Fuerzas Armadas y modernización

FF.AA
General Paco Moncayo

L as instituciones, como parte de un sistema político y social, se encuentran condicionadas en gran medida por la naturaleza del entorno. Así, el desarrollo de la sociedad ecuatoriana en el marco del sistema hacendario influyó en gran medida en la forma de organización y funcionamiento de las instituciones ecuatorianas, entre ellas, la de sus Fuerzas Armadas.
Fue la revolución liberal con sus mejores logros -la secularización de la sociedad, el laicismo, el acceso a la educación por parte de las clases medias y bajas, el acceso de universitarios a la carrera militar, la llegada de misiones extranjeras, la salida de militares al exterior, el culto al mérito, etc.- la que impulsó definitivamente a las Fuerzas Armadas hacia la modernidad.
Sin embargo, todavía las prácticas hacendarias transformaban a las unidades militares y a la institución misma en reproducciones del sistema hacienda. El mando superior y los mandos medios reflejaban de alguna manera a la jerarquía rural y la tropa constituía una forma de peonada.
La modernización del Estado, fruto de una diferente inserción del país en el sistema internacional, de la producción de excedentes socialmente aprovechados, gracias a la explotación petrolera, el acceso a esquipamiento sofisticado, la salida de oficiales y tropa al exterior, la integración generada por los medios de comunicación social y especialmente la modernización de los sistemas educativos, provocó un cambio fundamental de la institución militar.
Por otra parte, la guerra fría y la difusión de las percepciones sobre la amenaza comunista, introducida entre los militares ecuatorianos desde la óptica de intereses extranjeros, obligó a nuevas definiciones doctrinarias y a la capacidad de definir aproximaciones propias para problemas que se encontraban en el centro del conflicto interno e internacional. Otra vez, la educación inaugurada por Alfaro vino a actuar en provecho de actitudes abiertas y críticas por parte de los militares.
La participación en política, fruto de dos gobiernos militares, obró también en beneficio de la institución castrense, toda vez que sacó a los militares de los cuarteles y les puso en contacto con una tecnocracia refinada, bien instruida y excelente aliada al momento de comenzar a diseñar mejores días para el futuro para el país. No debe olvidarse que la planificación fue privilegiada por esos gobiernos.
En ese proceso, los militares de mentalidad más moderna comenzaron a hablar de una administración empresarial para la institución y sus unidades. Los mejores avances en las técnicas administrativas fueron necesarios para administrar elementos tan complejos como buques de guerra, aviones supersónicos, brigadas blindadas, comunicaciones por microondas, sistemas de misiles, etc. Estos elementos se cultivaron con esmero en los sistemas educativos militares.
Sin embargo, siguiendo la tendencia nacional hacia la desarticulación, también las Fuerzas Armadas se desarrollaban como compartimentos estancos, criterios como los de interoperabilidad, sincronización o sinergia eran desconocidos. Todavía cada Fuerza era hasta un competidor por recursos y un mundo desconocido para las otras dos.
En los últimos años, el fortalecimiento del Comando Conjunto, la creación del Instituto Nacional de Guerra, al que acuden oficiales de las tres Fuerzas y de la Policía Nacional, y la introducción de criterios modernos de planificación estratégica institucional han permitido un nuevo salto cualitativo en la administración militar. Ahora se considera a la planificación estratégica como una herramienta de manejo del cambio que ayuda a construir el futuro desde el análisis del entorno y sus proyecciones para detectar oportunidades y amenazas que debidamente aprovechadas o enfrentadas, según sea el caso, permiten a la institución el avance hacia su visión del futuro.
La nueva planificación tiene un enfoque de sistemas. Entiende a la institución como un subsistema del sistema nacional, compuesto, a la vez, por sus propios sistemas interdependientes e interactuantes. Ya no se ven las Fuerzas a sí mismas como entes aislados y todos se sienten parte de sistemas mayores, lo que les ayuda a elaborar plantes realistas y les permite usar con mayor eficiencia sus recursos. En épocas de incertidumbre y recursos tan escasos como las actuales, este enfoque viene a ayudar a obtener los objetivos trazados en términos de eficiencia y calidad.
La institución militar ve su futuro en los siguientes términos: "Unas Fuerzas Armadas altamente operativas; sistemáticamente integradas; conformadas por personal moral e intelectualmente calificado; tecnológicamente actualizadas; armadas y equipadas con capacidad disuasiva, para enfrentar amenazas externas e internas; apoyadas con reservas adecuadamente organizadas, equipadas y entrenadas: en condiciones de integrarse a fuerzas multinacionales; que participen en el desarrollo social y económico del país; estrechamente integradas con la población civil; garantía del ordenamiento democrático y respetuosas de los derechos humanos". Y al logro de esa que podríamos llamar imagen objetivo están dedicando sus mejores esfuerzos y capacidades.
