
¿Conocía usted?
En la mayoría de los países, las parejas tienen familias
menos numerosas que en el pasado. En los últimos 30 años, en
muchos países en desarrollo el tamaño medio de la familia ha
disminuido desde unos seis hijos hasta aproximadamente
tres.
La posibilidad de que la mujer tenga el número de hijos que
quiere y en el momento en que los quiere es fundamental para
la calidad de la vida femenina y tiene importantes
consecuencias para el futuro del mundo.
Los adelantos en la educación femenina, la abundancia de los
medios de difusión de masas y otros cambios han impulsado a
las mujeres a examinar la conveniencia de tener familias
numerosas y la manera de desempeñar el papel de madre.
La extrema pobreza, las profundas desigualdades entre
hombres y mujeres y los matrimonios precoces limitan
gravemente la posibilidad para las mujeres de alcanzar sus
metas en materia de procreación.
Se estima que hay en todo el mundo 228 millones de mujeres
que quieren aplazar el nacimiento de un hijo o dejar de tener
hijos - aproximadamente una de cada seis mujeres en edad de
procrear - y necesitan métodos anticonceptivos eficaces.
En cada país, proporciones sustanciales de mujeres - en
algunos, más del 50% - dicen que su último alumbramiento no
fue deseado o se produjo en un momento inoportuno. De los 190
millones de embarazos que ocurren en el mundo cada año, más de
50 millones terminan en abortos. Muchos de esos procedimientos
son clandestinos y se realizan en malas condiciones. (Marval-,
UNFPA, "Sister of the South", 1994)
Prácticamente en todas partes del mundo, las mujeres son
tratadas como ciudadanas de segunda clase y consideradas "la
otra" mitad. Enfrentan numerosas formas de discriminación en
materia de educación, atención de la salud, oportunidades de
empleo y vida pública. No se las define como personas por
derecho propio, sino en función de su relación con los
hombres: como madres, esposas, hermanas. Raramente tienen
acceso al poder en condiciones de igualdad con el hombre ;
raramente sus derechos civiles, económicos y sociales han
merecido igual atención en el discurso político.
Los resultados son muy elocuentes: las mujeres constituyen
las dos terceras partes de los analfabetos del mundo; su
matriculación en la enseñanza secundaria sigue siendo escasa:
la preferencia por los hijos varones explica la más alta tasa
de desnutrición y la salud deficiente de las niñas.

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