El mundo digital

INFORMATICA
Nicholas Negroponte

Y no me creyeron sobre lo de los exponentes! La Web se duplica cada 50 días. Cada cuatro segundos se conecta una nueva dirección. En el poco tiempo transcurrido desde que se publicó la edición de tapas duras de Mundo digital, puedo utilizar libremente términos de Internet como los que acabo de mencionar, porque todo el mundo lo sabe todo sobre Internet -aunque pocos lo entienden-. La crítica dice que debería haberlo explicado. No lo hice, de la misma manera que no participé en un debate en la radio. Pero, de todas formas, permítanme corregir esto. La Internet fue concebida y diseñada por un hombre llamado Larry Roberts, en 1963. Larry fue invitado a Washington por Ivan Sutherland, entonces jefe del departamento de investigación informática de ASPRA. La ARPAnet, como se llamaba entonces, fue diseñada para ser un sistema de mensajes a prueba de errores que enviaba paquetes de información. El Ejército fundó la ARPAnet en un momento en que la guerra fría estaba prácticamente en pleno apogeo. Las amenazas nucleares y los primeros ataques se tomaban en serio.
Como es lógico, el crecimiento actual de la Net -su nombre coloquial- sorprende a todo el mundo. Si usted es un usuario veterano que se queja de la velocidad, recuerde que muchos países están conectados a la Net por conductos muy finos. Estos aumentarán rápidamente y el sistema funcionará cada vez mejor. A veces se volverá más lento, ya que la gente se incorpora más rápidamente de lo que crece la infraestructura. Pero no fracasará. únicamente se volverá más lento.
El único riesgo es el Gobierno, en forma de políticos empeñados en controlarlo. Habitualmente, con el pretexto de sanear la Net para los niños, gente de todo el mundo intenta censurar los contenidos. Lo que es peor, algunos países, entre ellos los Estados Unidos, quieren asegurarse de que tienen algún medio de escuchar mensajes, como pinchar los cables. Si eso no les pone los pelos de punta, debería. Todo lo que no sea máxima seguridad de la intimidad sería un grave error. Debido a su naturaleza, el mundo digital es potencialmente mucho más seguro que el mundo analógico. Pero tenemos que querer que sea así. Tenemos que crear deliberadamente un entorno digital seguro.
Es verdad que los traficantes de droga, los terroristas y los que se dedican a la pornografía infantil también utilizarán la Internet. Pero piénsenlo. Los chicos malos están mucho mejor equipados que usted y que yo para burlarse del Gobierno a través de la "encripción" (método por el cual los mensajes se vuelven ilegibles excepto para quienes tienen la clave para leerlos). Por eso, según las leyes de exportación de la encripción, las únicas personas que la utilizarán serán los delincuentes. Lejos de proteger al ciudadano medio, esto le expone a mayores riesgos.
La intimidad se sirve con tres condimentos. Primero, cuando le envíe un mensaje, usted quiere saber que es efectivamente mío. Segundo, mientras el mensaje viaja entre usted y yo, no quiere que nadie lo escuche. Tercero, cuando ya lo tiene en su disco, no quiere que nadie venga después y lo lea (por ejemplo, cuando está conectado haciendo otra cosa). Los tres son importantes y sin ellos tendríamos problemas. El ciberespacio tiene que ser privado. Esa es la regla más importante para tener un texto seguro.
El tema de los bits y los átomos causó sensación. Es una forma útil de comparar el pasado con el futuro. En febrero de 1995, como reacción a la extradición de Ramzi Yousef, el presunto cerebro del atentado con bomba contra el World Trade Center, un clérigo islámico de Pakistán reclamó que el Gobierno de los Estados Unidos extraditase a Madonna y Michael Jackson para ser procesados por violar las leyes fundamentalistas. El Departamento de Estado descartó la petición inmediatamente y quienes vieron el breve artículo en las páginas interiores del periódico se limitaron a reír. Qué tontería.
Un mes antes, los Thomas, una pareja de Milpitas, California, se dedicaban a lo suyo, que era dirigir un tablón de anuncios que cumplía las normas de la comunidad, la ley local y los estatutos oficiales. Un día, un empleado de Correos de Tennessee, se introdujo en el tablón de anuncios y no le gustó lo que vio. La pareja de California fue acusada de violar la ley de Tennesse, juzgada y declarada culpable. Fue, efectivamente, extraditada a Tennessee.
