La genética avanza a pasos agigantados


        Las técnicas de reproducción asistida se han popularizado desde hace, aproximadamente, dos décadas y, con la ayuda de la tecnología, han llegado a fases que sobrepasan las expectativas del ritmo del desarrollo científico. Cada día son más aceptadas y solicitadas, y, por el carácter sencillo de muchas de ellas, están al alcance de una gran cantidad de parejas con problemas de fertilidad; pero cuando estas técnicas se vuelven extremadamente sofisticadas, su desarrollo es mas rápido que las áreas legales, religiosas y éticas, las cuales nunca consideraron todas las posibilidades y variantes que la ciencia médica puede ofrecer a sus pacientes, pero que a su vez se contraponen a creencias religiosas y ha hechos legales establecidos.
Hay que respetar y escuchar atentamente a cada pareja estéril para comprenderla y ofrecer la alternativa que más convenga no solamente desde el punto de vista científico, en el cual hay que explicar todos los riesgos existentes, sino también desde el punto de vista ético y religioso de la pareja. Es muy importante tomar en cuenta las implicaciones que esto podría traer en el área psicológica, especialmente en los casos de donantes de semen o de óvulos y en los casos de los úteros de alquiler. Es muy importante señalar que la posibilidad de la manipulación genética queda completamente fuera del hecho médico común, y que nunca se deberá realizar dentro del área de la infertilidad, pues su ejecución no es necesaria ya que la meta del médico solo es la fertilización de los óvulos normales, con espermatozoides normales.
Los avances espectaculares de la genética tuvieron un hito, cuando fue posible la clonación animal. Aquello abrió las puertas a la propia clonación humana. ¿Estamos a las puertas de un verdadero terremoto religioso, ético y jurídico? Las páginas siguientes se dedican a una reflexión sobre este tema.



¿Qué es la clonación?


Por Fernando Ortiz Crespo*

        Un "clon" es un organismo entero que proviene de una parte de otro y que, al mismo tiempo, se convierte en su copia idéntica. Y hay muchos: los injertos de mandarinas o aguacates en un "pie" rústico son clones elegidos por los agricultores por sus buenas características, y que se perpetúan sin tener que sembrar semillas. Las semillas suelen ser el resultado de la unión de gametos o células sexuales y que se combinen genes de dos individuos. Esta mezcolanza no siempre es conveniente: si uno siembra una pepa de mandarina puede que el arbusto resultante no dé mandarinas. Pero si uno injerta una rama de mandarina sobre un tronco de cualquier otro cítrico, la rama seguramente producirá a la larga mandarinas.
Los clones animales son mucho más complicados de producir, y son raros en la naturaleza. A diferencia de las plantas, los animales superiores tenemos un sistema inmune que rechaza los injertos, y por esto es tan difícil que un órgano trasplantado "pegue" sin problemas para el recipiente. Tampoco podemos sacar células de un mamífero adulto y cultivarlas hasta clonar el animal de procedencia, como si se tratara de una planta.
Aunque los biólogos saben que hay especies de lagartijas y peces que se reproducen por clonación, o más exactamente por "partenogénesis" (sin intervención de machos), los humanos vivíamos tranquilos pensando que los mamíferos superiores y nosotros mismos no éramos clonables. Por esto causó un impacto tremendo el anuncio de la clonación de una oveja en Escocia: un núcleo de célula de glándula mamaria ovina "pegó" en un óvulo al que se le extirpó su propio núcleo, y así vino al mundo Dolly, la verdadera "madre del cordero" como dirían los españoles.
La ética tradicional, judeo-cristiana, no estaba preparada para enfrentar un hecho semejante, pues planteaba que los animales -todos los animales- eran seres inferiores al ser humano, y concluía que todo lo que les hagamos a los animales en nombre de la ciencia ("conejillos de Indias"), la economía (la industria lechera), la diversión (corridas de toros) o la cocina (mataderos de ganado, granjas avícolas) estaba bien hecho por tratarse de seres inferiores.
Pero el nacimiento de Dolly, los paladines de la ética demonizan a los científicos pues ahora resulta que las ovejas no son seres tan inferiores y se vislumbran implicaciones morales al someterlos a experimentos de biología avanzada. Lo que en realidad pasa es que el mundo teme que Dolly dé paso a la revolución que cambiaría para siempre las visiones tradicionales sobre el yo, el ser humano, el alma, los sexos, la muerte, el nacimiento, el parentesco, el poder, el orden, la religión, la sociedad.
Imaginémos las posibilidades: ¿A quién no le agradaría la idea de volver a vivir luego de morir, al lograr que se preserven algunas células de su cuerpo de las cuales se pueda extraer el material para que nazca una copia idéntica del difunto? ¿A quién no le va a convenir tener una copia idéntica de uno mismo con la cual intercambiar órganos en caso necesario, sin temor al rechazo? ¿A qué compañía de "software" no le gustaría contar con diez Bill Gates para desarrollar sus programas? ¿A qué club de fútbol no le gustaría una oncena en que todos los jugadores fueran copias de Pelé?

