Un logo a la izquierda
| Benjamín Ortiz Brennan |
I
mprimir el logotipo del HOY, a la izquierda, y ubicar un breve editorial en primera
página, al que bautizamos con el nombre de Opinión, fueron dos recursos destinados a
transmitir a los futuros lectores, la percepción de que el periódico que salió a las
calles el 7 de junio de 1982, era diferente.
Cada generación, según versiones un poco arbitrarias de la historia del periodismo,
parece haber intentado fundar un nuevo periódico. Los motivos han sido diversos. En unos
casos, dar salida al caudal de ideas retenidas en los diques de la prensa tradicional. En
otros, poner a salvo las enseñanzas de la Iglesia de las asechanzas del laicismo. O dotar
de voz a grupos económicos y políticos. Muy diferentes esos periódicos, por dentro,
pero con la obstinación de parecerse a los líderes de la época, por fuera.
Cuando Jaime Mantilla me propuso unirme a su propósito de fundar un nuevo periódico,
nuestra distinta experiencia -la suya en la gerencia de un periódico y la mía en la
dirección de noticieros de televisión- nos llevó a la misma certeza de que los
periódicos, tal como se habían publicado hasta entonces, estaban destinados a cambiar y
mucho.
La televisión había convertido la comunicación en un fenómeno visual. También
despojó a los personajes de la aureola que proporciona la distancia frente al público y
los transportó con sus destellos a los hogares. Los tiempos para informarse se apretaron
y cambiaron de ritmo. Al otro lado, en los periódicos de países con la tecnología de
punta, el computador, a principios de los años ochenta, abría las puertas al diseño
gráfico, mientras las rotativas a color amenazaban el austero semblante de los
periódicos grises.
HOY nació escrito en computadores, diseñado hasta el último detalle, a color y lleno de
infográficos. Las noticias fueron, desde los comienzos, breves y fáciles de leer, pero
sin caer en lo que Daniel Samper, desde su exilio español, ha bautizado como las noticias
"tapas", es decir puro bocadillo y nada de fondo ni extenso. No hemos regateado
el espacio para los reportajes vibrantes. Tampoco para páginas editoriales espontáneas,
irreverentes, plurales. ¿Será falta de modestia decir que también han sido páginas
inteligentes?
Temas sobre el Primero de Mayo, las historias del movimiento indígena, las demandas de
las mujeres, antes tratados con avaricia, fueron difundidos generosamente por HOY. Quizá
por ello, en algunos círculos que acomodan a los demás dentro de sus esquemas de
prejuicios, saltó la sospecha de que HOY era un diario, no sólo con el logo, sino
también con el corazón ubicado a la izquierda.
Sin embargo, otras militancias de distinto color, se desconcertaron cuando el mismo diario
mostró, sin reservas, el fracaso del comunismo y el vuelco del mundo, al final de los
años ochenta, en dirección a la sociedad global y a la economía de mercado. O las
noticias sobre los tropiezos que ha tenido el Ecuador para adaptarse a una economía
distinta, que no acaba de admitir como una realidad.
¿Cómo explicar tales variantes informativas? Es simple. Siempre fue información.
Información independiente, en un mundo que ha cambiado más allá de toda previsión, en
donde el protagonismo y su temática se ha desplazado del Estado y la confrontación, a la
sociedad civil, las empresas y la concertación.
Los articulistas de HOY, como es bien sabido, provienen de todos los sectores ideológicos
y respiran a pleno pulmón su libertad de expresarse; pero algunas de nuestras más
vigorosas plumas, jamás han escondido su compromiso social frente al Ecuador, abrumado
por la pobreza de los dos tercios de su población.
HOY vio la luz cuando en el país estaba adormecido en el lecho de la repentina riqueza
petrolera, pero al cabo de sólo dos meses, en agosto de 1982, el sueño se convirtió en
pesadilla. El Banco Central no tuvo las divisas para pagar los dividendos de la deuda. La
crisis perpetua y las brazadas del país para nadar en medio de un mar de adversidades,
han formado los escenarios noticiosos de la era democrática.
Allí el periódico ha cumplido labores de perro guardián, cuando ha sido necesario
ladrar a déspotas, autoritarios y ladrones, en defensa de la democracia y del patrimonio
de todos, así como resistir con altivez la persecución y la intimidación. HOY ha debido
rehuir, como quien escapa de una alienación perversa, de la confusión entre informar
sobre política, con la acción en la política. Periodismo y política comparten el
terreno de la vida pública pero en distinta forma. El periodismo es testimonio y la
política búsqueda y ejercicio del poder.
Los desafíos hacia el futuro están en temas que permanecen ocultos o están a media luz:
la ciencia y la técnica, la emergencia y protagonismo de los grupos sociales marginales,
la calidad de educación para que sea posible la calidad de vida, la paz, las fronteras
cerradas, la sociedad planetaria. Y la lucha contra la corrupción, en donde podrían
naufragar las esperanzas de un país que debe -de una vez por todas- creer en sí mismo.
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