

El embarazo altera de manera significativa el proceso
biológico que prepara el cuerpo para conformar una mujer con
la perfección que espera y anhela dentro de su propuesta
personal de belleza. De igual manera, interrumpe de forma
brusca la preparación destinada a transformar ese cuerpo en el
mejor lugar para el advenimiento de un niño. Pese a que sea
capaz de concebir, el cuerpo de la adolescente no es aún apto
para el embarazo ni para el parto que, con frecuencia, suele
tornarse conflictivo.
Pero, sobre todo, estos embarazos y estas maternidades
rompen para siempre el proceso de la adolescencia con todo lo
que ello significa en la estructuración de la mujer. La
mayoría se ve obligada a abandonar los estudios para
dedicarse a una maternidad prematura, ordinariamente no
deseada. Las relaciones de amistad pierden sus
características: no más fiestas, ni paseos, ni todo lo que
antes se hacía ente amigos y amigas. Se rompe la coquetería
destinada a atraer y conquistar, desaparece el interés por la
policromía de la moda y lo que implica en los procesos
eróticos. El mundo se achica; se reduce a la necesidad de
atender un embarazo inadecuado, inoportuno y casi siempre no
deseado.
En todos los estratos sociales, incluso en aquéllos en los que
se da una mayor tolerancia, la adolescente embarazada puede
recibir maltratos de todo orden, en la familia, en el colegio
y en los círculos sociales. Contra la ley, se la obliga a
abandonar el colegio. La familia la encierra en la casa porque
teme ser objeto de maledicencias.
Se interrumpe, para siempre, la vivencia de un tiempo único e
irrepetible, que no volverá jamás, porque no es posible dar
marcha atrás al tiempo. Inclusive cuando una adolescente,
luego de dar a luz, se integra al colegio, retoma sus
amistades y actividades interrumpidas durante el embarazo, le
es prácticamente imposible retomar una adolescencia que ya
pasó, aunque ella tenga apenas 16 años. Su vida será de una
falsa adolescente empeñada inútilmente en recuperar lo que se
perdió en la historia de una maternidad prematura.
La sociedad y la familia vigilan mucho a las mamás y se
vuelven exigentes con ellas; llegan, incluso, a extremos de la
rigurosidad porque se sienten vigilantes del bienestar de
niñas y niños. "Tu vida de adolescente se acabó, dicen, tú
quisiste ser mamá, tu elegiste lo que nadie te obligaba, pues
bien, sólo te resta preocuparte de tu hijo y olvidarte de
diversiones, amistades y compromisos". Todo esto ratifica que
nunca más habrá adolescencia. Lo cual hace que la adolescente
mamá se transforme en una falsa joven o en un engaño sufriente
de adulta.
Y el proyecto de vida se va por los suelos. Por lo menos por
un tiempo considerable, quizás algunos años, la muchacha
deberá dedicarse al cuidado del hijo. Los estudios, la
profesión, todo aquello en lo que se habían puesto tantas
ilusiones, se ha destruido. Un proyecto deshecho y las manos
vacías, a la espera de que transcurra el tiempo y se presenten
otras oportunidades.
La oportunidad de construir una nueva relación amorosa. Los
chicos ya no se fijan en una chica que tiene bebé. O inician
relaciones sin compromiso alguno, para pasar el tiempo, como
dicen. No faltan chicas que, en medio de estos juegos amorosos
y sexuales, quedarán nuevamente embarazadas. Entonces el
aborto será la solución que fue rechazada en la primera
vez.