¿Dónde aprendemos nuestras actitudes sexuales?


        Las actitudes sexuales son la forma como percibimos la sexualidad: positiva, negativa, neutra, responsable, irresponsable, valiosa, peligrosa, etc. Las actitudes se forman a partir de experiencias personales, modelos de personas importantes en nuestra vida y por aquello que se enseña a través del sistema educativo y los medios masivos.
La primera actitud sexual que aprendemos viene del hogar. El niño nace entre brazos y es acariciado, tocado, amarcado por las personas que lo aman. Con estas experiencias el niño no sólo aprende que las caricias son equivalentes al afecto sino también que las personas que nos acarician y nos aman están establemente ligadas a nosotros por lazos familiares y sociales relativamente estables. De estas dos experiencias de vida, las personas aprendemos que el contacto físico no sólo comunica afecto sino que lo aumenta. También aprendemos que el afecto y el contacto físico crecen cuando la relación es estable y permanente.
Otra actitud sexual importante que se aprende en casa es que existe diferencia entre el contacto conyugal (entre esposos), el de padres e hijos, el de hermanos, el de parientes lejanos, el de amigos y el de conocidos. En la familia se modela cada uno de estos contactos, sin necesidad de enfatizarlos verbalmente. Los padres se abrazan, se besan, se acarician, se dicen frases, se acuestan juntos y expresan su sexualidad de formas distintas a las expresiones que tienen hacia otros miembros de la familia. Rápidamente los niños aprenden qué tipo de contacto es para qué tipo de relación. Por momentos, los niños incluso juegan a ser "papá y mamá", lo cual significa que comprenden el papel de cada uno. Los padres pueden ayudar a sus hijos a que estos juegos les sirvan para la edad adulta al poner de relieve que, cuando sean grandes, serán papá y mamá y que, por ahora, son niños.
Algunos niños reciben muy poco contacto físico cuando son pequeños, época en la que más lo necesitan. También hay niños que asocian el contacto físico con castigos corporales. Cuando grandes, los primeros pueden buscar mucho contacto físico, mientras los segundos pueden tender a presentar conductas físico-agresivas y a esquivar el contacto físico-afectivo. Estos niños necesitan re-encontrar nuevos estilos de relación para que asocien el contacto físico con actitudes de afecto y respeto que, más tarde, los incentivarán a buscar relaciones positivas y les darán mayor capacidad para corresponder el afecto recibido.
Es decir, el contacto físico asociado a lo afectivo durante nuestras etapas formativas, particularmente durante la niñez, tiene una repercusión importante en nuestra forma de ver la sexualidad. Las personas que han disfrutado de una relación física-afectiva con personas relativamente estables durante su niñez tienden, en la edad adulta, a reproducir este tipo de relaciones, es decir, a buscar el placer a través del contacto físico con personas con quienes tiene un lazo afectivo.
Las personas que han recibido poco afecto a través del contacto físico tienen dificultad de expresarse físicamente y de aceptar el placer que nos brinda el contacto corporal con otras personas. Estas personas necesitan abrirse a experimentar con los placeres que brinda nuestra corporalidad y asociarla con formas de expresión afectiva para recuperar la asociación cuerpo-placer-afecto, que es base importantísima de la sexualidad humana.
Nuestras actitudes también se desarrollan de la forma como los padres se refieren a nuestros genitales. Es importante que los padres utilicemos los nombres propios de los órganos genitales para que nuestros hijos aprendan que se puede hablar de sexualidad en forma directa y que nada relacionado con los órganos genitales es desagradable.
La mayor parte de las personas en nuestra cultura sentimos un nivel de nerviosismo e inseguridad de conocimientos sobre la forma y las funciones de los órganos genitales. Es importante que los padres conozcamos, aunque sea en forma mínima, tanto la anatomía sexual como el funcionamiento de nuestro sistema reproductivo.



La curiosidad sexual en los niños


        Las personas, en general, somos seres curiosos. Queremos descubrirlo y experimentarlo todo. La mayor parte de nuestras inquietudes son satisfechas ya sea gracias a que exploramos y experimentamos o a través de la educación formal. Cuando no nos es posible experimentar, por lo menos podemos dialogar. Esto no sucede con las inquietudes que giran en torno a la sexualidad. La imposibilidad de explorar nuestro cuerpo sin sentirnos culpables o de hablar sobre nuestra sexualidad sin tener vergüenza aumenta nuestra curiosidad sobre la misma.
Es importante que los padres rompamos con el círculo vicioso de nuestra sociedad, aceptemos las conductas sexuales que no nos hacen daño ni tienen consecuencias negativas para los demás (por ejemplo, la autoexploración) y abramos el diálogo con nuestros hijos. Nadie podrá educar mejor en cuanto a sexualidad que los padres porque nosotros no solo nos comunicamos verbalmente sino también modelamos la sexualidad para nuestros hijos.

 

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