1. INTRODUCCION


El sembrador de vientos

Por Diego Cornejo Menacho *

"El sembrador de vientos". Con ese título se publicó en HOY, el 20 de mayo de 1996, una semblanza de Abdalá Bucaram Ortiz (PRE), suscrita por el autor de esta nota introductoria al libro: "¡Que se vaya!".
Era el día siguiente de la primera vuelta electoral para elegir presidente de la República, cuando Bucaram y Jaime Nebot (PSE) quedaban seleccionados para la justa final, del 7 de julio de ese mismo, en que Bucaram se hizo de la Presidencia con 2'230.841 votos, el 54,18 por ciento del registro electoral.
Con esos resultados en la mano, Bucaram llamó a la concertación nacional, mientras su obeso hijo Jacobo, que lo acompañó en todo momento, no cesaba de sollozar. "El Ecuador nos necesita a todos, absolutamente a todos. Buscaré los mejores hombres para que mi Patria tenga un gran Gobierno. Buscaré los hombres de todas las tendencias políticas, pues la situación de nuestro país es crítica", dijo el presidente electo.
A la vez, con el rostro rígido y sereno, Jaime Nebot manifestó que no se oponía "a lo que podría ser una era de mentira para el país, porque puede ser interpretado como un gesto de amargura". "Lideraré una oposición constructiva", añadió.
En el hogar de Bucaram se oyó, durante toda la noche del 7 de julio, el grito "¡un solo toque!". Era el sonsonete en las calles de Guayaquil, donde se convirtió en la insignia de la victoria.
Bucaram gastó dos millones de dólares en su campaña -según él mismo lo confesó- y dulcificó su imagen con la compañera de papeleta, una ex ministra del sixtato, Rosalía Arteaga, cuencana y aparentemente dócil. Bucaram morigeró sabiamente su propia imagen, con el propósito de neutralizar los temores de los sectores medios, especialmente serranos, que tradicionalmente lo consideraron un "loco", cuyos compromisos políticos y su impredecible temperamento podían llevarlo "a cualquier extremo". Nunca fue fácil para él que los electores olvidasen una trayectoria pública ligada a escándalos y ásperas confrontaciones.
Pero las prolongadas presentaciones en TV -terno oscuro y corbata- tuvieron dos objetivos específicos: uno, tomar por asalto los corazones de los indecisos; dos, polarizar su candidatura con la del socialcristiano Jaime Nebot y "esa gente". A ello sumó espectaculares presentaciones en plazas y calles del país, en las que mezcló las penas con la risa, pero levantó fundamentalmente la risa sobre la base de la burla mordaz de sus enemigos.
Finalmente, los votantes "perdieron" el miedo al cambio, angustiados por la crisis y estimulados por un verbo y una personalidad espectaculares. Nadie olvide que el candidato no dudó en afirmar que con él las cosas no seguirán igual en el país, que mejorarían o empeorarían, pero que no quedarían igual.
"Te extiendo las manos, es mi tercera y última contienda, te extiendo las manos, tómalas. Yo soy mucho más y mucho menos de lo que te han contado. Yo he sido cuestionado porque mi estómago no tolera el pan amasado con las lágrimas de los huérfanos, porque escucho en mi soledad el llanto perpetuo de los más débiles y necesitados, de los marginados de la nación", proclamó Bucaram en la campaña de la primera vuelta.

