El don de la vida humana


        La Iglesia Católica condena el aborto. Es una posición que se ha mantenido a lo largo del tiempo. Por la trascendencia de esta reflexión para la mayoría católica del país, el editor del Gran Libro de la Sexualidad de Hoy, presenta una exposición de la doctrina católica en esa materia, tal como se expone en documentos de la Iglesia y desde la perspectiva de especialistas que se mantienen en una postura ortodoxa.
Para la Iglesia, la vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida.
La Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral, repite el magisterio eclesiástico.
En el siglo XX, la Iglesia ha reiterado a través de diversos pronunciamientos oficiales tal condena. Los pontífices y el Concilio Vaticano II repiten aquel magisterio. Además, la Iglesia reclama que las sociedades y los Estados respeten el derecho primario a la vida desde la concepción.

Leyes y aborto

En la instrucción "Donum Vitae", de 22 de febrero de 1987, se dice: "Los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Estos derechos del hombre no están subordinados ni a los individuos ni a los padres, y tampoco son una concesión de la sociedad o del Estado: pertenecen a la naturaleza humana y son inherentes a la persona en virtud del acto creador que la ha originado. Entre esos derechos fundamentales es preciso recordar el derecho de todo ser humano a la vida y a la integridad física desde la concepción hasta la muerte.
Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho...El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos".
Para la Iglesia, le embrión debe ser defendido en su integridad. Se consideran lícitas las intervenciones sobre el embrión "siempre que respeten la vida e integridad, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual".

Fases evolutivas y fecundación*

Resumiendo los datos biológicos relacionados con la problemática que suscita el aborto, podríamos distinguir tres fases: a) La del germen, que comienza en el momento de la fecundación, unión del óvulo y el espermatozoide que al fundirse dan origen a la célula germinal, única e irrepetible, por su peculiar combinación cromosómica. Esta nueva realidad biológica, llamada zigoto, distinta ya de la que prestó la madre, implica un código genético que desplegará por su propia virtualidad intrínseca un proceso vital y psíquico hereditario. b) En segundo término se da la fase del embrión (desde la tercera a la octava semana), en que se desarrollan gradualmente los órganos y formas externas de un organismo en curso de desarrollo propiamente humano (entre la séptima y octavas semanas se pueden apreciar ya iniciados el cráneo, los ojos, las orejas -el electroencefalograma puede registrar, aunque mínima, una cierta actividad del cerebro-, cuerpo con sistema digestivo, corazón y sistema circulatorio, los brazos, las piernas, los dedos de los pies, etc.) c) La tercera fase es la del feto propiamente dicho: desde la octava semana hasta el nacimiento.
Si partimos del principio ético de la inviolabilidad de la vida humana, por el propio valor inminente que ésta tiene, con independencia de las circunstancias concretas que concurran en el sujeto viviente, hay que decir que el ser humano aparece como tal no solo con posterioridad a su nacimiento, sino aun en el claustro materno: de una manera corporáneamente perceptible en su período fetal, puesto que la diferencia del feto, incluso ya a partir del segundo mes, y el niño recién nacido es meramente cuantitativa, diferencia que disminuye progresivamente con el paso de las semanas de gestación. No hay diferencia cualitativa ni aun en el plano de su morfología orgánica; se trata de un ser humano, que puede ser directamente percibido como tal.

