

La posición de la mujer frente al hijo no es nada clara. La
feminidad y la maternidad son realidades sumamente complejas
en su estructura y en su desarrollo. La posición de la mujer
frente al hijo no es la misma que la del varón. Y, a su vez,
el hijo no posee la misma significación para la madre que para
el padre. La mujer, desde su deseo, es madre muy tempranamente
porque la familia y la sociedad la hacen así. El juego de la
muñeca ejemplifica, con bastante claridad, hacia dónde se le
orienta a la mujer desde muy niña.
Porque la muñeca no es un tan sólo un juguete sino un objeto
con el cual la niña se relaciona con los mensajes que la
sociedad ha creado para ella: la maternidad, lo doméstico y
sus obligaciones de esposa. Al jugar con la muñeca, la niña
recrea su situación de hija, al tiempo que escenifica la
posición de su propia madre. Ella es la muñeca y, al mismo
tiempo, su mamá.
Se puede hablar tanto a las niñas de ser mamá que, cuando
llegan a la adolescencia, les entra, como dicen ellas mismas,
un ansia de ser mamás que ya no pueden más. Es como si en
ellas apareciese, quizás de súbito, un profundo deseo de tener
un hijo que, con seguridad, determina que, más inconsciente
que conscientemente, no se cuiden y queden embarazadas.
Mientras el varón exige "la prueba de amor", la mujer puede
certificar el amor de él mediante el hijo que recibe y da.
Así demuestra su feminidad a una sociedad que privilegia la
maternidad sobre todo otro deseo, valor o expectativa de la
mujer. Y ésta es una posición que puede darse no sólo en la
adolescente de los estratos populares, sino también en las
chicas de los otros grupos sociales porque los modos de educar
a las niñas, en términos generales, poseen los mismos
contenidos. Lo que varían son las formas y los medios.
El siguiente testimonio puede resultar atroz, pero da cuenta
de esas fantasías y actuaciones en las que se ven
involucradas chicas que, por sus situaciones familiares,
sociales y personales, no han logrado construir un proyecto de
vida que vaya más allá de lo situacional y de un futuro
demasiado cercano. Parecería que el hijo en sí mismo se
hubiese constituido en el proyecto de vida.
"A veces lo hacemos porque queremos quedar embarazadas.
Tenemos deseos de tener un hijo. Entonces hacemos todo lo
posible para quedar embarazadas. Si no quedamos en la primera,
hacemos hasta que quedemos".
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Nada hay tan importante para los adolescentes como el mundo de los afectos. Sin embargo, allí reina la incomunicación en la familia. Ni padres ni madres hablan con sus hijos, varones y mujeres, de los temas más importantes para ellos. Los datos del gráfico son elocuentes sobre el silencio entre padres e hijos.
NSC 6 %
SI 18 %
NO 70 %
A veces 6 %
NSC 4 %
SI 32 %
NO 54 %
A veces 10 %
Fuente: Defensa de los Niños Internacional (DNI)
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