Cuerpo, forma, color y sonido


        ¿En qué consiste ser mujer y varón en la actualidad? La nueva mujer, aquélla que no se agota en la maternidad ni que hace de la sumisión y de la capacidades de sufrir el paradigma de la virtud, no se construye en la casa ni en el colegio; en buena medida, se construye por la relación con los medios de comunicación y con las nuevas expresiones artísticas y políticas.
Esta identidad de mujer y de varón implica una concepción distinta del cuerpo, que busca ajustarse a ciertos parámetros y exigencias derivados de los nuevos conceptos de belleza y que, únicamente al estar de acuerdo con las imágenes ideales del hombre y de la mujer podrán responder de manera adecuada al destino erótico y placentero de la sexualidad. En la medida en que responda a esta realidad imaginaria, alguien podrá ser deseado, buscado y conquistado.
La adecuación de la chica y el muchacho a los ideales facilita las relaciones y los intercambios amorosos, al tiempo que permite la definición de la identidad sexual. Este cuerpo representa, pues, la síntesis de todas las experiencias vividas, de lo sensual y placentero disfrutado desde los comienzos de la vida.
Por tanto, en el proceso de construcción de la identidad sexual, interviene de manera importante el concepto de belleza que se elabora con ideales, fantasías y retazos de modelos que atraviesan el mundo de representaciones de la sociedad y de los grupos. Una belleza ante la cual cada mujer y cada varón debe someterse porque de lo contrario se aislaría. Si una chica no adecua su cuerpo a las exigencias culturales, probablemente podría ser rechazada o, por lo menos, no ser tomada en cuenta en el interjuego de los deseos que conducen a la conquista amorosa.
El vestido, la alimentación, el ejercicio físico, el maquillaje han logrado nuevas dimensiones destinadas a la pretensión de cada chica y cada muchacho de responder a los modelos. Desde esta posición de los sujetos ante su ideal, pueden ser ignoradas las características reales del propio cuerpo o incluso, se puede tratar de contradecirlas y anularlas. Las dietas extremas son un ejemplo de los conflictos con los que puede enfrentarse una adolescente cuando su cuerpo quizás no responde a las exigencias de los modelos actuales de belleza y esbeltez.
La identidad implica también que las mujeres y los varones, de acuerdo a su edad y situación, generen y utilicen sistemas de señales que permitan la comunicación y también la identificación. La moda pertenece a este sistema, pues no es únicamente un acto aislado o una respuesta ciega sino parte del código destinado a producir el reconocimiento por parte del otro. La moda permite a cada sujeto saberse joven entre jóvenes y frente a los adultos, como mujer ante los varones, como muchacho ante sus pares y ante las chicas.
La moda comprende los pensamientos y las maneras de expresar los sentimientos, los colores y las formas, los tipos de recreación, los sonidos y cadencias. Ella evoca con imágenes de textura y color los contornos de los cuerpos, las presencias y las ausencias, tratando de distinguir siempre lo femenino y lo masculino, lo infantil lo joven y lo adulto. El sistema de señales de la moda invoca lo erótico y lo sensual, el placer y el gozo.



MODA Y JUVENTUD

La moda adopta el discurso plurívoco de cada época y remite al conjunto de representaciones de lo que de contemporáneo tiene cada acto. Gracias a ella, el joven permanece en su presente, agarrándose al mismo, para no envejecer. Cada uno tendrá su versión de lo que es la moda y de su valor en la estructura de la identidad sexual de la juventud. Los siguientes textos recogen reflexiones de chicas y chicos sobre el tema:
"La moda es todo lo que está actualizado. Representa una forma de seguimiento de unos a otros. Es todo lo que está en la época. Todo lo que es imitación".
"Para mí es lo que te hace sentir bien. Por eso no vas a ponerte cualquier cosa, porque siempre dependerá de cada persona".
"No hay persona que no caiga en el dominio de la moda. Hay que seguirla su juego".
De otro lado, el proceso de imitación, en la moda, se produce a través de las influencias de la publicidad, los videoclips, el cine y la televisión.
Estas son otras voces de adolescentes ecuatorianos que expresan sus admiraciones: "Los modelos de la televisión son para nosotras muy importantes. Primero porque en ellas se dan situaciones que pueden ser también medio reales. Y, por otra parte, porque todos son artistas que nos interesan. No importa qué novela veas tú. Lo importante es que te gusten los personajes y también la trama".
"A los muchachos, pero también a las mujeres, nos gustan los artistas por su cara, por su voz, por su cuerpo. Los artistas que más les gustan a las mujeres son algunos como Luis Miguel, Ricky Martin. Muchos artistas que cantan solos. Ellas sueñan tanto esos amores platónicos que, muchas veces, llegan a odiar a sus enamorados por todo cuanto les gustan aquellos artistas".

TESTIMONIO

Nadie es igual a sí mismo sino a otro. Los adolescentes, en medio de los conflictos relacionales que enfrentan, suelen justificarse diciendo que quieren ser auténticos siendo ellos mismos y no iguales o similares a nadie. Estas expresiones no denotan otra cosa que los conflictos de identidad en los cuales se hallan inmensos. Sin embargo, así se expresa un adolescente
"En mi caso, yo tendría que ser como mi padre. Porque yo tengo las mismas cualidades de él, tanto físicas como en la forma de comportarme. Por eso, yo me identifico más con mi padre que con mi madre. No podría ser como mi madre porque, sencillamente, ella es mujer. Sin embargo, hay cosas de mi mamá que seguramente yo tengo. ¡Chuta, esto es complicado!"





EL NIÑO ANTE EL ESPEJO

El niño pequeño, el que aún no camina, no posee una imagen integrada de su cuerpo sino, al revés, fragmentada. Es decir, no relaciona sus diferentes partes como formando parte de un todo. Para conseguirlo, deberá pasar por una fase especial de desarrollo psíquico, denominada la fase del espejo.
El estadio del espejo se ordena sobre una experiencia de identificación fundamental en cuyo transcurso el niño realiza la conquista de la imagen del propio cuerpo. La identificación primordial del niño con esta imagen, dice Dor, está destinada a promover la estructuración del yo poniendo término a esa vivencia psíquica del cuerpo fragmentado. En efecto, el niño pequeño no experimenta su cuerpo como una totalidad unificada sino como algo disperso. Esta experiencia del cuerpo fragmentado se pone a prueba en la dialéctica del espejo cuya función es neutralizar la dispersión angustiante del cuerpo a favor de la unidad del cuerpo propio.
La fase del espejo atraviesa tres momentos lógicos. Al comienzo, es como si el niño percibiera la imagen de su cuerpo en el espejo como la de un ser real al que intenta acercarse y tocar. En un segundo momento, empieza a descubrir que ese otro que aparece en el espejo no es alguien real sino una imagen, el reflejo de otro. Esto le permite distinguir ya entre la realidad y la imagen producida en el espejo.
Finalmente, en un tercer tiempo, el niño capta que esa imagen que está en el espejo no es de un otro cualquiera sino de sí mismo. Se encuentra en el espejo, duplicado. Y, lleno de alegría, de gozo, como dice Lacan, mediante esa imagen logra reunir la dispersión de su cuerpo.

 

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