Valor desde el inicio

Pero tampoco hay un salto cualitativo en las fases anteriores, aunque la realidad somática no sea perceptible de esa forma: en la fase embriológica ya está esbozada la misma morfología, aunque de manera rudimentaria; incluso en relación con la primera fase se trata solo de una mera diferencia morfológica, pero en modo alguno cualitativa: el embrión y el germen, desde su fecundación, pertenecen a la especie humana por su origen, pro su composición y por su destino, por su radical autonomía biológica y hasta por el programa psicológico inscrito en su composición. No solo pertenecen a la especie humana, sino que predeterminan el desarrollo de un individuo humano concreto en un proceso lineal y continuo sin saltos cualitativos. Esto exige que sean valorados como etapas de un ser que está haciéndose hombre, aunque su estructura morfológica en su primera fase no sea plenamente significativa. La percepción visual no es la única fuente de conocimiento de la realidad; es imprescindible la reflexión convergente que ayuda a penetrar en el significado profundo a través de las primeras apariencias.
Es claro para la razón que el aborto, ya en la primera fase, es la supresión del proceso biológico de un ser que está en curso con todas las potencialidades humanas. La razón intuye un ser humano, sujeto del derecho fundamental a la vida, y la fe un persona, amada y llamada a al vida por Dios Padre. Tal realidad, aunque germinal, está enriquecida con un mensaje genético íntegramente humano y está impulsada por un dinamismo peculiar que, sin cambiar la cualidad de su ser, la conducirá en breve a una morfología plenamente humana y, por supuesto, a la manifestación de una persona completa.
Aunque en el proceso manifestativo de su personalización le falte por recorrer los necesarios estadios del camino, no es cuestión de negar su cualidad humana al mismo sujeto que comienza la marcha y tiene una ordenación intrínseca hacia el fin de esa plena personalización cuando esa persona aparezca a los ojos de todos, es decir, cuando la madre "la dé a luz". El hecho de haber llegado a la meta no la ha transformado en un "novum" irreconocible en su origen. Aunque no tenga todavía voz ni llanto perceptibles, es individualidad biológica, tiene un apetito natural de crecimiento y supone también una exigencia natural, no solo de respeto, sino de acompañamiento vital en su propia debilidad e indefensión. Si su morfología no presenta la imagen completa o su electroencefalograma no es, en ciertos momentos, el de un ser vivo, de ningún modo son equiparables estos signos a los de un cuerpo en descomposición cadavérica o a los de un cerebro muerto. Las situaciones son radicalmente distintas: espérese atentamente con ese instrumental de observación, y se comprobará, a no tardar, cómo en un caso señalan con más certeza aún el poder devastador de la muerte y en el otro el acceso a la perfección de la vida.
Por el argumento de equivalencia morfológica y, en definitiva, puramente materialista, para determinar el comienzo de la vida humana, se cae en el riesgo del maximalismo, al querer confrontar la realidad intrauterina del ser humano con el acabamiento de la estructura biológica, tal como la conocemos por nuestras relaciones experimentales interpersonales. Esto sería olvidar que el ser personal no se constituye solo por su realidad actual, sino también por el desarrollo de sus potencialidades, es decir por lo que llegará a ser desde la apertura interior de lo que ya es.
Es indubitable, pues, el carácter humano del germen. La biología nos asegura que ya esa célula-huevo posee un complemento cromosómico y un código genético propios de al especie humana, y un dinamismo interno que le llevará en su crecimiento ala configuración de un ser de morfología, anatomía y fisiología auténticamente humanas. La experimentación y los métodos biológicos positivos ponen punto final a esta línea. El momento de la animación y el concepto de persona están fuera de su competencia. Pertenecen a la reflexión de una antropología filosófica-teológica. Las ciencias naturales ofrecen las bases de una argumentación genética del todo consistente para afirmar su carácter humano y, por tanto, para señalar las exigencias de respeto a esa vida en curso. También brindan razones fisiológicas, que se van desvelando progresivamente: se le puede seguir la pista al embrión y al feto en el seno de la madre, fotografiándolo y analizando sus condicionamientos bioquímicos, y hasta se hace posible intervenir en sus mismos procesos fisiológicos con una medicina de aplicación intrauterina.
*José Delicado Baeza, arzobispo de Valladolid




ABORTOS EN EL ECUADOR

A pesar de las dificultades de establecer los datos exactos sobre aborto en el Ecuador, un referente inicial puede ser el que trae este gráfico, que recoge casos de morbilidad de la mujer, que ha motivado su atención en hospitales públicos dentro de la categoría de embarazos, partos y puerperio. Las cifras recogen, entre las causas de morbilidad, diversos tipos de aborto.
Los altísimos registros de abortos no especificados tienen que ver, muy probablemente, con casos de abortos clandestinos por los cuales llega la mujeres a los hospitales públicos en condiciones muchas veces de extrena gravedad.

Egresos hospitalarios por embarazo,
parto y puerperio (1980-89)
Causas de morbilidad          1980     1985     1989

Aborto espontáneo              107       33       27
Aborto inducido legalmente     130      375      179
Aborto inducido ilegalmente     13      136       98
Aborto no especificado      19.496   19.210   18.240
Intento fallido de aborto        -        -        5
Fuente: UjekaslarDartic Mardesic: Estadísticas de la Mujer, Ildis-1992

 

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