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A finales de los años 70s, el tenis ecuatoriano se ufanaba de
los triunfos de Ricardo Icaza y Raúl Viver. Con sendos títulos
mundiales, por esos días, Icaza y Viver eran los jugadores más
importantes del país.
Paralelamente, un joven de 17 años alcanzaba su primer triunfo
en el tenis nacional. Su éxito trascendería al ámbito
internacional. En 1977, Gómez ganó el Torneo Sudamericano Sub
18, que se realizó en Caracas, Venezuela.
Andrés Gómez recuerda que, en esa época, el tenis nacional
contaba con ocho o nueve jugadores de un nivel "bastante
parejo". No obstante, la competencia era solamente casa
adentro puesto que los torneos internacionales eran
esporádicos.
Un año después del triunfo en Venezuela, en un partido junto a
Viver, Gómez obtuvo la Copa Bolivia, que se disputaba en
Bogotá, Colombia. Hasta entonces, el "Zurdo de Oro" no
aparecía en el gran mundo del tenis. No obstante, el año no
terminaría sin ese gran momento...
Nace una estrella
"En 1978 jugamos la Copa Davis contra Argentina, yo todavía
era un juvenil y vino José Luis Clerc como número diez del
mundo, jugamos un gran partido en el coliseo cubierto y la
gente empezó a fijarse en mí. Un año después le gané a Vitas
Gerulaitis en el Grand Prix de Quito. Era el número tres del
mundo. Ese fue mi primera gran victoria", anota Gómez.
Pero, el maratónico partido contra el estadounidense Jimmy
Connors, por la tercera ronda del US Open, fue el
"empunjoncito".
"A pesar de que perdí el partido, creo que fue mi presentación
al mundo. El partido duró cuatro horas y media y fue
transmitido en vivo a los Estados Unidos y a otros países",
señala.
Tres semanas después, en una notable actuación, Gómez ganó el
abierto de Bordeaux (1981), en Francia, su primer torneo de la
Asociación de Tenistas Profesionales (ATP).
Precisamente, el país que en 1990 lo vería llegar a la cima
del mundo tenístico, cuando venció en Roland Garros.
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Lo que Miguel Olvera Mora, de 59 años de edad, recuerda con énfasis de Gómez es su capacidad para varios deportes. Aunque, el primer entrenador del "Zurdo de Oro", señala que "tal vez eso perjudicó su desarrollo como tenista" Inclusive, su afición por el fútbol -recuerda Olvera- lo mantuvo un tiempo al borde una grave lesión, que le pudo costar su carrera deportiva. "Cuando Andrés tenía 15 años se lesionó jugando fútbol. El médico que lo atendió (Eduardo Alcívar) dijo que el problema en su pierna derecha casi le obliga a utilizar silla de ruedas", confiesa, quien aún conserva una figura delgada y su jovial aspecto de siempre. Tarea cumplida Olvera, quien como jugador se caracterizó por la garra y temperamento que ponía en cada partido, afirma que cada vez que Gómez obtenía triunfos sentía "la satisfacción del deber cumplido. Era la prueba de que se trabajó con acierto", agrega. Afirma que, en sus inicios, Gómez tenía un juego antitécnico. "Era su golpe de derecha; nunca traté de cambiarlo porque era su arma secreta...", expresa. Algo similar sucedía con su saque, aunque Olvera señala que Andrés "tuvo que pulirlo con mucho esfuerzo", tras lo cual -explica- "dejó de sufrir los dolores en su hombro izquierdo". Sin frustraciones Al igual que Gómez, Miguelito Olvera no siente ningún tipo de frustración porque su ex alumno no llegó a ser el número uno del mundo. "Estuvo muy cerca de lograrlo; creo que sí tenía las condiciones", afirma. "Esto del tenis es algo muy difícil y tan extenso", expresa al tiempo que su mirada se pierde en el tiempo y espacio, como si evocara recuerdos. De ese instante, a inicios del decenio del 70, cuando Pedro Pablo Gómez llegó a la escuela del Guayaquil Tenis Club, con su hijo de la mano. Ese muchacho inquieto que le dijo con la amabilidad de siempre: ¡Hola, cómo está Miguel!... |
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