se
manifiestan en mujeres y varones por igual. Pero, puesto que
somos diferentes, cada quien expresa sus sentimientos a su
propia medida y forma.
El hombre debe sostener económicamente a la familia. Una
formula basada en posiciones que nunca fueron ciertas. Desde
siempre, la mujer ha intervenido en la economía doméstica de
una u otra manera. Una afirmación que pretende incrementar el
poder del esposo y del padre. Pero, al mismo tiempo, origina
conflictos en el hombre cuando, por circunstancias especiales,
está desocupado o recibe menos ingresos que su esposa.
La ternura es un asunto solo de las mujeres. Más que una
atribución de género, la ternura es un paradigma de
convivencia que debe ser ganado en el terreno de lo amoroso,
lo productivo, lo político, arrebatando, palmo a palmo,
territorios en los que dominan desde hace siglos los valores
de la venganza, el sometimiento y la conquista.

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