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Cuando el Milán soñó tenerlo...




Copa América de Brasil. Año 1989. A la cálida ciudad de Goiania, sede del grupo II del certamen, que incluyó a Uruguay, Argentina, Bolivia, Chile y Ecuador, llegaba uno de los entrenadores más exitosos de los últimos años, en aquel tiempo asistente técnico del Milán italiano, Fabio Capello.
En ese torneo, la selección ecuatoriana se había convertido en la revelación. Venció 1-0 al campeón reinante de América, Uruguay, en el primer partido, y luego, en su segunda presentación, empató 0-0 con Argentina. El monarca del balompié mundial apenas pudo empatar con la tricolor, gracias a que el defensor, Jimmy Izquierdo, falló un penal.
Capello, por su parte, había arribado a tierras brasileñas haciéndose pasar por periodista de la Radio y Televisión Italiana (RAI). Su intención: fichar para su equipo a un jugador ecuatoriano, provisto de un talento singular, Alex Darío Aguinaga.
El europeo, ataviado como reportero, buscó a su colega, el montenegrino Dussan Draskovich, DT del plantel nacional durante ese campeonato, para entrevistarlo. Lo hizo. Después le reveló quién era y qué objetivo tenía.
"Desde esa época, Capello y yo hicimos una buena amistad. El estaba muy entusiasmado con la idea de llevarse a Aguinaga, pero creía que todavía era del Deportivo Quito. Cuando, en realidad, ya lo habían vendido al Necaxa de México", recuerda Draskovic, quien le aconsejó al jugador ecuatoriano, antes de la Copa América, que meditase más sobre su ida al fútbol azteca porque el campeonato continental sería una gran vitrina para él.
Capello, al saber que Aguinaga ya estaba vendido, lo primero que preguntó fue ¿en cuánto? Draskovic le respondió que en más de 300 mil dólares. "No sabes de la que me salvaste. El Milán estaba dispuesto a pagar hasta tres millones por su pase", expresó Capello, entre sorprendido y desilusionado, a Dussan.
Ese mismo 89, espías del Barcelona y del Real Madrid también tuvieron intenciones de llevarse al volante. Pero la transacción ya estaba hecha. Aguinaga era, definitivamente, de los "rayos" del Necaxa, equipo en el que ha jugado durante los últimos ocho años.
Para Draskovic, si Aguinaga esperaba un poco más, su futuro estaba al otro lado del Atlántico. Luego pasó el tiempo y los directivos del Necaxa no lo quisieron vender, conscientes de las capacidades del ibarreño.
Otra perla de Dussan Draskovic: en la Copa América de Uruguay, hace dos años, un dirigente británico del Middlesburg United, el equipo donde jugó el famoso brasileño Juninho, estaba decidido a comprar el pase del "Güero" Aguinaga. Lo comentó a Dussan antes de intentarlo. Luego, fracasado, le dijo que todo era inútil: "piden sumas millonarias e, inclusive, si les pagan el dinero que quieren, rechazan la oferta o prolongan las negociaciones. No quieren perderlo".



NO ENCONTRARAN A OTRO IGUAL


Alfredo Encalada viajó, el año anterior -invitado por Aguinaga-, a la Ciudad de México. Ahí, el ex futbolista, y ahora entrenador, comprendió las dimensiones que tiene Alex en ese país.
En una función de teatro, a la que asistieron Alex y Encalada, el famoso y veterano actor mexicano, Roberto Gómez Bolaños -alias Chespirito-, saludó efusivamente al futbolista nacional, aunque le aclaró que era hincha del América. "Jugadores como él deben venir siempre a México. Con esas condiciones deportivas y, por supuesto, humanas", expresó el comediante a Encalada.
Es más, el técnico del Necaxa, Manuel Lapuente, expresó, a inicios de esta temporada: "el club puede perder todo, menos a Aguinaga. No se vende por nada". En la tierra de los tacos y el mariachi, sin duda, Alex es un ídolo.
Su situación económica es más que cómoda. Es que el Necaxa (propiedad de Televisa) y el América, son los equipos más solventes de la Liga Mexicana de Fútbol. Pagan los mejores sueldos y mantienen al día a sus jugadores.
Para Draskovic, el conjunto blanco y rojo no se desprende de Aguinaga por una sola razón: no encontrarían a otro igual en el mundo, por el precio que lo compraron.

 

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