La infancia y la revolución cultural


Por Rodrigo Tenorio Ambrossi
----------------------------
Psicoanalista, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador

        El presente siglo ha sido actor y testigo de las más grandes e insospechadas transformaciones de la humanidad. Se han producido cambios radicales en todos los órdenes: social, económico, científico y tecnológico; existen nuevas ideas, juicios y valores sobre el ser humano en sí mismo y sobre el sentido de su presencia en el mundo y de su relación con los otros. En gran medida, se ha roto con la ideología de los siglos pasados e inclusive se ha llegado a anunciar el fin de la historia y la muerte de la ideologías. Brechas insalvables que indican que ya nunca más será posible vivir como antes ni pensar de la misma manera a como lo hicieron las pasadas generaciones.
Al terminar el siglo, resulta difícil comprender el mundo con las mismas categorías que rigieron el pensamiento hasta su primera mitad. Como jamás antes, los cambios se producen a velocidades insospechadas. La ciencia, la tecnología y la misma filosofía necesitan ponerse siempre a tono con las nuevas realidades.
Probablemente, uno de los efectos más importantes de esta revolución es el hecho de que el ser humano se transformó en el eje, centro y destino del mundo. Este enunciado, que actualmente parece obvio, no lo fue en este siglo. Sus implicaciones han sido trascendentales y complejas puesto que ha significado pensar de distinta manera a varones y mujeres en lo que tiene que ver con el destino de su vida en el planeta y en el universo, con el sentido de sus relaciones personales e intersubjetivas.
Se critica sin cesar ese cúmulo de verdades que, durante siglos, habían sostenido el sentido de la feminidad y de la virilidad en el campo de las responsabilidades sociales y familiares. De este análisis crítico, surgen nuevas formulaciones en torno a la mujer a quien ya no corresponde, por definición, el cuidado de lo doméstico, la maternidad y el sometimiento al deseo y al poder del varón. Rescatar los valores, derechos y legitimidades de la mujer ha significado un cambio cuyos efectos aún no se perciben en su real dimensión.
Por otra parte, al hijo, mujer y varón, se le otorgan derechos antes ni siquiera imaginados. Estos derechos crean nuevos principios que exigen a los Estados, las comunidades y las familias organizar de distinta manera las posiciones mentales, las actitudes, los espacios, las actividades y las relaciones.
De esta manera, se conforma la imagen de un ser humano construido con conceptos, principios, finalidades, valores, posesiones, derechos y obligaciones no solamente nuevos sino, sobre todo, abiertamente subversivos de un ordenamiento cultural tradicional.
Así ingresan las niñas y los niños en el escenario social. De seres casi desconocidos y sin importancia, pasaron a ocupar un lugar cada vez más protagónico en un mundo que pretende reinaugurarse con los adelantos de las ciencias, la tecnología y con los nuevos conceptos de libertad y derecho.
Se denuncian los derechos del niño. Aparece una nueva Pediatría que aborda a los pequeños no como a adultos en miniatura, sino como a seres ser en formación y a quienes impactan en su estructura todo lo que acontece en su entorno. Igual acontece con la Pedagogía que se propone utilizar los elementos propios de los pequeños como instrumentos del proceso enseñanza- aprendizaje; por ejemplo, el juego, al cual se rescata como elemento estructurante. Finalmente, el Psicoanálisis irrumpe, de manera casi violenta, para brindar nuevas explicaciones sobre la vida infantil y su constitución.



ABUSO Y EDUCACION


El abuso infantil es una realidad lacerante en la sociedad ecuatoriana. Como forma preventiva, tiene un papel importante la educación. Sin crear desconfianzas ni falsos temores, los padres y maestros deben advertir a niños y niñas sobre el peligro de posibles abusadores.
El gráfico muestra el vacío en relación con este preocupante tema: un apreciable porcentaje de niños y jóvenes aseguran que jamás les advirtieron sobre la posibilidad de ser víctimas de abusos sexuales por parte de los adultos. Otras encuestas revelan que el mayor riesgo se presenta entre familiares y conocidos y no por parte de extraños.

¿Te dijeron alguna vez que los adultos pueden abusar sexualmente de ti?
                   POSIBLES ABUSADORES

                     NSC        3,8%
                Extraños       52,3%
            Desconocidos       15,7%
      Familiares mayores        6,8%
           No me dijeron       20,2%
                   Otros        1,4%

Fuente: Defensa de los Niños Internacional (DNI)



De angelitos a seres sexuados


        Hasta antes de nuestro siglo, ¿habría sido posible tan sólo pensar, no se diga afirmar, que los niños poseen sexualidad, es decir, deseos, fantasías y experiencias placenteras? El pensamiento de Sigmund Freud provocó un profudo cambio. La consistencia conceptual de sus afirmaciones le salvaron de la condena oficial. Al hablar de la sexualidad infantil, devolvió a niñas y niños su carácter de seres humanos con deseos, pasiones, amores y odios. Los sacó del cielo y de la categoría de los ángeles, en donde les había encerrado una tradición filosófica y religiosa, y los colocó en su verdadero lugar.
¿Por qué se dio esta angelización de los niños? Por los tradicionales valores de una arraigada tradición en la cultura occidental.
En primer lugar, la sexualidad está destinada de manera prácticamente exclusiva a la procreación. La sexualidad se refiere, en la práctica, tan sólo a la genitalidad, al conjunto de órganos internos y externos que permiten que una mujer sea mamá y que un varón fecunde a una mujer. La sexualidad equivale, pues, a relaciones sexuales, es decir, a la unión corporal de una mujer con un varón.
Se condena la búsqueda del placer y al placer mismo en la relación amorosa. De modo particular para la mujer, le está vedado el gozo de la sexualidad y llega a ser pecaminoso cuando pone en juego su deseo y su iniciativa. En consecuencia, a la mujer le corresponde ofrecerse y someterse al deseo y al placer de su esposo, como una obligación adquirida por el matrimonio. Porque está prohibido, el placer es el elemento que transforma en tabú la sexualidad ya que existen múltiples formas de obtener placer en lo sexual. El cuerpo es bueno en tanto en el se oculten sus referencias a lo sexual y no sea tomado el lugar del placer y del goce. Finalmente, la sexualidad es mala: por su causa ingresa el mal en el mundo, es decir, el pecado. Y desde lo mítico de los orígenes, el mal y la sexualidad se unen de tal manera en la mujer que la transforman en el símbolo de lo sexual, del placer y del mal.
Con estos principios, ¿cómo no excluir a los niños del mundo de la sexualidad? A ellos se revistió de inocencia absoluta, se los transformó en seres asexuados, en modelos de pureza, en seres carentes de deseos y placeres.

 

PAGINA SIGUIENTE

INDICE
TEMAS DE LA COLECCION DIARIO HOY