*Ph.D., biólogo, columnista de HOY.




¿PAPEL CARBON DE SI MISMOS O DE OTROS?

Un alto porcentaje de ecuatorianos no se entusiasman ante la posibilidad de clonarse. El 81% en Quito y el 84 en Guayaquil respondió con un claro no la pregunta de si le gustaría clonarse. También una mayoría se muestra reacia a repetir a cualquier personaje.
Los más altos índices de aquella eventualidad se llevan los propios familiares de los encuestados. El fuerte sentido del mundo de los afectos familiares explica sin duda esa valoración.
Los datos de la encuesta tal vez no tengan que ver con razón filosófica alguna, como la que se propone en alguna ficción de Jorge Luis Borges, por la conjetura de la condición insoportable y paradójicamente absurda de una ciudad de inmortales. Más bien se trata del desconcierto ante una posibilidad antes insólita que, ahora, se perfila como verosímil.

Si Ud. podría clonar a un personaje
importnte, ¿a quién clonaría?

                   Quito    Gquil.
Nadie                55%      57%
Familiares            6%       4%
Cantantes             4%       2%
Yo mismo              3%       2%
Jesús                 3%       3%
Personajes de
la historia           2%       3%
No sabe/
no contesta           5%       4%
Otros                22%      22%

¿Le gustaría clonarse?

                SI     NO

Quito           18%    81%
Guayaquil       14%    84%
Fuente: Informe Confidencial


¿Clonar o no clonar?


Por Simón Espinosa*

        Rabo en alto, Minerva, mi perra café-clinton, naricea arrastrada por los olores de un molle, el rastro de un gato, un perfume de mujer. Son los perjúmenes los que la suliveyan. Y al ser humano le suliveyan los perjúmenes de la natural tendencia inquisitiva de la mente. El hombre no es un pájaro. Desde hace miles y miles de años construye el pájaro su nido con ignorante constancia. El hombre ha construido sus nidos en formas diferentes y hasta puede construirse a sí mismo con la clonación.
"¿Clonarse o no clonarse? -esa es la pregunta..." del moderno Hamlet. "Y así la conciencia nos vuelve a todos cobardes -monologa Hamlet- y el nativo color de la resolución se enferma por el pálido matiz del pensamiento. Y por este motivo, empresas de gran vuelo y gran momento se vienen a los suelos".
Vuelto cobarde por la conciencia, el hombre empieza a palidecer con la clonación. Contra ella militan poderosos ejércitos mentales. El ejército religioso, el ejército de los futuribles, el ejército ético.
Que si tú te clonas te estás convirtiendo en Dios, autor de la vida humana, pues Dios dispuso que la humanidad se multiplicara por la placentera vía del amor en éxtasis pasajero y no que te reproduzcas tomando una célula de tu piel, de tu rabadilla, de tu muslo, de tu tetilla y te clones y tengas una xerox de ti mismo. Eso es monstruoso orgullo, soberbia de Luzbel, obligarle a Dios a que en esa materia copiada te infunda un alma inmortal y espiritual y angélica. Chantajista de Dios, vil pecador.
Milita, también, el biológico ejército de los futuribles, del mal uso que hombres malvados y mujeres torvas harán de los seres clonados. Centenares de cuerpos en depósito para repuestos de corazón, riñores y retinas. Mamá, a la tía Michita le van a bajar el motor y ponerle corazón, trompas de Falopio y meniscos nuevos. Crimen horrible el de atentar contra la integridad de otros, de terceros inocentes.
Milita, además, el químico ejército de los principios éticos: cuántos embriones, cuántos seres humanos en potencia serán sacrificados en experimentos hasta que la clonación humana resulte una operación digital y limpia. El fin no justifica los medios.
La fe en Dios, la fe en la existencia del alma, el mal uso de terceros inocentes, la inmoralidad de los medios son algunos de los argumentos que algunos hoy exhiben contra la clonación humana. Pero no se ve que la clonación humana sea por sí mismo mala como es per se malo matar a un inocente.
Se llegará a la clonación humana porque el hombre, perro olfateador, no se detiene nunca. Lleva en la frente la marca de Caín. Y sólo cuando la clonación humana sea un hecho de la vida cotidiana, se podrá pensar con más objetividad en su conveniencia o inconveniencia así como sólo una vez bien aceptada la rotación de la Tierra alrededor del sol, la evolución de las especies, el origen del hombre en los monos superiores, la existencia de enfermedades mentales, se vio que no por ello se hundía el mundo, dejaban de existir las religiones, la existencia de Dios seguía siendo verosímil, a los seres humanos no les salían rabos ni se destruía la responsabilidad social.
Bien vistas las cosas, no se ve en qué usurpe el hombre nada a Dios si llega a clonarse el hombre. Y aunque algún malvado llegara a usar la clonación con fines espantosos, la posibilidad de que algo en sí mismo no malo sea usado con fines protervos no vuelve mala a la cosa en sí. La perra seguirá olfateando mientras viva.

*Profesor universitario, periodista, columnista de HOY.

 

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