Tres "pepsis" bien heladas

Abdalá Jaime Bucaram Ortiz es un abogado que nunca ha ejercido su profesión, aunque él aseguró que dirigió un "bufete" con 20 profesionales del Derecho en Guayaquil.
No es un gastrónomo. Su comida favorita es el apanado con salsa rusa, arroz bien caliente con bastante cocolón, y tres "pepsis" bien heladas.
Nació en Guayaquil el 20 de febrero de 1952. Está casado con María Rosa Pulley Vergara. Tiene cuatro hijos. Realizó estudios primarios y secundarios en el colegio Salesiano Cristóbal Colón, y estudios de Derecho en la Universidad Estatal de Guayaquil.
Es "master" en educación física (Wansse, Berlín Occidental, 1972). Participó en las Olimpiadas de Munich, 1972. Fue uno de los formadores de la Fundación Deportiva Naval. Mantiene la marca nacional juvenil de los 100 metros planos (10,5 segundos). También es suya la marca bolivariana en la carrera de postas 4 x 100. Fue profesor en el Colegio San José de la Salle, en la Escuela Superior Naval, en la Infantería de Marina y en la Escuela Naval. Fue uno de los siete titulados internacionales en los cursos de masterado en Educación Física para América Latina. Recibió un galardón de Lord Killaning en 1977.
A su hoja de vida hay que añadir que fue presidente constitucional de la República del Ecuador desde el 10 de agosto de 1996 al 7 de febrero de 1997, en que 44 diputados declararon cesante la Presidencia de la República al convenir que Bucaram adolecía de incapacidad mental para cumplir con las obligaciones que le exigía el mandato entregado en las urnas.
Antes de llegar al poder su fortuna personal era de dos millones de dólares, provenientes del comercio y de inversiones agrícolas, aunque sus enemigos dicen que su verdadero negocio fue, precisamente, ser candidato: la política le generó "contribuciones" que, si damos crédito a las lenguas de doble filo, las repartió al par con su partido. Cosa igual se dijo de las contribuciones y comisiones en su Gobierno.
Es el líder indiscutido del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE), que fundó en 1982, luego de la muerte de Jaime Roldós y de su hermana, Martha Bucaram, en un accidente aéreo en Loja (mayo de 1981).
Es un hombre duro. Se inició en la política como intendente de Guayaquil durante el Gobierno de su cuñado. En 1984 fue elegido alcalde de Guayaquil, mientras asumió la Presidencia de la República León Febres Cordero (1984-1988). Se asegura que, desde la Alcaldía, Bucaram extorsionó a empresarios y comerciantes. Pudo ejercer aquel cargo apenas un año, pues una acusación de peculado le obligó a exiliarse en Panamá. Hasta allí llegaron los tentáculos del Gobierno de Febres Cordero quien, según revelación del ex vicepresidente Alberto Dahik, organizó un complot con el dictador Manuel Antonio Noriega, para pintar a Bucaram de drogadicto y traficante.
Pese a todo, desde el exilio dirigió su partido y organizó su campaña electoral de 1988. Retornó tras ser sobreseído provisionalmente. Entró a la segunda vuelta pero no pudo ganar a Rodrigo Borja.
Bucaram es un toro jugado. Su dotes histriónicas y su aguda e instintiva inteligencia, le permiten comunicarse con facilidad con "las masas". Pero, a la vez, es un orador "selectivo".
Admite que se siente "otro" cuando está en una tarima y sus interlocutores son campesinos, pobladores, habitantes de suburbios o barriadas. Pero cuando se trata de grupos reducidos lo hace en "otro idioma", recurre a otros símbolos, sus gestos son pausados, moderados y hasta tímidos: entonces es un confuso teórico que se autoproclama "bolivariano, montalvino, cristiano, roldosista y simbolista".
Es desconfiado: sus interlocutores emplazan, cuestionan, son indóciles, especialmente cuando preguntan acerca de su fortuna personal -tema que elude siempre-. También fue evasivo cuando durante la campaña electoral se le preguntó de dónde obtuvo los recursos para competir por la Presidencia.
Su candidatura estuvo ligada a importantes grupos económicos de Guayaquil, especialmente de la banca y del comercio, donde el nombre de Alfredo Adum es clave para entender las columnas económicas que lo sostienen. Y, añadiríamos, para entender un pensamiento sui generis que animó a la gallada que estuvo rodeando a Bucaram en el poder, una mezcla de machismo, despotismo, nepotismo, "turquismo", hedonismo, gula, amiguismo, abuso, pandillerismo. Aquello de dar poder a un hombre para conocer quién es en realidad, resultó más verdadero que nunca.
A la vez, su calentura verbal es profundamente antioligárquica, con ofrecimientos radicales para solucionar la pobreza, la escasez de servicios, la falta de vivienda, los bajos ingresos y la escasa participación en la vida pública del país, mientras no le tiemblan las manos para ordenar medidas que afecten a la economía de los más débiles.
Esto trae al texto una frase que se escuchó pronunciar a Marco Proaño Maya, quien hizo binomio con él en las elecciones de 1992, y que se mantiene fiel al líder: "gobernar es como tocar el violín, se toma el instrumento con la izquierda pero se lo toca con la derecha".
En 1992 Bucaram también buscó la Presidencia, pero tuvo que lidiar con la candidatura del ex presidente León Febres Cordero (LFC) para la Alcaldía, que le restó la tradicional votación en el puerto. De carambola, LFC además apuntaló la candidatura presidencial de Jaime Nebot, para las elecciones de 1996.
Se ha dicho que Bucaram es el único líder actual capaz de llegar directamente al corazón del pueblo. Esa fue una gran ventaja en los últimos 100 metros planos que le separaban de la Presidencia del 19 de mayo al 7 de julio. Pero nunca fue una garantía de que en su Gobierno no cosecharía tempestades.

Febrero de 1997

* Diego Cornejo Menacho es sociólogo y comunicador. Editor general de HOY.


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