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PAPARAZZI EN EL BANQUILLO

Apenas unos días antes de su muerte, la princesa de Gales y Dodi Al-Fayed visitaron a la vidente Rita Rogers en Chesterfield (norte de Inglaterra).

Nada se pudo saber de lo que la mujer les dijo y el hecho habría pasado desapercibido de no ser porque dos niñas fotografiaron a la pareja.

Un periódico nacional pagó por las instantáneas 3.000 libras (4.500 dólares) a la familia de una de las menores, pero, según los paparazzi, las fotografías podrían haber alcanzado el precio de 100.000 libras si las niñas hubieran recurrido a un agente.

Por algo Diana arremetió contra la prensa sensacionalista y la calificó de "feroz" en su última entrevista, publicada por el diario parisiense "Le Monde" el miércoles anterior a su desaparición. "No perdona nada, solo busca el error. Cada intención es desviada, cada gesto criticado", sentenció Lady Di, sin sospechar que los paparazzi que la habían acosado durante los últimos 16 años iban a estar presentes hasta en el momento mismo de su muerte.

Un motociclista y seis fotógrafos especializados en robar a toda costa imágenes de la vida privada de las celebridades fueron detenidos en París tras el accidente bajo el Puente del Alma.

Después de acusarlos de "homicidio involuntario" y "no asistencia a personas en peligro", la Justicia francesa los dejó en libertad condicional.

Si tras un juicio se les llegara a encontrar culpables, deberán cumplir penas de hasta cinco años. Sobre ellos -y su gremio en general- se ciernen hoy las acusaciones de personalidades y gobernantes de todo el mundo, de la gente común e, incluso, de fotógrafos que insisten en diferenciar su trabajo del que ellos hacen.

"La motivación del reportero gráfico es la información y la del paparazzi es el dinero", afirma el fotografo de la AFP en Italia, Julien Gerard.

Sin embargo, para el italiano Tazio Secchiarolo -que inspiró el personaje del "paparazzo" en la película "La Dolce Vita", de Fellini-, "la falta está en las dos partes".

"Es cierto que los paparazzi molestan, pero si se les deja tomar la foto, luego se van", señala. Las acusaciones se extienden también a los directores y propietarios de los medios sensacionalistas, "que alimentan la profesión de los paparazzi".

"Tienen sangre en sus manos", ha dicho Earl Charles Spencer, hermano de la princesa Diana, señalando a los directores de diarios que pagaron enormes sumas por obtener fotos de Lady Di.

 

DUDAS

RUMORES DE ATENTADO LLEGAN DESDE EL CAIRO

La noticia de la muerte de Lady Di y su novio egipcio apenas empezaba a circular por el mundo cuando surgió el rumor de un atentado.

La semana siguiente, en las calles de El Cairo, a nadie le cabía la menor duda de que el líder libio, Muhamar Gadafi, no se equivocaba al afirmar que "los servicios secretos británicos y franceses" habían fraguado el accidente, "para evitar que la princesa "se casara con Dodi Al-Fayed, porque era un ciudadano árabe y musulmán".

"No podían consentir que amara a un musulmán. Es nuestro destino de árabes, la gente no nos quiere", se quejó un funcionario público en un café.

De hecho, la sola posibilidad de que la princesa de Gales estuviera contemplando la posibilidad de casarse con Al-Fayed había causado revuelo en Gran Bretaña durante todo agosto.

¿Acaso Diana estaba pensando darle a su hijo Guillermo, futuro rey de Inglaterra, un padrastro árabe?, era el comentario general.

Más allá de la historia de enfrentamientos que marca distancias entre británicos y egipcios, estaba la "ficha" personal de Dodi que, aparte de ser un reconocido playboy, era hijo Mohamed Al-Fayed, un "nuevo rico" rechazado por la nobleza londinense. Al-Fayed padre, dueño de los almacenes Harrods en Inglaterra y del hotel Ritz y la residencia de los Windsor en París, no ha logrado que el Gobierno le otorgue la ciudadanía británica pese a sus donaciones e intentos por congraciarse con las clases altas.

Además, pesa sobre él la acusación de estar implicado en casos de soborno que perjudicaron seriamente al Partido Conservador.

Sin embargo, están también quienes se preguntan si lo que mató a Diana no fue su reciente toma de posición política.

Ya divorciada del príncipe de Gales y enrolada en una intensa campaña por la eliminación de las minas antipersonales, Lady Di se había permitido criticar la "poco esperanzadora" actitud del gobernante Partido Conservador.

La ya irritada casa de Windsor debió soportar, además, que la princesa expresara su abierto apoyo al Partido Laborista -que triunfó en las elecciones de mayo pasado-, a sabiendas de que la familia real se inclina por los conservadores y de que a sus miembros les está prohibido inmiscuirse en política.


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