

Las técnicas de reproducción asistida se han popularizado
desde hace, aproximadamente, dos décadas y, con la ayuda de la
tecnología, han llegado a fases que sobrepasan las
expectativas del ritmo del desarrollo científico. Cada día
son más aceptadas y solicitadas, y, por el carácter sencillo
de muchas de ellas, están al alcance de una gran cantidad de
parejas con problemas de fertilidad; pero cuando estas
técnicas se vuelven extremadamente sofisticadas, su desarrollo
es mas rápido que las áreas legales, religiosas y éticas, las
cuales nunca consideraron todas las posibilidades y variantes
que la ciencia médica puede ofrecer a sus pacientes, pero que
a su vez se contraponen a creencias religiosas y ha hechos
legales establecidos.
Hay que respetar y escuchar atentamente a cada pareja estéril
para comprenderla y ofrecer la alternativa que más convenga no
solamente desde el punto de vista científico, en el cual hay
que explicar todos los riesgos existentes, sino también desde
el punto de vista ético y religioso de la pareja. Es muy
importante tomar en cuenta las implicaciones que esto podría
traer en el área psicológica, especialmente en los casos de
donantes de semen o de óvulos y en los casos de los úteros de
alquiler. Es muy importante señalar que la posibilidad de la
manipulación genética queda completamente fuera del hecho
médico común, y que nunca se deberá realizar dentro del área
de la infertilidad, pues su ejecución no es necesaria ya que
la meta del médico solo es la fertilización de los óvulos
normales, con espermatozoides normales.
Los avances espectaculares de la genética tuvieron un hito,
cuando fue posible la clonación animal. Aquello abrió las
puertas a la propia clonación humana. ¿Estamos a las puertas
de un verdadero terremoto religioso, ético y jurídico? Las
páginas siguientes se dedican a una reflexión sobre este
tema.

Un "clon" es un organismo entero que proviene de una parte de
otro y que, al mismo tiempo, se convierte en su copia
idéntica. Y hay muchos: los injertos de mandarinas o aguacates
en un "pie" rústico son clones elegidos por los agricultores
por sus buenas características, y que se perpetúan sin tener
que sembrar semillas. Las semillas suelen ser el resultado de
la unión de gametos o células sexuales y que se combinen genes
de dos individuos. Esta mezcolanza no siempre es conveniente:
si uno siembra una pepa de mandarina puede que el arbusto
resultante no dé mandarinas. Pero si uno injerta una rama de
mandarina sobre un tronco de cualquier otro cítrico, la rama
seguramente producirá a la larga mandarinas.
Los clones animales son mucho más complicados de producir, y
son raros en la naturaleza. A diferencia de las plantas, los
animales superiores tenemos un sistema inmune que rechaza los
injertos, y por esto es tan difícil que un órgano trasplantado
"pegue" sin problemas para el recipiente. Tampoco podemos
sacar células de un mamífero adulto y cultivarlas hasta clonar
el animal de procedencia, como si se tratara de una
planta.
Aunque los biólogos saben que hay especies de lagartijas y
peces que se reproducen por clonación, o más exactamente por
"partenogénesis" (sin intervención de machos), los humanos
vivíamos tranquilos pensando que los mamíferos superiores y
nosotros mismos no éramos clonables. Por esto causó un
impacto tremendo el anuncio de la clonación de una oveja en
Escocia: un núcleo de célula de glándula mamaria ovina "pegó"
en un óvulo al que se le extirpó su propio núcleo, y así vino
al mundo Dolly, la verdadera "madre del cordero" como dirían
los españoles.
La ética tradicional, judeo-cristiana, no estaba preparada
para enfrentar un hecho semejante, pues planteaba que los
animales -todos los animales- eran seres inferiores al ser
humano, y concluía que todo lo que les hagamos a los animales
en nombre de la ciencia ("conejillos de Indias"), la economía
(la industria lechera), la diversión (corridas de toros) o la
cocina (mataderos de ganado, granjas avícolas) estaba bien
hecho por tratarse de seres inferiores.
Pero el nacimiento de Dolly, los paladines de la ética
demonizan a los científicos pues ahora resulta que las ovejas
no son seres tan inferiores y se vislumbran implicaciones
morales al someterlos a experimentos de biología avanzada. Lo
que en realidad pasa es que el mundo teme que Dolly dé paso a
la revolución que cambiaría para siempre las visiones
tradicionales sobre el yo, el ser humano, el alma, los sexos,
la muerte, el nacimiento, el parentesco, el poder, el orden,
la religión, la sociedad.
Imaginémos las posibilidades: ¿A quién no le agradaría la idea
de volver a vivir luego de morir, al lograr que se preserven
algunas células de su cuerpo de las cuales se pueda extraer el
material para que nazca una copia idéntica del difunto? ¿A
quién no le va a convenir tener una copia idéntica de uno
mismo con la cual intercambiar órganos en caso necesario, sin
temor al rechazo? ¿A qué compañía de "software" no le gustaría
contar con diez Bill Gates para desarrollar sus programas? ¿A
qué club de fútbol no le gustaría una oncena en que todos los
jugadores fueran copias de Pelé?
