
Vestidos para deslumbrar
Desde la cultura, el vestido es uno de los múltiples medios
que la sexualidad utiliza para indicar y diferenciar la
feminidad y la masculinidad. En alguna medida, la moda unisex
pretende borrar las diferencias de los géneros. Pero esto es
imposible por cuanto la diferencia entre varón y mujer no
radica en las apariencias. Pese a que una prenda de vestir
puede ser utilizada por un chico o una chica, de hecho
adquiere una especificidad sexual según quien la use. Algo se
transforma en femenino o masculino de acuerdo a quien lo
vista. Porque el vestido, con su forma, textura y color, se
halla ligado a una compleja red de significaciones
proporcionadas tanto por la cultura como por cada sujeto y que
tienen que ver con la identidad sexual.
De hecho, el vestido configura la imagen del cuerpo de
conformidad a los modelos ofertados por la sociedad. Estos
modelos, por una parte, dicen cómo debe ser el cuerpo de mujer
y de varón y, por otra, qué tipo de vestido se debe llevar
para en verdad demostrar la feminidad y la virilidad. Pese a
que, vistos desde fuera, los diferenciadores pueden pasar
desapercibidos, sin embargo, en la prácticas, para las chicos
y los muchachos, está muy claro qué pertenece a cada uno de
los grupos. La ropa posee, pues, una significación sexual de
capital importancia en todas las edades pero, sobre todo, en
la poca de la adolescencia.
Una vez que ha sido sensualizada y erotizada, la ropa debe
ser llamativa, es decir, servir para invitar y convocar al
otro. De modo particular en la mujer, debe hacer evidentes las
formas del cuerpo que más agradan al otro. Si esto no se da,
tanto la mujer como el varón pasarán desapercibidos. Así se
entiende mejor por qué los uniformes de los colegios disgusten
a chicas y muchachos porque, al unificarlos, se impiden ver
las diferencias. Lo cual se opone a lo que más buscan: ser la
chica diferente a la otra, el muchacho que se destaca entre
los otros.
Vestido y erotismo

Tan importante es la ropa para las adolescente que buena parte
de su cotidianidad la invierten en arreglarse. Un arco iris de
colores y una geometría de formas cuyo destino es doble: el
bienestar personal y la conquista. El vestido no es para
ocultar la anatomía en la cual se incrusta el deseo, sino para
resaltarla, para demostrar a los varones o a las mujeres lo
que se posee. El vestido cubre y descubre el cuerpo erótico de
acuerdo a la imagen del cuerpo y está igualmente destinado a
erotizar la mirada del otro. Este el sentido de la "ropa
atrevida". He aquí testimonios de adolescentes
ecuatorianos:
"La ropa que más nos agrada es la ropa apretada, las minis
apretadas y muy altas. Utilizamos las minis muy, muy altas
para atraer a los hombres, y con colores muy vivos, blanco,
verde fosforescente, tomate, colores encendidos".
"Lo que más nos gusta es la ropa atrevida para que los hombres
nos hagan caso. Por ejemplo, viendo las piernas, los hombres
nos molestan (nos lanzan piropos), nosotras les paramos bola y
nos vamos con ellos. Nos gustan los pantalones apretados
porque los hombres dicen: esa está buenota. Y esos son los
piropos que nos encantan. Para nosotras la ropa tiene mucha
importancia, porque cuando una chica está vestida con la ropa
muy ajustada, se le notan más la líneas de su cuerpo".
Atraer poniendo de manifiesto lo que apenas si oculta, pero
ocultando lo suficiente como para aparezcan tan sólo esas
"líneas" de un cuerpo que produce y moviliza deseos y
fantasías. Porque la sexualidad no es, de suyo erotismo. En
cambio, todo erotismo nace de la sexualidad que deja entrever
en ese botón que se despega, en el cierre que se abre lo
suficiente para dejar que el deseo adivine, cree, coloque lo
que está oculto y también lo que, supuestamente, falta. Esto
impide que el erotismo que se reduzca a la pura sexualidad
animal. (Tenorio R. , et al. "La cultura sexual de los
adolescentes")

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