

Aunque lógicamente la primera fuente de conocimientos sobre
sexualidad es nuestra propia experiencia desde la infancia,
las personas tienden a responder que su mayor fuente de
información sexual son los amigos y no los padres.
Con los amigos se comparte esas primeras emociones de
"enamoramiento". Los amigos nos dan una referencia de quiénes
son "atractivos" (los "populares") y nos enseñan cómo
conquistar. Los amigos refuerzan conductas típicamente
"masculinas" (jugar fútbol, darse de trompones) y "femeninas"
(arreglarse el pelo, jugar con barbies) que definen lo
esperado del hombre y la mujer en la sociedad. Con los amigos
compartimos "el primer beso", y son los primeros en enterarse
sobre nuestro "primer pelado". Los amigos nos presionan a
"aceptar" un enamoramiento y a "rechazar" otro.
Muchas de nuestras actitudes hacia la sexualidad provienen de
esta etapa de la vida en la que los amigos son tan
importantes. Los amigos comparten entre ellos sus primeras
experiencias amorosas, las cuales están relacionadas con los
primeros contactos físicos -sexuales con personas del sexo
opuesto. Sin embargo, muchas de estas experiencias amorosas no
son aceptables para los adultos y, por tanto, son realizadas
"en la clandestinidad". Es decir, asociadas a sentimientos de
culpa, de angustia, y de malestar. Estas experiencias
inaceptables para los adultos y aceptadas en el grupo de
amigos separan fuertemente la comunicación adulto-joven.
Es importante que los jóvenes tengan oportunidad de discutir
abiertamente sobre sus expectativas y emociones sexuales con
sus padres para que éstos puedan también ser partícipes en la
formación de valores y los puedan guiar. Si los padres han
evitado el diálogo sobre sexualidad con sus hijos cuando éstos
eran pequeños, les va a ser muy difícil una comunicación
sincera con ellos en las etapas más decisivas en cuanto a
conductas sexuales, por ejemplo en la adolescencia.