MUJERES
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| Marena Briones Velasteguí |
C
uando, en 1994, ISIS Internacional -canal de información y
comunicación de las mujeres- celebró su vigésimo cumpleaños,
publicó un folleto que recogía cronológicamente veinte años de
protagonismo femenino. "La historia no contada" se convertía,
así, en "el más claro testimonio de una presencia
indesmentible" y daba al mundo un rostro que todavía permanece
oculto en las historias oficiales y en los medios de
comunicación: el de las mujeres.
ISIS optó por la expresión radical de esa incomprensible
ausencia. Para esta breve historia, he preferido una más
real. La razón es clara: durante estos últimos quince años
las mujeres han hecho historia. No ha habido disciplina del
conocimiento ni actividad humana en la que no hayan
participado o que no hayan cuestionado. Han estado ahí, en el
lugar de los acontecimientos, pensando, diciendo,
actuando.
Si los setentas entonaron presurosamente el Women's Lib y los
ochentas extendieron sin fronteras las mil y un consignas
feministas, los noventas rompieron en pedazos la univocidad de
los mensajes y se abrieron a la diversidad y a la diferencia.
En ese transcurrir, 1982 es testigo, entre otros eventos, de
cinco mujeres en el gabinete del Presidente venezolano
Herrera; de 4000 mujeres marchando por las calles de Tokyo,
Kyoto y Osaka en protesta contra una ley que castigaba el
aborto; de un premio Nóbel de la Paz en manos de la escritora,
socióloga y ex-diplomática sueca Alva Myrdal; de un Presidente
kenyano, Arep Moi, coadyuvando a la causa feminista mediante
la penalización de la circuncisión femenina; de la
consagración gubernamental francesa del 8 de Marzo, Día
Internacional de la Mujer, como feriado nacional; y de una
virtuosa del piano, la venezolana Rosario Marciano, recibiendo
el premio Theodor Korner por su investigación sobre mujeres
compositoras.
Latinoamérica y el Caribe, mientras tanto, abrazan
fervorosamente los encuentros feministas continentales,
regionales y nacionales. En ellos se fue consolidando una voz
que emergía de raíces propias y gestaba esperanzas colectivas.
Discusiones y acuerdos, risas y llantos, fraternidades y
rivalidades, nutrieron el crecimiento imparable de una
conciencia gozosa.
Por su parte y a su ritmo, las ecuatorianas tejían utopías y
deshojaban iracundas la realidad jurídica de las mujeres. La
tarea no fue nada fácil. Sin remontarnos al inicio, ya en
1989 se derogó totalmente la potestad marital, y en 1995 se
dictó la Ley contra la violencia a la mujer y la familia, años
que fueron necesarios para legitimar públicamente la demanda.
Sin embargo y a diferencia de otros países latinoamericanos,
una cosa nos ha faltado: la reflexión y el debate teóricos.
La producción internacional desde y sobre las mujeres es
inagotable. Arte, Filosofía, Arquitectura, Derecho, Economía,
Medicina, Sociología, Antropología, Música, Deporte,
Educación, se han visto enriquecidos por la incorporación de
una nueva mirada.
Entre una faena y otra, hace más de un año se reunió la IV
Conferencia Mundial de la Mujer organizada por las Naciones
Unidas. Por primera vez, miles de mujeres de todo el mundo
acudieron paralelamente a labrar sus destinos. Negociaron con
representantes oficiales e incidieron, como nunca, en el
diseño de la Plataforma de Acción para el próximo decenio.
Nuestro país, por su lado, se ha medio volteado a la arena
política. Varias mujeres ocupan cargos de elección popular o
desempeñan funciones públicas, y una llegó, por fin, a la
Vicepresidencia de la República.
Aunque el camino ha sido largo y fragmentado, esta década y
media, plagada de incertidumbres, no ha pasado en vano por la
vida de las mujeres.
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