

Prostitución y pornografía no son lo mismo aunque, en general,
se hallan íntimamente ligadas en cuanto quienes se dedican a
la pornografía suelen ejercer la prostitución. Pero no al
revés. De hecho, entre una y otra existe una relación
etimológica porque pornografía proviene del griego porne que
significa prostituta, y grafo, describir. Lo que caracteriza
lo pornográfico es el carácter obsceno de ciertos escritos,
obras, representaciones y relaciones que presentan la
sexualidad con toda crudeza, buscando la excitación del lector
o espectador.
En la pornografía existe una intencionalidad clara de
demostrar de manera excesivamente cruda y explícita la
sexualidad, sacándola de su intimidad y privacidad para
transformarla en vergonzosa. Rompe el misterio del placer y
del goce con la pretensión de volverlos obvios y tangibles;
se deteriora lo erótico y sensual del cuerpo al convertirlos
en elementos de indecencia y violencia en tanto rompen con
ciertos principios culturales que gobiernan la sexualidad.
El material obsceno despoja a la sexualidad de sus elementos
tiernos y la viste de una violencia francamente ofensiva, con
la intención de destruir los valores personales y
sociales.
Aunque su presencia en el mundo es casi tan antigua como la
prostitución, sin embargo su edad de oro, si vale la
expresión, es ésta, la segunda mitad del presente siglo.
Los adelantos tecnológicos en las comunicaciones han
facilitado la extensión de la pornografía, la mayor producción
de inimaginables materiales pornográficos. Por ejemplo, en
las ciudades de los Estados Unidos existen más centros de
venta y distribución de material pornográfico que restaurantes
McDonald's.
Se ha producido una explicitación de la ornografía,
aparentemente legitimada por los cambios importantes que se
han dado respecto a la sexualidad. Existen radioemisoras que
incluyen mensajes claramente indecentes e inclusive obscenos.
Se han construido redes internacionales de teléfonos a los que
las personas llaman para recibir mensajes obscenos. En todos
los países, vía TV-cable, se exhiben películas llamadas de
mayores y que son pornográficas. A esto se ha unido la
utilización del Internet para el tráfico de programas y
mensajes pornográficos.
Las leyes condenan la pornografía destinada a menores de 18
años. Si embargo, en todos los países de occidente, son
precisamente los muchachos de 12 a 17 años los mayores
consumidores de la pornografía. Para este grupo, la
pornografía posee dos destinos fundamentales-: la información
y la excitación. De hecho, a partir de los dos últimos años de
primaria, tanto las chicas como los muchachos llevan revistas
pornográficas como elemento informativo sobre sexualidad. Y
tanto más lo hacen cuanto más el sistema educativo se resiste
a hablar sobre la sexualidad. Pero no sobre una sexualidad que
se agota en la anatomía y fisiología, sino una sexualidad que
tome en cuenta sus aspectos lúdicos, placenteros y
culturales.
Probablemente, lo más grave de la presencia masiva de la
pornografía es la inclusión de los niñas y las niñas. En
primer lugar, pese a las persecuciones legales, cada vez más
se los utiliza para la producción de material pornográfico.
Como este material prohibido posee una gran demanda, se han
establecidos redes internacionales de producción y tráfico
similares a las de las drogas. En todos los países, pero de
manera muy particular en los países de Indochina, se compra o
se rapta a niñas y niños para luego destinarlos a producción
pornográfica y a la prostitución.
El acceso de niños y niñas a cualquier clase de material
pornográfico es ofensivo a su identidad. De alguna manera, se
trata de una auténtica violación puesto que se atenta contra
la realidad de su vida sexual que no es comprable a la de los
adolescentes o adultos; se les deja sin las expectativas de su
sexualidad infantil y, sobre todo, se destruye su mundo
imaginario y mágico en el cual crece y se desarrolla su
sexualidad.
La verdad es que cada día aumenta el número de niñas y niños
expuestos de manera directa a lo pornográfico, ya sea porque
los adultos permiten hacerlo o bien porque ellos mismos lo
hacen utilizando la televisión y el Internet.
La encuesta fue realizada entre un grupo de ecuatorianos y extranjeros. En cada caso, la barra de la izquierda representa el punto de vista de los ecuatorianos; la de la derecha, la de los extranjeros. En esta encuesta, sobre una muestra de 200 entrevistados, la actitud de los ecuatorianos tiende a presentarse como algo más comprensiva y tolerante que la de los extranjeros frente a la prostitución. Otras encuestas, en cambio, muestran frente al homosexualismo una actitud más intolerante de los ecuatorianos que de los extranjeros.
¿Piensas que la prostitución
debería ser ilegal?
Ecuatorianos Extranjeros
SI 26.74% 29.63%
Probablemente SI 12.79% 11.11%
No sé 12.79%
Probablemente NO 10.47% 9.26%
NO 33.72% 18.52%
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