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A los 29 años, Alex Aguinaga, luego de haber realizado más del
60 por ciento de su carrera en el Necaxa, casi sin darse
cuenta, está en la etapa final de su exitosa carrera como
futbolista.
De niño prodigio, pasó a ser la revelación y líder del
Deportivo Quito, a finales de la década pasada. Al mismo
tiempo, se proyectaba como uno de los jugadores más completos
que ha tenido la selección nacional. Luego vino el fútbol
mexicano y su ratificación como un deportista excepcional, en
México y en la selección.
A su edad, todavía no es una utopía que viaje a Europa. Por su
estilo de vida y su profesionalismo, le esperan, por lo menos,
seis años más de actividad en el deporte rey.
Los años en el Necaxa, sin duda, pesan a la hora de proyectar
su futuro. El mismo lo dijo en cierta oportunidad. Le gustaría
dedicarse a la dirección técnica y, claro, empezar en el
equipo de los "Rayos".
Y Alex es más que prevenido. Hace dos años se graduó como
entrenador en la Asociación de Fútbol Mexicano. No ha dejado
nada al azar. Siempre quiere mejorar.
Dos personas que lo han dirigido, Eduardo Bores y Dussan
Draskovic, coinciden en un detalle: toda la vida ha tenido un
objetivo, superarse a sí mismo.
Con Bores, el DT de su niñez, Aguinaga se ganó el liderazgo
dentro del grupo en base a talento y fue un ejemplo para los
otros chiquillos.
Con Dussan, en su primera práctica, en 1988, Alex mostraba
algo de pereza. El europeo, luego, sermoneó a todos los
seleccionados, y en especial al mediocampista. Eso fue todo.
De pronto, Aguinaga dejaba atrás todos los récords de alta
competencia para el medio ecuatoriano. "Y lo hace hasta ahora.
Es increíble", anota Draskovic.
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