

1. La diferencia está en el matiz. Casius Clay "revoloteaba
como una mariposa y picaba como una avispa".
Primo Carnera atacaba casi a ciegas. Ambos eran
boxeadores.
"El Viti" marcaba con perfección los tiempos antes de ejecutar
el volapié.
"El Cordovez" se lanzaba sobre el morrillo. Ambos eran
matadores de toros.
"El Ministro" Lecaro salía jugando la pelota, tras dominarla.
Alfonso Quijano la reventaba. Ambos eran defensas.
El erotismo tiene unas calidades que sugieren, que va más allá
del hecho mismo. La pornografía no: es como un trompón de
Primo Carnera. A lo bestia. Sirve para derribar lo que se pone
adelante. Y lo que se pone adelante es el misterio, elemento
fundamental del erotismo.
¿Está claro? ¿No? ¡Mejor!
2. El erotismo está en todo. O casi. La moda ¿no es erótica?
¿Y el baile? ¿Y el saludo con un beso, cuando las mejillas
apenas se rozan? ¿Esa escena en que a Marilyn, parada sobre
una chimenea del subway, se le alza su vestido blanco? En
cambio, esos besos que se dan en las telenovelas venezolanas,
son pornografía pura. Y los discursos de la mayoría de los
diputados, también.

1.
Lo erótico en la calidad de lo sensual entre la inocencia y
la sabiduría. Comienza con lo instintivo en cuanto proceso
hacia la unión y culmina con la aceptación de la fugacidad de
lo espontáneo. Sabe a juventud sazonada, va envuelto en lo
estético, se justifica por la finalidad del proceso. Lo
pornográfico es la perversión de lo sensual en tanto ha dejado
de ser inocente para buscar su razón de ser fuera del proceso;
la comercialización, el dominio al otro, la crueldad, la
vulgaridad y sobre todo la insensatez de no querer reconocer
los límites de lo temporal y lo medido.
2. No alcanzó a discernir en este punto algo específico de
nuestra sociedad. Participa ella de la liberalización de
Occidente y se ha erotizado en la moda del vestir, la música,
los bailes, la unión libre, ciertos anuncios publicitarios y
en una mayor naturalidad en el trato entre los sexos. La
antigua pornografía, ocultada por la sociedad puritana y
religiosa del Ecuador, se ha vuelto pública: han caído
barreras, hay medios más refinados, hay un mercado mayor.
La preocupación por el placer, sin embargo, no caracteriza a
la sociedad ecuatoriana ocupada en no morir. Esa es la gran
diferencia de calidad con los brasileños, que sobreviven y
gozan. La sociedad ecuatoriana tiene que encontrar la
inocencia y el goce de vivir.