

En general, las chicas inician su vida sexual con sus pares.
El primer enamorado, un amigo especial. Algunas prefieren
hacerlo con personas mayores porque suponen que, por ser ya
experimentadas, podrán tratarlas mejor en una experiencia
iniciática llena de interrogantes, miedos, expectativas y
fantasmas. Su iniciación pertenece al mundo de sus secretos
apenas contados a la amiga más íntima, a aquélla que, pese a
todo, sabrá guardar el secreto. Las nuevas posiciones y
actitudes sobre la sexualidad hacen que las chicas ya no se
sientan ligadas para siempre con el chico de la primera vez.
Esta es otra de las razones que les mueven a rechazar, por lo
menos en el discurso, la prueba de amor.
La masculinidad es menos consistente y segura que la
feminidad. Sostenida como se halla, desde los patrones
culturales vigentes, en un órgano que puede aparecer
inmensamente potente para dejar de serlo con el más mínimo
pretexto, la virilidad siempre se enfrenta al temor de
deshacerse, de fracasar. Por eso, los muchachos suelen acudir
a todo un complejo proceso de entrenamiento que va desde las
conversaciones e informaciones recibidas de amigos de mayor
edad, la contemplación privada y colectiva de revistas
pornográficas, las películas o videos pornográficos hasta la
realización de la primera relación sexual.
A diferencia de las mujeres, no todos los adolescentes se
inician con su amiga o enamorada. Para no pocos puede ser
demasiado angustiante la experiencia de la propia desnudez y
la de la mujer en un encuentro deseado incluso con ansiedad.
La pregunta sobre qué es en verdad una mujer, qué desea, qué
es el goce de ella puede llegar a causarle suficiente temor y
angustia como para prepararse de mejor manera. Muchos
encuentran la solución en el burdel. Acuden a la mujer que,
desde su imaginario, no pregunta nada, que está lista a
enseñar, a dar todo de sí misma y que, sobre todo, no
cuestionará las inseguridades, las dudas. Sobre todo, no se
inmutará y, por el contrario, estará dispuesta a brindar la
ayuda necesaria para que la primera vez sea lo más exitosa
posible.
Pero esto no es todo, en torno a la masculinidad rondan muchos
fantasma entre los que el temor a la homosexualidad ocupa el
lugar de privilegio. Más que de temores de los adolescentes,
se trata de la angustia de los papás que, en una sociedad
eminentemente enemiga de la homosexualidad, la sola idea de
que un hijo pudiese serlo, aterra. En consecuencia, cuanto más
tempranamente los chicos den cuenta de su sexualidad, tengan
una muchacha y hagan el amor, más tranquilidad envolverá a la
mamá y al papá. De ahí que, sobre todo en los sectores
populares, sea el mismo papá quien acompaña a su hijo de 13 -
14 hijos al burdel o le da el dinero para que lo haga con sus
amigos.
Por su puesto, se pasa por algo o se desconoce el hecho de que
la homosexualidad no depende de hacer o no el amor sino de una
estructura que se ha ido conformando desde muy temprana edad.
Por otra parte, la mayoría de los chicos pasan por fantasía e
incluso por ciertas prácticas homosexuales sin que ello revele
otra cosa que en la adolescencia la sexualidad pasa por las
incertidumbres como todo el resto de la vida.
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Las adolescentes suelen tener sus primeras experiencia sexuales con sus enamorado; muchos jóvenes las tienen en el prostíbulo. El gráfico revela que un promedio de adolescentes varones del 41,1% tuvo experiencias sexuales con prostitutas. No pocas veces un absurdo machismo alienta como prueba de virilidad la visita al burdel.
Total Nacional
NSC 0,0 %
NO 58,9 %
SI 41,1 %
Fuente: AIC - Logosconslt |