ECONOMIA
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| Fernando Henrique Cardoso |
A
sí como en el siglo XIX las indagaciones en torno al
capitalismo fueron el centro del pensamiento sociológico,
ahora la globalización es parte significativa de la reflexión
en las ciencias sociales.
La globalización se ha vuelto palabra de moda, pero no siempre
es empleada con el mismo significado, y, por lo general, se
asocia a una gran variedad de fenómenos. Es más frecuente
hacer referencia a la "globalización económica", como
expresión de la creciente expansión de los flujos financieros
internacionales y de la mundialización de la producción, que,
a su vez, amplían las corrientes internacionales de
comercio.
El aspecto financiero de la globalización tiene, en cierta
forma, efectos polémicos. Por un lado, la movilidad de los
flujos financieros puede ser vista como una forma eficiente de
emplear recursos internacionalmente. Por otro, la volatilidad
de los capitales de corto plazo y la posibilidad de ser
utilizados para ataques especulativos contra monedas son
considerados como una nueva amenaza a la estabilidad económica
de los países.
En materia de producción y comercio, tenemos una disminución
del contenido nacional de la mayoría de las mercaderías. De
esta forma, el comercio de bienes intermediarios pasa a
realizarse directamente entre unidades industriales de una
misma empresa o corporación, cuyas actividades e inversiones
son decididas exclusivamente en función de criterios de
ventajas comparativas ofrecidas por los países y de su
posición competitiva regional o global.
Esto ha conducido a una aguda competencia entre países por las
inversiones externas, especialmente entre países en
desarrollo, los cuales han reformulado sus políticas
comerciales y económicas para ofrecer un ambiente doméstico
atractivo a los inversionistas externos. El fenómeno ha
producido también manifestaciones de "exclusión o
marginación", tanto de países sin herramientas para manejar
las transformaciones del sistema económico mundial, como de
importantes contingentes de mano de obra, marginados -tanto en
los países pobres como en los más prósperos- de un sistema
productivo intensivo en tecnología, y donde las economías de
escala son exigidas por procesos productivos crecientemente
sofisticados.
Consideraciones políticas sobre la globalización
La globalización podría ofrecer las condiciones para un mundo
más justo, aunque no se cuenta con fórmulas acabadas para el
efecto, o podría no hacerlo. La tendencia predominante entre
los analistas de la realidad social, es la de enfatizar los
procesos de uniformización, e identificar un componente
determinista en la globalización.
Tomando la uniformización como modelo analítico, generalmente
se cree que es negativo todo lo que no encaja dentro de la
lógica de la globalización. Surge, entonces, el contrapunto
entre las fuerzas de la globalización y las de la
fragmentación, entre modalidades de adaptación y de
inadaptación a las realidades económicas, entre valores
'positivos' y desvíos 'negativos'. En este orden de ideas, las
diferencias entre los Estados serían atribuidas a la capacidad
o incapacidad de integrarse al abanico de requisitos globales
de eficacia, de 'éxito'. En tal fórmula, básicamente se
enfatiza sobre los valores del desempeño económico, mientras
que la competitividad individual pasa a ser la clave de la
proyección y del prestigio internacional. Vista así, la
globalización valora un elemento conocido de 'buenas
políticas', a partir de las cuales se juzga a los Estados. El
apartarse de esas 'buenas políticas' explicaría, en último
análisis, las dificultades individuales y, en consecuencia,
las diferencias nacionales.
El marco de la globalización es, sin embargo, un molde por
demás estrecho para explicar las situaciones sociales de cada
país y las diferentes formas de inserción en el capitalismo
contemporáneo. Sería un craso error mirar a la globalización
como una resultante exclusiva de las fuerzas de mercado, por
más que éstas efectivamente representen un factor decisivo.
