Un riesgo para todos


        El cambio de enfermedad venérea por enfermedad sexualmente transmitida implica, por una parte, una mayor consciencia del sentido de las enfermedades infecciosas transmitidas a través del contacto sexual y, por otra, una ampliación en la gama de estas enfermedades.
Mientras que las enfermedades venéreas contemplaban cinco infecciones fundamentales: gonorrea, sífilis, chancroide, linfogranuloma venéreo y granuloma inguinal, el término enfermedades sexualmente transmitidas incluye más de 20 síndromes, entre los cuales sobresalen sífilis, gonorrea, sida, chancro, verrugas genitales, hepatitis B, herpes genital, enfermedades inflamatorias pélvicas, cistitis, molusco contagioso, tricomoniasis, el herpes simplex. Los organismos que las causan van desde virus hasta bacterias y protozoos. Los síndromes resultantes pueden ser genitales, orales, anales, faríngeos, oftálmicos o sistémicos.
Todas son importantes y todas afectan, en mayor o menor gravedad, la salud de las personas. Sus consecuencias van desde el dolor, la incomodidad o la ansiedad psicológica, causados por los manifestaciones al comienzo de la enfermedad, hasta efectos y consecuencias que producen, la infertilidad, el embarazo ectópico, el dolor crónico, los abortos espontáneos, las malformaciones congénitas y la muerte, en especial cuando las ETS no han sido tratadas de manera adecuada y oportuna.
Toda persona sexualmente activa se encuentra, de suyo, en riesgo de ser afectada por una de estas enfermedades. Sin embargo, la población menor de 25 años y de los sectores populares y pobres es la que, con más frecuencia, las padece; su situación social y económica determina que se protejan menos y, si se saben contagiados, sigan manteniendo relaciones sexuales con otras mujeres, incluyendo su pareja estable y, además, no acudan al médico de manera inmediata. Esta constituye la fundamental cadena de los contagios que, como en el caso del sida, dificulta el control de la enfermedad.
Existen factores importantes que contribuyen a que estas enfermedades se transmitan de manera continua alrededor del mundo: el desarrollo de cepas resistentes a los tratamientos, el seguimiento inadecuado de los pacientes, la falta de vacunas para la mayoría de las enfermedades de transmisión sexual y la difusión cada vez mayor de infecciones virales persistentes. Por otra parte, numerosos países en vías de desarrollo no cuentan con los recursos profesionales, tecnológicos y presupuestarios para realizar diagnósticos y tratamientos oportunos y eficaces.
Del amplio grupo de las ETS, se han elegido algunas por considerarlas de mayor interés en nuestro medio. De todas maneras, es preciso tener siempre presente que, en la actualidad, es de riesgo toda relación con personas desconocidas o con aquéllas que se sabe han mantenido múltiples parejas sexuales.

 

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