Entre el gozo y el dolor


Por Rodrigo Tenorio Ambrossi
----------------------------
Psicoanalista, profesor de la Pontificia Universidad católica del Ecuador

        Todo lo que pertenece a mujeres y varones es complejo y se halla atravesado por contradicciones, a veces, incomprensibles. Se ama y se odia al mismo tiempo; a la necesidad de ternura acompañan la violencia y la agresión. La salud y la enfermedad coparticipan de la existencia y hasta conviven en la misma persona. Al tiempo que se busca el placer y el goce, se realizan acciones que producen dolor, sufrimiento e inclusive la muerte. Y no todo acontece al azar, por mera casualidad o por accidentes. En ciertas circunstancias, se conocen los riesgos y los peligros y, pese a ello, se realizan actos que, finalmente, terminan por producir daño.
Esto es lo que acontece, en general, con las enfermedades llamadas de transmisión sexual (ETS). Hasta hace poco se las denominaba enfermedades venéreas, (del latín venereus, es decir perteneciente a Venus, la diosa del amor). porque pertenecen al ámbito del placer que se origina en las relaciones sexuales.
Nuestra sexualidad se caracteriza porque implica y hasta exige ser compartida con otro en la vida amorosa. En efecto, una de las manifestaciones más claras y totales de la sexualidad, cuando se encuentra inscrita en el amor, es la relación de los cuerpos, aquel acto mediante el cual la pareja amorosa se funde de tal manera que logra , por un momento, conformar con sus cuerpos y vidas un solo ser. Esta fusión es, precisamente, la causa del gozo que tan sólo se produce en el ejercicio de la sexualidad humana.
Hasta antes de que apareciese el sida, de la transmisión de las llamadas enfermedades del amor se responsabilizaba, de manera casi exclusiva, a las prostitutas. Por esa razón también se refería a las ETS como enfermedades vergonzosas porque el paciente contaminado denunciaba que había mantenido relaciones en el prostíbulo o con una mujer de dudosa moral. La prostituta es la profesional del placer y, al mismo tiempo, la de la enfermedad y la muerte. Su ejercicio está autorizado y regulado y, al mismo tiempo, rechazado y perseguido. Por lo mismo, el hombre contaminado demuestra a la sociedad, la familia, los médicos que ha cometido un acto socialmente inmoral y rechazado, que ha ido al prostíbulo en lugar de busca el placer sexual en los espacios socialmente legitimados. Peor aún, si se trata de un casado o de una persona célibe por profesión, como un religioso.
Las enfermedades de transmisión sexual y genital representan un conjunto de infecciones que se transmiten por medio del contacto mutuo de los órganos genitales del varón y de la mujer. Sin embargo, la madre embarazada suele contaminar al hijo ya sea durante el embarazo, en el momento del parto e inclusive durante la lactancia, como acontece con el sida.

        En la actualidad se han producido cambios importantes en torno a la concepción de la sexualidad y, sobre todo, respecto a las formas de expresarla y vivirla. Vivimos en un mundo eminentemente erótico y erotizante De manera especial las nuevas generaciones viven una nueva cultura de la sexualidad, que les induce a expresarla de forma mucho más libre y espontánea que antes. Hacer el amor ya no es privativo de los adultos y, menos aún, sólo de los casados. A edades cada vez más tempranas, chicos y chicas hacen el amor o se prodigan caricias, que incluyen contactos corporales y genitales.
Por otra parte, de modo particular a los papás, cuando su hijo llega a la adolescencia, les preocupa sobremanera salir lo antes posible de la duda respecto a las inclinaciones sexuales de su hijo. Ante el temor al insoportable fantasma de la homosexualidad, lo empujan a prácticas incluso prematuras. Si bien es tranquilizador saber que su hijo ha conquistado una chica y sale con ella, no es suficiente para hacer que desaparezca el fantasma. Ante la imposibilidad de manjar las dudas propias y de respetar los procesos de desarrollo sexual de sus hijos, ellos mismos los empujan a relaciones tempranas que, en gran medida, sólo se consiguen en el burdel. Y allá van los chicos conducidos o empujados por el temores de los otros o movilizados por la, emergencia de sus propios deseos.
Los cambios culturales y personales en los modos de concebir y vivir la sexualidad son especialmente significativos para las adolescentes. Por sus propios deseos y también porque son víctimas de la presión de los varones, cada vez a más temprana edad inician prácticas sexuales sin protección alguna.
El papel de la mujer es mucho más activo en las relaciones amorosas y las prácticas sexuales porque ha asumido, con mayor vigor, su propio género. Esta nueva posición, sin embargo, la ha colocado, igualmente, en situación de múltiples riesgos.
Ellas deben hacerse de los hechos y las consecuencias de los embarazos no deseados, de la maternidad prematura, de los efectos físicos y psíquicos de los abortos y también de las enfermedades de transmisión genital y lo que éstas implican en su vida cuando han sido transmitidas por la persona querida: el esposo, el novio, un amigo.
Finalmente, los especialistas opinan que las enfermedades de transmisión sexual se han incrementado notablemente.
Lo datos oficiales no revelan el verdadero peso del problema por cuanto se refieren casi de manera exclusiva a los casos que son atendidos en los centros-de salud pública. No toman en cuenta a los que asisten a la consulta privada que son, ciertamente, los más numerosos, pero que no son reportados por la privacidad de la enfermedad que, en este caso y en otros similares, cuenta mucho.

 

PAGINA SIGUIENTE

INDICE
TEMAS DE LA COLECCION DIARIO HOY