Para comenzar, no está ausente de la globalización el juego de
poder entre las naciones, con las consecuentes políticas de
prestigio, influencia e, inclusive, coerción. Además, sería
arriesgado aceptar el mercado como una forma de ideología
absoluta, inclusive porque, para los países en desarrollo, es
justamente la existencia de 'límites' al mercado lo que
permite actuar políticamente en defensa de intereses
nacionales.
Paradójicamente, la globalización nos obliga a tener una
conciencia mucho más aguda y profunda de nuestra
individualidad como país, de aquellos elementos que nos
diferencian en el conjunto de las naciones.
Desafíos para América del Sur
En el fondo, la globalización es un nuevo orden internacional,
que necesita ser aceptado, no con una fatalista inercia
política, sino con un agudo sentido de realismo y con
disposición de desarrollar nuevas formas de actuación en el
escenario internacional. Nuestros países necesitan también
reconocer sus diferencias. El Sur no puede ser considerado una
entidad única. La globalización aceleró y profundizó la
diferencia entre los países en desarrollo, en términos de su
capacidad de sacar provecho de los flujos internacionales de
inversión y comercio. Con los revolucionarios métodos de
producción, la abundancia de mano de obra y de materias primas
es una ventaja comparativa de importancia cada vez menor, pues
esos dos factores representan cada vez menos valor agregado,
prácticamente en todos los bienes.
La globalización necesita ser vista por la óptica de las
oportunidades que ofrece, no por los riesgos que acarrea.
América del Sur comenzó a recoger los frutos de un mayor grado
de integración en los flujos económicos y financieros
internacionales. Rápidamente estamos adaptando el papel del
Estado a las nuevas circunstancias contemporáneas. En ritmos
distintos, pero en un movimiento colectivo, dejamos de lado
modelos económicos de nuestro pasado reciente, basados en la
industrialización protegida, en la sustitución de
importaciones y en la fuerte presencia del Estado en el sector
económico productivo.
América del Sur es también una región en la que predominan la
paz y la democracia. La diferencia específica sudamericana, en
el marco de la globalización, es la paz entre los Estados y la
capacidad de diálogo. No es necesario acentuar las ventajas de
la paz, de la buena convivencia regional, en un momento en que
se toman decisiones complejas de integración a la economía
mundial. La paz cautiva a la opinión pública internacional.
No fue un acaso que el MERCOSUR se haya originado en un
proceso de efectiva aproximación política entre Brasil y
Argentina, disipando viejas formas de rivalidad. La paz
regional es un requisito para que los flujos de inversión y
comercio se incrementen y ganen contornos de permanencia.
La globalización, aunque haya generado fenómenos de exclusión
y marginación, también multiplicó la riqueza internacional,
desencadenando fuerzas productivas en una escala sin
precedentes. Nuestros países no deben renunciar a los
elementos positivos de la globalización, a las posibilidades
de desarrollo económico por ella ofrecidas. Estamos frente a
una nueva y desafiante división internacional. El mundo podrá
ser reclasificado entre las regiones o países que participen
del proceso de globalización y usufructúen de sus ventajas, y
aquellos que no participen. Los primeros estarán generalmente
asociados a la idea de progreso, riqueza, mejores condiciones
de vida. Los demás, a la exclusión, la marginación y la
miseria. Necesitamos continuar atentos y vigilantes para que
la comunidad internacional pueda manejar los efectos más
negativos de la globalización económica. Así como los Estados
pueden reducir internamente sus desequilibrios sociales,
también es posible imaginar un grupo de Estados que sea capaz
de proponer alternativas para aliviar las consecuencias
sociales de la globalización. En el plano internacional,
América del Sur continuará teniendo un papel importante en esa
reflexión, con propuestas que sean universales, viables y,
sobre todo, éticas.
* Presidente del Brasil. Adaptación oficial de conferencias
pronunciadas en el "Indian International Centre", de Nueva
Delhi, y en la Universidad de Witwatersrand en Johanesburgo.
Con autorización expresa para el diario HOY.
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