

Los juegos sexuales infantiles son tan antiguos como los niños
mismos puesto que éstos últimos no pueden escapar, de manera
alguna, a los mensajes de la sexualidad que se originan en la
convivencia diaria con los adultos. Además, es común que en
los niños actúen sus fantasías y también sus experiencias. En
la actualidad, jugar a papá y mamá posee características
sexuales y eróticas más evidentes que en las antiguas
generaciones, precisamente por la perenne exposición a los
mensajes y experiencias de la televisión y también porque lo
erótico ha salido del escondite del dormitorio matrimonial
para pasearse con mayor libertad en toda la casa.
A ello se une la necesidad imperativa que tienen los niños de
conocer y reconocer su cuerpo a través de la comparación con
el cuerpo de los otros niños. Se trata de un juego de imágenes
en el cual el cuerpo del él o de ella sirven de espejo al
amiguito o al hermano; se contemplan desnudos y descubren en
el otro su propio cuerpo y también se percatan de las
similitudes y de las diferencias. Cuando se tocan, no intentan
brindar sino ejecutar un ejercicio de exploración de
texturas y de sensaciones.
Estos juegos resultan indispensables para la construcción de
la imagen del cuerpo propio y para la configuración, en los
varones, de la imagen de mujer y, en las niñas, la del varón.
Sin embargo, las preguntas iniciales de qué es ser mujer y en
qué consiste ser varón no se resuelven nunca con la mirada
dirigida sólo a la anatomía. Las respuestas posibles
recorrerán los más inusitados senderos de la cultura, de los
afectos, de las fantasías, de las creencias y los mitos. Al
final, varones y mujeres aceptarán que la sexualidad pertenece
al mundo del misterio y de lo mágico.
Se trata de un juego, es decir, de una experiencia lúdica
destinada a producir placer. Los niños ríen a carcajadas
porque se divierten con la imagen de su cuerpo en el cuerpo
del otro, con esas nuevas sensaciones que los descubrimientos
provocan, como ante una caja de secretos y maravillosos
tesoros. Ese regocijo forma parte de la estructura lúdica de
una sexualidad que así abandona lo prohibido, lo pecaminoso,
lo malo. Una sexualidad que se torna sensualidad y erotismo
con el propósito de certificar al sujeto que posee una
vocación de gozo.
Por lo general, los adultos no reaccionan bien cuando
encuentran a los niños divirtiéndose con sus juegos sexuales.
Algunos ponen el grito en el cielo, se enojan, regañan a los
pequeños y buscan culpables y víctimas. Si encuentran a una
niña desnuda, entonces creen que los otros pequeños han estado
abusando de ella. Si sucedió entre dos primos o amigos, acusan
de malo al amiguito. Después del escándalo, terminan con las
soluciones salomónicas que siempre estarán equivocadas:
prohibir la amistad.
Nada más erróneo que acudir a criterios de adultos para juzgar
una práctica necesaria en la estructuración de la identidad.
En efecto, ese juego infantil cambia de sentido, se torna
productor de culpas cuando es analizado con los registros de
la sexualidad adulta que ya no mira el juego sino una práctica
sexual inadmisible en los niños porque se cree que hay abuso
de unos sobre otros. Mientras se dé entre niños y niñas de
más o menos la misma edad, el juego sexual será una
experiencia grata, nada culposa y que, como suele acontecer,
será luego reprimida para siempre.
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Todos los niños y niñas tenemos derecho: * A la vida, un nombre y una nacionalidad. * Al amor y cuidado de nuestros padres. * A ser iguales: negros, blancos, mestizos, indios, enfermos, sanos, religiosos, no religiosos. * A vivir en una casa, a comer, a estar limpios y abrigados, a estar sanos y, si nos enfermamos, a que nos curen. * A estudiar y a jugar. * A conocer y amar nuestra patria y nuestra historia. * A especial amor, cuidado y educación cuando tenemos dificultad para ver, oír, hablar, comunicar, expresar. * A que nos protejan mientras trabajamos porque muchos nos vemos obligados a hacerlo. * A conocer, a pensar, hablar, decidir y a juntarnos con otros niños y niñas. * A que nos protejan de las drogas, del abuso sexual y de toda forma de violencia. * A que se nos respete, se nos trate como niños y se actúe de acuerdo con la ley cuando tenemos algún problema con la policía. * A que cuando haya terremoto, maremoto, inundación u otros peligros, se nos atienda primero. * A vivir en paz y en hermandad con los niños de otros países. * A exigir del Estado que nos haga conocer nuestros derechos, los cumpla y los haga cumplir. |