Banner, Diana para siempre 1961-1997

EL "FRACASO DEL SIGLO"

Diana tenía apenas 19 años cuando el Palacio de Buckingham hizo oficial su noviazgo con el príncipe Carlos, heredero de la Corona y 13 años mayor que ella.

De la noche a la mañana, la joven y tímida instructora parbularia, que entonces trabajaba en un jardín de infantes, se convirtió en la "presa" favorita de la prensa. Carlos, el soltero "más codiciado" de la realeza en esos días, sufría la presión de la casa de Windsor, empeñada en que el príncipe se casara y engendrara pronto un heredero.

Cuentan las revistas del corazón que, arrepentido de no haber tomado años antes la decisión de casarse con quien había sido su amor de siempre, Camilla Parker Bowles, el príncipe de Gales entabló relaciones con varias jóvenes nobles o ricas herederas, entre las que se cuenta Sara Spencer, hermana mayor de Lady Di. Las candidatas, sin embargo, terminaban siempre descartadas por el propio Carlos, porque la familia real las consideraba demasiado "liberales" como para ajustarse a los rígidos cánones de la realeza, o porque -como le sucedió a Davina Sheffield- se llegó a conocer que no eran vírgenes.

Convencida de que la postulante ideal era la noble Diana Spencer, que aparte de compartir sus juegos de niñez con los príncipes Carlos y Andrés había sido educada en las más notables escuelas de Inglaterra y Suiza, la reina Isabel II insistió con su hijo para que la cortejara. Según los biógrafos de Buckingham, lo mismo habría hecho Camilla, la antigua novia del príncipe, quien a pesar de estar casada sostenía su relación con Carlos, y creía ver en Diana a una mujer lo suficientemente "flexible" como para no convertirse en un obstáculo insalvable.

Poco antes de la "boda del siglo", celebrada el 29 de julio de 1989, la prensa le preguntó a la pareja si estaban enamorados. "Por supuesto", respondió Diana. "Lo que se llame amor", dijo Carlos, como para evitar una mentira. Para septiembre de 1984, el nacimiento del príncipe Enrique, segundo hijo de la pareja real, no lograba ocultar que el príncipe, amante de la jardinería, la música clásica y la arquitectura, nada tenía que ver con su joven esposa, devota de la música pop y las discotecas.

Aunque Buckingham lo desmentía, el distanciamiento de Diana y Carlos se hizo evidente a mediados de los 80.

Eran muy pocos los actos públicos a los que asistían juntos y, según las biografías de la princesa, fue en esos años que ella empezó a sufrir de depresión y accesos de bulimia. Después se conocería que había intentado suicidarse cinco veces.

En agosto de 1992, el diario "The Sun" publicó una conversación de Diana con James Gilbey, su presunto amante. A fin de año, la pareja se separaba oficialmente y, solo unos meses después, el "camillatape", la grabación de una íntima conversación entre Carlos y su "buena amiga", volvió a sacudir a Buckingham.

Dos años más tarde, en una entrevista concedida a la cadena BBC, Diana afirmó que realmente había amado a su esposo, pero que no podía soportar un "matrimonio de tres".

Aquel 20 de noviembre de 1995, la princesa de Gales admitió ante la TV que le había sido infiel a Carlos con el oficial de Caballería James Hewitt.

LOS AMANTES


SOLAMENTE UN VERANO

Fueron los propios paparazzi, incansables acompañantes de Lady Di hasta el momento mismo de su muerte, quienes descubrieron el romance de la princesa con Dodi Al-Fayed, conocido por su fama de playboy.

Desde julio pasado, Diana y el productor de cine -que financió filmes como "Carruajes de fuego" y "La letra escarlata"- multiplicaban las escapadas a propiedades o en yates del multimillonario Mohamed Al-Fayed, padre de Dodi y propietario de los Grandes Almacenes Harrods de Londres y del Hotel Ritz de Paris.

Dicen los cronistas de la familia real británica que la princesa parecía haber encontrado al fin la felicidad. Diana Spencer, de 36 años, cuya padre era amigo del dueño de Harrods, y Dodi, de 42, se habían conocido hace 10 años en Windsor, durante un partido de polo, deporte favorito del príncipe Carlos.

Pero el romance propiamente dicho databa del comienzo del verano, cuando la princesa y sus hijos fueron a pasar unos días en la quinta que Mohamed Al-Fayed posee cerca de Saint-Tropez, en la Costa Azul francesa.

El 10 de agosto pasado, un "paparazzo" vendía al "Sunday Mirror", por medio millón de dólares, varias fotos de Diana y Dodi tomando el sol y besándose a bordo del yate "Jonikal", fondeado frente a las costas de Córcega y de Cerdeña.

Para entonces, la prensa sensacionalista se perdía en especulaciones sobre un segundo casamiento de la princesa y sobre su eventual partida de Gran Bretaña. Antes de llegar a su cita con la muerte, Diana y Dodi habían pasado una semana juntos en la Riviera Francesa.

Este último viaje demostró la soberbia indiferencia de la pareja, que ya no se escondía, ante la campaña lanzada en Londres por la modelo californiana Kelly Fisher, que había denunciado a Dodi por incumplimiento de promesa matrimonial. (AFP)


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