

Existen varias clases de virus que causan el herpes. El del
herpes genital se transmite por contacto sexual, pero también
otras partes del cuerpo pueden infectarse, si se ponen en
contacto con los genitales infectados y sobre todo si existe
una herida o una llaga a través de la cual puede ingresar el
virus al organismo, exactamente igual a como acontece con el
que ocasiona el sida. Por ejemplo, el virus podría
transmitirse por medios no tan directos como el beso. En este
caso, desde la boca, el virus pasa, por contacto manual, a
los genitales. Puede vivir varias horas en los servicios
higiénicos y en la ropa y se crea así la posibilidad de que se
produzca un contagio sin que hubiera existido relación sexual
alguna.
El herpes produce una especie de racimo de pequeñas ampollas
(vesículas) en los órganos genitales, especialmente en el
pene. Pueden aparecer, igualmente, en la uretra y en el recto.
En la mujer, estas vesículas se localizan en los labios
vaginales y también en el cuello del útero y en el zona anal.
La gravedad del herpes genital varía de una a otra persona.
Los primeros síntomas son fiebre alta, dolor de cabeza y dolor
muscular, escozor al orinar y secreción purulenta de la uretra
o de la vagina. También suelen formarse nódulos linfáticos,
especialmente en la ingle. Estos síntomas suelen ser agudos en
los primeros cuatro días del brote. Luego disminuyen en forma
gradual y tienden a desaparecer en un plazo de una o dos
semanas. Entonces acontece algo parecido a la sífilis: la
persona cree que está sana y se olvida de la enfermedad.
El herpes afecta muy seriamente a las mujeres, en quienes las
complicaciones de la salud tienden a ser mayores y muy graves,
tales como meningitis (inflamación de las meninges
cerebrales), e infecciones oculares. Y si bien las vesículas
(ampollas) desaparecen y las úlceras sanan espontáneamente en
dos o tres semanas, el virus invade los nervios de la región
pélvica y continúa viviendo en la base de la médula
espinal.
En numerosos casos, los síntomas vuelven a aparecer luego de
un período en el cual la persona ha estado aparentemente sana.
Y ésta es justamente una de las más graves complicaciones del
herpes: no desaparece el virus. Más aún, puede incentivarse
por causas psicológicas: nuevas alegrías o tristezas,
preocupaciones o tensiones, etc. Es común que se agrave por
exposición excesiva al sol, por alguna otra enfermedad o sin
causa aparente.
Las verrugas genitales, por una parte, evidencian la presencia
del virus de herpes genital y, por otra, constituyen un riesgo
muy importante de transmisión del VIH-Sida. En las mujeres el
herpes aparece como el causante de abortos espontáneos, y
parece estar asociado con el cáncer cervical.
El comportamiento del herpes genital es impredecible. En unas
personas, luego del tratamiento, nunca más se produce un nuevo
brote de la enfermedad. En cambio, muchas otras, pese a los
reiterados tratamientos, soportarán toda su vida periódicos
brotes, con todas sus consecuencias en el aspecto físico pero,
sobre todo, en el psíquico. Cada nueva aparición de los
síntomas incrementará la angustia, la culpa y el desasosiego,
todo lo cual, a su vez, se transformará en un impedimento u
obstáculo para la curación definitiva. En la práctica, estas
reapariciones cíclicas son vividas con mucha culpa y como
señal del castigo por las supuestas faltas cometidas.
Ordinariamente, el médico realiza el diagnóstico con un examen
físico de la persona afectada. Sin embargo, dado que el herpes
puede confundirse con otras afecciones, se realizan también
exámenes de laboratorio.
En vista de que se pueden confundir, sobre todo, las
manifestaciones del herpes con el cáncer del cuello uterino,
se recomienda que las mujeres se realicen, al mismo tiempo, un
examen de Papanicolau que es una prueba de laboratorio para
diagnosticar el cáncer cervical o del cuello del útero.
Numerosos especialistas consideran al herpes como una
enfermedad incurable. De ahí la necesidad de tomar las medidas
necesarias para evitar su contagio. Por lo mismo, es
indispensable que la persona infectada se abstenga de toda
relación sexual desde que aparecen los síntomas hasta que el
médico juzgue que han desaparecido los riesgos de
contagio.
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GENITAL en el Ecuador
Entre 1990 y 1995
CASOS TASA (por mil hab)
1990 600 5.85
1991 684 6.51
1992 943 8.78
1993 896 7.50
1994 1300 12.30
1995 1413 12.33
Fuente: Ministerio de Salud, Dirección Nacional de Epidemiología
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