Ventura y desventura de la izquierda radical

DEMOCRACIA
Carlos Arcos Cabrera

E l 2 de octubre de 1984, un grupo de hombres armados ocupaba las instalaciones del diario Hoy. Se trataba de un comando del movimiento Alfaro Vive ¡Carajo!, que lo hizo con el propósito de difundir su programa político. Cuatro meses antes, León Febres Cordero había iniciado su gobierno. Triunfó en las elecciones a base de una agresiva campaña contra el gobierno de Osvaldo Hurtado y ofreciendo al país una radical reforma económica y política de corte neoliberal. Febres Cordero capitalizó en las elecciones el descontento que la izquierda llevó a las calles, en varias sonadas huelgas contra el primer gobierno democrático. La primera experiencia de la nueva derecha tuvo más de autoritarismo y de violencia que de reformas, pues estas quedaron sepultadas por la misma violencia que desencadenó aquel régimen.
Cuatro años y cinco meses después, el 7 de marzo de 1989, los dirigentes sobrevivientes de Alfaro Vive ¡Carajo! firmaban un acuerdo con el gobierno de Rodrigo Borja, de centro-izquierda, para dejar las armas. El grupo insurgente había sido diezmado por la implacable persecución a la que lo sometió Febres Cordero. La mayor parte de sus dirigentes y militantes estaban muertos o detenidos.
En Alfaro Vive ¡Carajo! confluyeron las ideas políticas nacidas con la revolución cubana y las utopías que en jóvenes ecuatorianos, de diversos estratos y creencias, despertó el triunfo de los sandinistas en Nicaragua en 1979. Fue una tragedia. Las tentativas insurreccionales de la izquierda ecuatoriana concluyeron, y con ellas una historia que arrancó a inicio de los años sesentas, con el intento guerrillero más fugaz de América Latina, el del Toachi -48 horas en armas- y de otros, menos conocidos, que se dieron en los setentas para hacer la revolución por la vía de las armas.

