

No son ángeles, sino niñas y niños que descubren y construyen
su mundo en todas las formas de realidad. Se desnudan y se
exponen a la mirada del otro. Seducen como forma de granjearse
la atención, el cariño, el mimo de los otros. Espían por la
rendija de la puerta a la mamá que se desviste. Poseen
fantasías de las que ellos mismos se asustan hasta llegar, a
ratos, al terror, como en esos despertares gritando a media
noche. A ratos pueden parecer crueles e inhumanos. Pero ese es
su mundo, un mundo privado que lo comparten, cuando lo desean,
con sus iguales.
Se trata de una sexualidad que posee límites y
características particulares y que, por lo mismo no puede, de
ninguna manera, ser invadida por los adultos o por los
adolescentes varones o mujeres. Sin embargo, en la realidad
los niños y las niñas, con mucha frecuencia, son víctimas de
todas las formas posibles de abuso sexual. No importa la edad
ni la condición social o económica: se abusa de niñas de meses
hasta de niñas y niños que van a la escuela, a pequeños de
familias ricas y a pequeñas que deben quedar al cuidado de la
casa vecina porque la mamá tiene que salir a trabajar.
El abusador de niñas y niños no deambulan por las calles ni se
esconde en los parques. No anda armado para amenazar. Por el
contrario, puede ser una pariente que vive en la misma casa o
alguien de confianza que frecuenta a los niños: el abuelo que
manosea los genitales de su nieta o que le pide lo haga con
los suyos o que inclusive intenta penetrarla. El papá que
juega con los genitales de su hijo pequeño y se solaza en
hacerlo. El tío que provoca a la sobrina, que le ofrece
regalos a cambio de que se dejar acariciar o de que le toque a
él. El primo mayor que subrepticiamente se introduce en la
cama de la niña para manosearla o que viola al primo o a la
prima.
El abuso sexual es un atentado grave a la estructura sexual de
niñas y niños, una herida que, aunque produzca la apariencia
de que ha sido superada, difícilmente se cicatriza. Quien
abusa de un menor, lo coloca en una clara posición de oprobio,
de anonadamiento ante una escena que rebasa su capacidad de
comprensión. No entiende el sentido y la dimensión del acto al
que ha sido arrastrado. Pero, sin duda, capta que es una
víctima de algo malo y eso lo asusta y le pone mal.
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Niños y jóvenes buscan información sobre la sexualidad. Las fuentes principales suelen ser la escuela, los amigos, los padres. Los datos revelan, sin embargo, un muy alto porcentaje de niños y jóvenes que confiesan no saber nada acerca de la sexualidad. De otro lado, la información más atractiva y confiable para los niños suele ser la de los amigos, lo cual es un reto para padres y educadores.
(A nivel nacional)
NSC 16.9%
Papá 2.6%
Mamá 6.9%
Papás 5.1%
Hermanos 3.0%
Amigos 15.3%
Profesores 17.7%
Tv 7.2%
Cine 1.0%
Revistas pornográf. 1.1%
Videos 0.6%
No sé nada 16.8%
Libros 1.1%
Otro medio 4.6%
Fuente: Defensa de los Niños Internacional (DNI) |