¿Qué pasa con el sexo en la edad madura?


"En el aprendizaje sexual cada quien es maestro
y discípulo de sí mismo. Este proceso de
aprendizaje termina cuando finaliza la vida"

Alonso Acuña Cañas

        Todos los científicos que estudian la actitud sexual y tratan de establecer un número aproximado de relaciones sexuales con relación a la edad coinciden en que entre los 16 y los 25 años existe la máxima frecuencia de relaciones sexuales. Pasada esta edad, cada persona tiene un esquema diferente e individual de comportamiento y frecuencia sexual; este comportamiento está influenciado directamente por factores educacionales, sociales y morales. Como ejemplo pondremos la diferencia de comportamiento sexual que existe entre un hombre del campo y uno de la ciudad, entre un religioso practicante y un ateo o no practicante, entre un hombre de la sierra y uno de la costa o del oriente.
Cuando un hombre o mujer establecen su tipo de conducta sexual y llegan con esta a la edad madura y cambian o se encuentran cerca de la vejez sufren una presión social negativa, pues muchísimas personas le califican de viejo y le quitan todo derecho de ejercer la gran mayoría de funciones y especialmente las sexuales; se ve ridiculizado cuando realiza intentos de mejorar su apariencia personal, y más aun si está acompañada de un toque de coquetería o juventud como expresión de su vitalidad y de su espíritu dinámico y emprendedor.
Existen muchos y magníficos ejemplos de hombres y mujeres que han mantenido y mantienen gran vitalidad y productividad en etapas de la vida muy avanzadas. Podemos citar como simples ejemplos a Miguel Angel que en la séptima década de su vida construye la basílica de San Pedro en Roma; Leonardo da Vinci; Víctor Hugo; Churchill. Mujeres como Madame Courie y su trabajo en los rayos X, Golda Meir, la hermana Teresa de Calcuta.



Actividad sexual y vejez en cifras


        Cada vez es más satisfactorio encontrarse en la consulta con personas en la séptima década de la vida que refieren que mantienen una estupenda vida sexual con su pareja y dentro de un marco de ternura y amor; desgraciadamente, se ven obligadas a no comentarlo pues tienen miedo de caer en el ridículo de las críticas sociales que hacen referencia a viejos que no deberían andar en cosas.
La presencia de relaciones sexuales con regularidad es un signo de salud y vigor, sin que sea importante las cifras en frecuencia.
El interés sexual persiste en un 72% en los hombres y en un 65% en las mujeres durante la sexta década de la vida; sin embargo la actividad sexual se encuentra restringida a un 42% en los hombres y a un 36% en las mujeres; estas cifras podrían ser mayores si lográramos dominar los prejuicios y comentarios sociales.
En el grupo de personas, hombres y mujeres, que tienen la dicha y el privilegio de seguir ejerciendo su sexualidad sobre la séptima y aun octava década de la vida, su frecuencia coital varía desde una vez diaria hasta una mensual.
Este hecho de tener vida sexual en edades tan avanzadas de la vida muchas ocasiones condiciona a la llamada doble moral, pues el anciano está clasificado como una especie de niño grande, se le asignan funciones muy limitadas y hasta se piensa que sus funciones sexuales simplemente no deberían existir.

 

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