Durante la gira de promoción de la edición de tapas duras de mi libro Mundo digital , visité una librería encantadora en Ann Arbor, Michigan, llamada Shaman Drum. Para mi sorpresa, entre el público estaban la madre y el padrastro de Jake Baker, un estudiante de 21 años de la Universidad de Michigan que había sido detenido hacía pocos días. Jake Baker había enviado un ensayo de ficción a alt.sex.stories (un lugar en el que nunca he estado y al que no sé exactamente cómo se accede). Un hombre de Moscú lo leyó y no le gustó. (No me pregunten qué hacía en alt.sex.stories. Es como entrar en un local pintado de negro en Amsterdam que se llama Sex Shop y sentirse ofendido por sus contenidos). Desgraciadamente, el lector de Rusia era un alumno de la Universidad de Michigan que expresó su disgusto, lo cual llevó a la detención de Jake Baker un buen día, a las once de la noche. Fue encarcelado sin fianza durante un mes. También le confiscaron las gafas. Un momento. Creía que en Estados Unidos hacíamos esas cosas. Lo hicimos porque el joven cometió un error y utilizó el nombre real de un joven. Esto llevó a que su acto se considere amenazador y, por consiguiente, a la medida extrema y absurda de prisión sin fianza (ni gafas de lectura). El 21 de junio, el juez norteamericano Avern Cohn retiró el caso de los tribunales y la petición del Gobierno fue desestimada; la historia de Baker se consideró "únicamente una obra de ficción bastante salvaje y carente de gusto".
Cuando me entero de esta clase de incidentes, siento como si la ley se comportase como un pez medio muerto agitándose en un muelle. Hace esfuerzos para respirar porque digital es un lugar diferente. La mayor parte de las leyes se concibieron en un mundo y para un mundo de átomos, no de bits. Creo que la ley es un sistema de alarma anticipada que nos dice "Esta es grande". La ley nacional no tiene lugar en la ciberley. ¿Dónde está el ciberespacio? Si no le gustan las leyes bancarias de los Estados Unidos, conecte su máquina con las islas Caimanes. ¿No le gustan las leyes de copyright de Estados Unidos? Conecte su máquina con China. La ciberley es una ley mundial que no va a ser fácil de controlar, ya que, por lo visto, ni siquiera somos capaces de ponernos de acuerdo sobre el comercio internacional de piezas de automóviles.
Espero que, como una bola de naftalina que se transforma de sólido a gas directamente, la nación-Estado se evapore sin pasar por un confusión sentimental e inoperativa antes de que algún ciber-Espacio global domine el éter político. Sin duda, el papel de la nación-Estado cambiará radicalmente y no habrá más lugar para el nacionalismo que para la viruela.
Actualmente, las naciones tienen el tamaño equivocado. No son lo suficientemente pequeñas para ser locales ni lo suficientemente grandes para ser globales. En los viejos tiempos, un barrio se definía exclusivamente por la proximidad y la contigüidad física. Podías pasear por la frontera de un país o ser derribado por un avión por hacerlo incorrectamente. Ríos, océanos o simples murallas de piedra formaban las fronteras. En el caso de las ciudades, aunque no siempre había una separación exacta, por lo general el límite de la ciudad era evidente.
Esta evidencia iba acompañada de alguna clase de autoridad local. Toda nuestra historia está asociada al espacio y al lugar, a la geometría y a la geografía. Mientras los conflictos surgen por razones religiosas, económicas y otros motivos no físicos, la región de combate es definitivamente física. Los grandes ganadores terminan formando imperios (temporalmente). Los perdedores pueden desaparecer. La nación-Estado es un trofeo muy físico.

*Profesor de arquitectura en el Massachusetts Institute of Technology (MIT), fundó en 1985 el Media Laboratory, una institución autónoma de pensamiento intelectual y tecnológico con la pretensión de producir un futuro más feliz.

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