ESTETICA

Michael Jackson
ANTES
Oro negro

Michael, el pequeño de los Jackson, estaba destinado a sacar de pobres a sus padres y sus siete hermanos. Su desparpajo al frente de los Jackson Five presagiaba lo mejor. Los resultados superaron todas las expectativas. El rechoncho Michael, convenientemente estilizado por el baile, el casco afro domado por un estilista y la nariz afinada por un cirujano, se erigió en ídolo planetario. Su disco Thriller se convirtió en el más vendido de la historia. Era una máquina de hacer dólares. Pero no estaba contento. Aún era negro. Mejillas llenas, mentón redondo, cejas tupidas, labios reventones. Un accidente en el rodaje de un video de Pepsi, que le dejó sin pelo y con la mano quemada, fue el pistoletazo de salida de una loca carrera hacia su idea de la perfección física a través del bisturí. La montaña rusa iniciaba el descenso.




AHORA
Triste rostro pálido

A golpe de escalpelo y talonario, Michael se compró un rostro a la medida. Se implantó pómulos, moldeó su nariz hasta dar con el perfil justo, castigó su piel con blanqueadores, se alisó definitivamente los rizos de Africa, limó su barbilla en ángulo y, por último, se puso el hoyuelo del mentón que la naturaleza le negó. Pero a medida que se aclaraba su cutis, su reputación se encapotaba. Acusaciones de abusos a menores archivadas a base de cheques multimillonarios, misteriosas enfermedades, bajada en picado de sus ventas. A los 38 años y, ahora sí, incluso más pálido que las muy blancas y anglosajonas Lisa Marie Presley, su presunta ex esposa, y Debie Rowe, madre de un niño que se dice que es su hijo, por cuya inseminación artificial el cantante le pagó US$ 528.000, Michael Jackson se enfrenta a una inexorable madurez que quizá le venga demasiado grande a su espíritu de eterno adolescente.

Michael Jackson-AHORA

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