Las Fuerzas Armadas han experimentado una notable modernización institucional. Una de las áreas que más atención ha merecido ha sido la de la capacitación. Jefes, oficiales y tropa han concurrido a los principales centros de formación y perfeccionamiento del continente y del mundo, logrando en la actualidad encontrarse profesionalmente en un nivel alto, comparable -en ocasiones, con ventaja- con militares de otros países y regiones.
El aporte de esos oficiales y voluntarios, que han retornado luego de graduarse en centros de capacitación de alta calidad, ha permitido elevar el nivel de educación de los propios institutos nacionales.
Las Fuerzas Armadas han mantenido un noble compromiso con el desarrollo del país. A lo largo de la historia, su participación en la vida política ha constituido un aporte al mejoramiento de la comunidad nacional. En razón de la pertenencia social de los mandos y de las tropas antes que un proceso de desclasamiento, que solamente se ha producido en casos excepcionales, ha existido un comprometimiento con los intereses de los grupos sociales medios bajos que sustentan la conformación de esta institución.
Han contribuido al desarrollo económico construyendo caminos; creando industrias, entre estas algunas estratégicas como es el caso de la aeronáutica y de los astilleros navales: desarrollando un casi inexistente sector de la transportación aérea y marítima, y también aportando con la indispensable seguridad que exige el capital extranjero para invertir en áreas de especial importancia como la minera. Han participado en el desarrollo agropecuario y forestal, no solamente con la creación del más calificado centro de capacitación universitaria, sino especialmente con la conscripción agraria que fue dirigida al campesino que cumple su servicio militar. Por otra parte, los ingresos generados por estas actividades han sido destinados casi en su totalidad a nuevas inversiones, creadoras de empleos productivos para miles de familias civiles, mientras que con los remanentes han satisfecho necesidades presupuestarias, ahorrando así al Estado recursos que este ha podido dedicar al gasto social.
Apoyan al desarrollo del conocimiento con el funcionamiento de centros de investigación como la Escuela Politécnica del Ejército, los institutos Geográfico y Oceanográfico, el Centro de Levantamiento de Recursos Integrados por Sensores Remotos, el Centro Latinoamericano de Historia y Geografía, los centros de Investigación Histórica, entre otros.
Seguras de que el desarrollo humano es la primera prioridad de un país que quiere desarrollarse, inculcan los valores cívicos y morales en los ciudadanos que cumplen el servicio militar, quienes, luego de un año de vida en el cuartel, regresan a sus actividades con valores y actitudes positivos, indispensables para una participación positiva en la vida del país. Algo similar sucede con la instrucción estudiantil, en la cual se imparten contenidos cívicos de defensa civil y del medio ambiente y de responsabilidad social. Súmese a esto el mantenimiento de una docena de colegios y liceos militares, navales y aeronáuticos, que entregan anualmente cientos de bachilleres íntegramente formados y, a la vez, oficiales para las reservas, debidamente entrenados, además de una prestigiosa universidad, dos institutos superiores -uno agropecuario y otro tecnológico- y se podrá valorar el aporte militar al desarrollo humano de la sociedad ecuatoriana.
Pero los programas de mayor importancia, los que mejor comprometen afectivamente a los soldados son aquellos de desarrollo de los grupos marginales del campo y las ciudades. Ese contacto con el Ecuador de los pobres, con el Ecuador real, ha sido beneficioso en doble sentido. Primero por su significado intrínseco y segundo porque, al extraer a los oficiales y soldados de sus cuarteles y comprometerlos con sus hermanos desposeídos, ha creado una nueva clase de soldados, que no pueden ignorar lo que sucede con la mayoría de ecuatorianos, que se comprometen con la necesidad de cambio y que se sienten entre los hermanos civiles en su medio natural. Las obras se orientan a las necesidades básicas y se realizan comunitariamente, abaratando así su construcción, multiplicando la inversión social e integrando a los hombres y mujeres a un compromiso con su propio destino.
También las Fuerzas Armadas se han comprometido seriamente con la defensa del medio ambiente. Cada cuartel es un vivero forestal. Cada conscripto y estudiante aprenden prácticas conservacionistas y es la institución que más árboles ha sembrado.
Los militares han aportado al desarrollo institucional desarrollándose a sí mismos, logrando una legislación austera y exigente, seleccionando con estrictez a los mandos, manteniendo un eficiente sistema educativo y alcanzando un alto grado de profesionalización. Por otra parte, han respetado la institucionalidad del país; han sido guardianes celosos y fieles del sistema democrático con la esperanza de verlo crecer, profundizarse y perfeccionarse, con el convencimiento de que la democracia no es un fin en sí mismo sino simplemente un instrumento para hacer realidad las aspiraciones de racionalidad, libertad, dignidad y justicia inherentes al desarollo que muchos aspiramos para los ecuatorianos.

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