*Ph.D., biólogo, columnista de HOY.
Un alto porcentaje de ecuatorianos no se entusiasman ante la posibilidad de clonarse. El 81% en Quito y el 84 en Guayaquil respondió con un claro no la pregunta de si le gustaría clonarse. También una mayoría se muestra reacia a repetir a cualquier personaje. Los más altos índices de aquella eventualidad se llevan los propios familiares de los encuestados. El fuerte sentido del mundo de los afectos familiares explica sin duda esa valoración. Los datos de la encuesta tal vez no tengan que ver con razón filosófica alguna, como la que se propone en alguna ficción de Jorge Luis Borges, por la conjetura de la condición insoportable y paradójicamente absurda de una ciudad de inmortales. Más bien se trata del desconcierto ante una posibilidad antes insólita que, ahora, se perfila como verosímil.
Si Ud. podría clonar a un personaje
importnte, ¿a quién clonaría?
Quito Gquil.
Nadie 55% 57%
Familiares 6% 4%
Cantantes 4% 2%
Yo mismo 3% 2%
Jesús 3% 3%
Personajes de
la historia 2% 3%
No sabe/
no contesta 5% 4%
Otros 22% 22%
¿Le gustaría clonarse?
SI NO
Quito 18% 81%
Guayaquil 14% 84%
Fuente: Informe Confidencial
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Rabo en alto, Minerva, mi perra café-clinton, naricea
arrastrada por los olores de un molle, el rastro de un gato,
un perfume de mujer. Son los perjúmenes los que la suliveyan.
Y al ser humano le suliveyan los perjúmenes de la natural
tendencia inquisitiva de la mente. El hombre no es un pájaro.
Desde hace miles y miles de años construye el pájaro su nido
con ignorante constancia. El hombre ha construido sus nidos en
formas diferentes y hasta puede construirse a sí mismo con la
clonación.
"¿Clonarse o no clonarse? -esa es la pregunta..." del moderno
Hamlet. "Y así la conciencia nos vuelve a todos cobardes
-monologa Hamlet- y el nativo color de la resolución se
enferma por el pálido matiz del pensamiento. Y por este
motivo, empresas de gran vuelo y gran momento se vienen a los
suelos".
Vuelto cobarde por la conciencia, el hombre empieza a
palidecer con la clonación. Contra ella militan poderosos
ejércitos mentales. El ejército religioso, el ejército de los
futuribles, el ejército ético.
Que si tú te clonas te estás convirtiendo en Dios, autor de la
vida humana, pues Dios dispuso que la humanidad se
multiplicara por la placentera vía del amor en éxtasis
pasajero y no que te reproduzcas tomando una célula de tu
piel, de tu rabadilla, de tu muslo, de tu tetilla y te clones
y tengas una xerox de ti mismo. Eso es monstruoso orgullo,
soberbia de Luzbel, obligarle a Dios a que en esa materia
copiada te infunda un alma inmortal y espiritual y angélica.
Chantajista de Dios, vil pecador.
Milita, también, el biológico ejército de los futuribles, del
mal uso que hombres malvados y mujeres torvas harán de los
seres clonados. Centenares de cuerpos en depósito para
repuestos de corazón, riñores y retinas. Mamá, a la tía
Michita le van a bajar el motor y ponerle corazón, trompas de
Falopio y meniscos nuevos. Crimen horrible el de atentar
contra la integridad de otros, de terceros inocentes.
Milita, además, el químico ejército de los principios éticos:
cuántos embriones, cuántos seres humanos en potencia serán
sacrificados en experimentos hasta que la clonación humana
resulte una operación digital y limpia. El fin no justifica
los medios.
La fe en Dios, la fe en la existencia del alma, el mal uso de
terceros inocentes, la inmoralidad de los medios son algunos
de los argumentos que algunos hoy exhiben contra la clonación
humana. Pero no se ve que la clonación humana sea por sí mismo
mala como es per se malo matar a un inocente.
Se llegará a la clonación humana porque el hombre, perro
olfateador, no se detiene nunca. Lleva en la frente la marca
de Caín. Y sólo cuando la clonación humana sea un hecho de la
vida cotidiana, se podrá pensar con más objetividad en su
conveniencia o inconveniencia así como sólo una vez bien
aceptada la rotación de la Tierra alrededor del sol, la
evolución de las especies, el origen del hombre en los monos
superiores, la existencia de enfermedades mentales, se vio que
no por ello se hundía el mundo, dejaban de existir las
religiones, la existencia de Dios seguía siendo verosímil, a
los seres humanos no les salían rabos ni se destruía la
responsabilidad social.
Bien vistas las cosas, no se ve en qué usurpe el hombre nada a
Dios si llega a clonarse el hombre. Y aunque algún malvado
llegara a usar la clonación con fines espantosos, la
posibilidad de que algo en sí mismo no malo sea usado con
fines protervos no vuelve mala a la cosa en sí. La perra
seguirá olfateando mientras viva.
*Profesor universitario, periodista, columnista de HOY.