

Al inaugurarse el concepto de adolescencia, las perspectivas y
condiciones de la mujer y del chico cambian de manera casi
radical tanto desde los campos sociales como individuales. Al
presentarse la adolescencia como un período de capital
importancia en la estructuración de varones y mujeres, se
acepta que tanto estos como aquellas deben vivirlo de manera
intensa para llegar de mejor manera a la juventud y a la vida
adulta. Se empieza a dejar de lado la idea de que el ser
humano es maduro cuando es capaz de reproducirse. La pubertad
es tan sólo una capacidad de realizar funciones
reproductoras; mas no legitima, de manera alguna, la puesta en
acto de esta capacidad.
La adolescencia, en cambio, es un tiempo privilegiado en el
proceso de conformación de la muchacha y el chico en todas sus
dimensiones, que origina nuevos estilos de vida, crea una
nueva concepción del mundo y de los valores, de las relaciones
interpersonales y del sentido de la existencia.
A diferencia de la pubertad que dice si una chica ya puede
quedar embarazada y ser mamá y si el muchacho puede ser papá,
la adolescencia anuncia que mujeres y varones atraviesan un
período de intensas vivencias y experiencias destinadas a
preparar no sólo la maternidad y la paternidad, sino la vida
entera. La adolescencia aparece para ofrecer posibilidades
de vivir nuevas experiencias y alternativas de elegir. La
pubertad es apenas un proceso biológico. La adolescencia es lo
psíquico y social.
Por eso, con el concepto de adolescencia, aparece otro
igualmente importante, el de identidad. Antes bastaba el
cuerpo con sus características anatómicas y fisiológicas para
determinar si alguien es mujer o varón para siempre. En
cambio, el concepto de identidad se refiere a un proceso
mediante el cual alguien se va haciendo mujer o varón a lo
largo de la vida mediante modelos, imágenes, deseos. palabras
y presencias de los otros. En estricto sentido, es imposible,
por ejemplo que una niña, desde cuando nace, pueda construir
su feminidad sin el apoyo directo de decisivo de su mamá, su
papá y todos los que la rodean. Además, la misma sociedad
ofrece e impone a niñas y niños una serie de modelos que deben
seguir para ser mujeres y varones tal como la sociedad ha
previsto y desea.
Para el niño y la niña, sus principales modelos están en casa:
la mamá y el papá. En cambio, para los varones y mujeres
adolescentes, los modelos están fuera, en el cine, la
televisión, el deporte, la moda. Cada muchacho y cada chica se
van construyendo de acuerdo a estos modelos. Una tarea
compleja, causa de alegrías felicidades y placeres. Pero
también de dudas, desconciertos y confusiones. Porque durante
la adolescencia, nada es estable ni fijo ni duradero. Por el
contrario, todo cambia, a ratos a una velocidad incontrolable.
La adolescencia es cambios, mutación en el cuerpo, en los
modos de ser, en las ideas, gustos, inclinaciones, deseos,
sentimientos y afectos. Pero estos cambios terminan
configurando lo que caracteriza a cada uno, su modo peculiar
de ser, su modo de vivir su cuerpo, sus relaciones. Con esto
se hace una mujer, se identifica a un varón.
La identidad es también imagen, la que tú tienes de ti y la
que los otros construyen sobre ti. La cultura ofrece modelos
ideales de belleza a los cuales mujeres y varones tratan de
asemejarse de la mejor manera posible. Pero no siempre es
fácil. Con frecuencia, la realidad personal del propio cuerpo
concuerda poco o casi en nada con el modelo: la estatura, el
peso, el color del pelo, de la piel, la forma del rostro, de
la nariz, el tamaño del busto. Una chica puede creerse poco
atractiva, o fea, demasiado gorda o muy flaca, alta o
demasiado pequeña. Teme que no atraerá la mirada y el deseo de
ningún chico. Es su fantasía, es su identidad. Y sufre por
ello aún cuando los otros le digan todo lo contrario. Al
final de la adolescencia se asumirá como es porque habrá
logrado un espacio propio para su vida.
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Además de la identidad, la adolescencia está destinada a que cada mujer y cada chico puedan construir un proyecto de vida para el futuro. Esto implica descubrir deseos, aspiraciones, gustos, habilidades y tendencias, con lo cual se plantean objetivos que cumplir y metas a las cuales se aspira a llegar. Este proyecto incluye, pues, una mezcla de realidades y fantasías, de sueños y posibilidades, de aspiraciones e ilusiones. El proyecto de vida termina por ser el gran organizador de la existencia, como ese punto al que se quiere llegar, a toda costa. Para conseguirlo, habrá que estudiar una determinada carrera o aprender un oficio o realizar ciertas actividades, perfeccionar las habilidades o adquirir otras nuevas, mejorar el ambiente personal y social o cambiarlo. No es una quimera ni un imposible. Es un gran sueño capaz de tornarse realidad, siempre y cuando se mantengan el deseo y la ilusión y se realicen las acciones necesarias. Implica tiempo, ilusiones y también una mínima programación para los años que vendrán. Este proyecto de vida termina, posiblemente, como uno de los frutos más importantes de la adolescencia. |
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Los embarazos no deseados traen graves consecuencias para los padres y los hijos. Una actitud de responsabilidad frente a la posibilidad de generar una nueva vida tiene que ser un valor firmemente arraigado en la educación sexual de los jóvenes. Las parejas llegan a su primera relación sexual con escasa preparación. Las cifras muestran los bajos índices de uso de anticonceptivos en la primera unión sexual.
Estado civil a la primera relación
TOTAL DE MUJERES ANTES DE LA UNION CASADAS O UNIDAS
Edad/ # de # de # de
años % casos % casos % casos
> 18 4.4 1.488 3.7 919 5.7 569
18-19 4.5 635 4.0 335 5.2 300
20-24 6.5 358 4.7 160 8.4 198
No declara 3.9 45 * 21 * 24
TOTAL 4.8 2.526 3.9 1.435 6.1 1.091
Fuente: ENDEMAIN - 94 |