Etnias ecuatorianas y sexualidad


        La Amazonía fue en los siglos coloniales zona periférica en relación con los centros del poder. La presencia del imperio español se manifestó allí sobre todo por la obra de los misioneros de las diversas órdenes religiosas. Llegaron también, hasta esas vastas regiones, aventureros en busca de oro. Más tarde, ya formadas las repúblicas, nuevamente el oro y también el caucho, la explotación maderera, la agroindustria y el petróleo han vinculado tierras amazónicas a las sociedades nacionales.
En Ecuador, el centro norte amazónico, se relacionó definitivamente desde los años 70 por el petróleo. El sur de la Amazonía ha mantenido más bien esporádicas conexiones con la sociedad nacional a través del intercambio comercial, por la presencia de congregaciones religiosas o una colonización espontánea, en algunos casos, y dirigida o semidirigida, en otros.
Sin embargo la población que ha habitado tradicionalmente la zona del Alto Cenepa está conformada por grupos Shuar y Achuar, en Ecuador, que mantienen raíces etnolingüísticas comunes con Aguarunas y Guambizas, del Perú.
Estos grupos tienen de común el que viven integrados al ecosistema en donde habitan por siglos, la selva del alto Amazonas. Poseen los indígenas un amplio conocimiento de su medio. La naturaleza es parte de la vida colectiva. Ríos, cascadas, selvas están poblados de espíritus con los cuales se relacionan en la vida diaria. Esos espíritus son objeto de culto y de ritos ceremoniales.

LOS SHUAR y ACHUAR

Estas etnias tienen alrededor de 40.000 integrantes, que habitan dispersos en centros localizados en las provincias de Morona Santiago, Zamora Chinchipe y la parte sur de Pastaza.
Los Shuar se reconocen como Untsuri Shuar, gente numerosa, y Muraya Shuar, gente de colina. Ocupan tierras de montaña tropical, con presencia de cordilleras secundarias, pequeñas colinas y mesetas.
Los Shuar creen en diversos tipos de espíritus. Uno de ellos, muy importante, es el Arutam. Las personas no nacen con aquel espíritu, sino que tiene que adquirirlo según algunos ritos tradicionales y en lugares sagrados.
Este es un espíritu clave para los varones. Arutam les confiere fuerza, aumenta su potencia, les da confianza. Creen los Shuar que quien posee un Arutam no puede morir sino de enfermedades contagiosas.
Los niños empiezan a buscarlo desde los seis años. Y el Arutam exige realizar excursiones a lugares sagrados como cascadas o chorreras o a las orillas de los ríos. Para la posesión de este espíritu recurren quienes lo buscan al uso de alucinógenos.
La casa shuar es elíptica, construida con palmas y hojas y madera de chonta. En ella, hay un espacio masculino, el tankamash, y una área exclusivamente para las mujeres, el ekent.
Los Shuar viven básicamente de un tipo de agricultura de subsistencia y de la cacería. Complementan sus alimentación con la pesca y recolección de frutos, plantas e insectos. En años recientes, el tradicional territorio de caza empieza a ser sustituido por pastizales para la cría de ganado.



Sexualidad y Pueblo Shuar


        Por Elizabeth Falconí y José Ochoa *

El Pueblo Shuar constituye una etnia milenaria que vive en la selva amazónica del sur oriente ecuatoriano, en perfecta simbiosis con la naturaleza.
El hombre al casarse cuenta con 20 años de promedio; la esposa entre 17 y 19 años. Aproximadamente el 10 por ciento de maridos son más jóvenes que sus esposas. Algunos, según la antigua costumbre, han tomado dos o tres mujeres. Si el cónyuge muere, sobre la viuda tiene derecho el hermano del difunto.
En épocas antiguas, no tenían la costumbre de hacer bodas como en la actualidad. Hacían el pedido al papá y a la mamá y luego de haberse casado se iban de cacería; lo que traían se lo daban a sus suegros, y esto era suficiente.
El matrimonio entre familiares está prohibido porque hay la creencia de que los desposados se convierten en duendes, en shuar tuwa, un hombrecillo capaz de matar a las personas.
Hay un alto porcentaje de mujeres con un promedio de cinco niños. Casi un tercio de la población femenina en edad fértil ha tenido por lo menos un aborto.
El shuar, a más de la vida conyugal en su morada, tiene relaciones sexuales algunas veces en la huerta, el monte, o a orillas de los ríos, para que la divinidad "tome acto" y conceda luego comida, cacería y pesca a la nueva familia.

* Productores de "A flor de piel", HOY La Radio

 

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