Democracia y votos

Otra faceta de la izquierda radical es su experiencia en las lides democráticas desde 1978. Tuvo como actores al Frente Amplio de Izquierda, FADI, el rostro electoral del Partido Comunista Ecuatoriano de la línea de Moscú y La Habana -llamados también cabezones-; el Movimiento Popular Democrático, expresión electoral del Partido Comunista Marxista Leninista -los chinos y el viejo Partido Socialista Ecuatoriano. Se excluyen de la tendencia los partidos de oportunidad, como el APRE. Representaban a las varias fracciones en que la izquierda marxista, no sólo ecuatoriana sino también latinoamericana, se había ido escindiendo al impulso de las rupturas del movimiento comunista internacional, particularmente del cisma chino-soviético y de la revolución cubana, según los diversos planteamientos sobre la lucha armada y el socialismo. Fue a la luz de estos conflictos, antes que al rigor de una comprensión de las características de la sociedad ecuatoriana, cómo la izquierda radical definió sus estrategias en la política local, su compromiso instrumental con la democracia y sus programas políticos y económicos.
Por sobre sus diferencias y más allá de los eventuales llamados que hicieron a la revolución o a la insurrección armada, las tres fuerzas que conformaban la tendencia se movieron siempre en dos niveles: la participación electoral, por una parte y, por otra, una política de masas consistente en un apoyo irrestricto al sindicalismo público, a la presencia estatal en la economía y en la provisión de servicios públicos, así como a las demandas obreras y campesinas por mejores condiciones de vida. Pero una visión reduccionista de la realidad ecuatoriana llevó, entre otras cosas, a ignorar la formación del movimiento indígena, que irrumpe en el escenario político en 1990 con una fuerza desconocida y que estremece hasta los cimientos a la sociedad ecuatoriana.
Caído el Muro de Berlín, extinguido el socialismo soviético, aislada Cuba y con China volcada a una impetuosa transformación en economía de mercado y en potencia económica, es difícil, desde el presente, comprender el significado de las diferencias que, para la sociedad ecuatoriana, tenían las propuestas de las diversas fracciones. La participación electoral de la corriente alcanzó su punto culminante en 1988, precisamente después del gobierno de Febres Cordero, cuando obtuvo el 15% de los votos, divididos entre dos binomios. El primero representaba una alianza impensable entre el MPD y el FADI -chinos y cabezones-, que en más de una ocasión dirimieron a bala el control de sus territorios, especialmente las universidades estatales. La alianza desembocó, al año siguiente, en la ruptura del FADI y en la organización de Liberación Nacional, LN, que llegó al Congreso en una ocasión. El paso del LN por el escenario político concluyó con la participación de dos de sus fundadores y varios de sus principales dirigentes en el lumpesco gobierno de Bucaram. El otro binomio estuvo conformado por Frank Vargas, el general que se levantó contra Febres Cordero, y que también fue figura del "bucaramato", y Enrique Ayala, del Partido Socialista.
Visto en perspectiva, el resultado alcanzado en 1988 implicaba un crecimiento apreciable en la votación, pues en la primera elección, de 1978, apenas fue del 4%. ¿Acumulación de fuerzas? La votación por la izquierda radical en 1988 reflejó el rechazo a Febres Cordero. En las elecciones presidenciales siguientes, en 1992, la tendencia vio reducida su votación apenas al 5%. La debacle electoral, en plena Perestroika, llevó a la virtual desaparición del FADI. El Partido Socialista apenas obtuvo 88 mil votos, muy por debajo de los 384 mil de 1988. El menos afectado fue el MPD, aunque su votación también fue en descenso.
En las diputaciones provinciales tuvo más fortuna, aunque sin que haya puesto en peligro la hegemonía de los partidos no marxistas. En las elecciones de 1986 y 1990, la tendencia alcanzó el 18% de los votos válidos. Este porcentaje era un indicador de potencialidad antes que un valor efectivo. Las fracciones ganadoras variaban: una vez el socialismo, otra el MPD. El Partido Socialista se convirtió, en 1990, en la quinta fuerza política, en cuanto se refiere al número de diputados provinciales electos. Sin embargo, dos años después los perdió. El MPD tuvo una experiencia similar: en 1994 alcanzó una significativa representación parlamentaria, que no pudo mantener en la elección siguiente.
El voto por la izquierda como tendencia no fue un voto duro, ni su electorado fue cautivo. No acumuló fuerzas, ni experiencia electoral durante el período democrático.

Los nuevos actores

Mientras la izquierda se mantenía aferrada a sus propuestas, a lo largo del período democrático la sociedad ecuatoriana experimentó una revolución de los derechos y de las representaciones. Incubó silenciosamente nuevos actores sociales, nuevas demandas y formas de representación de esas demandas que superaron las tradicionales y, hasta cierto punto, agotadas reivindicaciones económicas hacia el Estado, en su calidad de árbitro y mecenas. Estas fueron la razón de ser del movimiento sindical, público y privado, que ocupó el escenario social en los ochentas y que fue el público predilecto de la izquierda. Indios, afroecuatorianos, mujeres, ecologistas, niños, jóvenes, etc., irrumpieron en el escenario social y político demandando derechos. Estas demandas reafirman los mecanismos democráticos, pues son realizadas al interior del sistema democrático, pero a la vez los subvierte radicalmente. La izquierda marxista -que ha sido tradicionalmente más estatal que societal, más autoritaria y directiva que participativa-, no entendió este cambio. Los resultados electorales que alcanzó a lo largo de estos años democráticos pueden ser considerados un indicador de la distancia entre sus enfoques y la sociedad.
¿Otros tiempos? El Movimiento Pachakutik-Nuevo País surgió en 1996, con una alianza entre diversos sectores sociales. Que este movimiento sea más ruptura que continuidad, más propuesta hacia el futuro que reiteración de viejos dogmas, dependerá de su capacidad de proponer alternativas de modernización de la economía -para superar la pobreza-, así como de su habilidad para lograr que el sistema político se abra a las demandas y expectativas de la nueva sociedad formada en la democracia.

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