El Protocolo Real Británico es uno de los más ricos en contenido, muy estricto y uno de los más respetados. Quienes están a cargo del mismo han recibido un importante legado para resguardar y preservar no solo las tradiciones y costumbres, sino principalmente de compartirlo a su pueblo y al mundo entero todo lo que conlleva la vigencia, y esplendor de una de las monarquías más antiguas, la británica.

El protocolo abarca todo el sistema de Gobierno que es de tipo parlamentario, cuyo modelo es el sistema político británico en donde se destaca el papel de la monarquía y la corona, representantes oficiales del Gobierno.

Los elementos fundamentales de este sistema son la constitución no escrita; la separación entre la Jefatura del Estado y el Gobierno; el Parlamento, el Gabinete, el sistema electoral y los partidos políticos.

La simbología también es parte esencial del protocolo, están aquellos símbolos que tienen que ver con la nación en sí misma y los vinculados con la Corona y la familia real.

El monarca convoca, abre, prorroga y puede disolver un Parlamento, además de dar su asentimiento a las leyes aprobadas por las dos cámaras, la de los Lores y la de los Comunes.

Por otro lado, el protocolo en las ceremonias oficiales de la Familia Real es muy estricto. Los militares, representantes de las Fuerzas Armadas del Reino Unido, forman una parte esencial en las ceremonias.

Parte de los uniformes y sus famosas gorras de piel de oso son muy antiguos, ellos cuentan con años de experiencia en diferentes combates, y al momento de ser convocados para un acto de celebración oficial deben estar puntuales y muy bien uniformados.

Como los soldados pierden peso en las zonas de guerra, para ser parte de una ceremonia deben ajustar sus uniformes, pues los estándares de los soldados son estrictos, deben llevar el uniforme bien puesto, y preparados para estar de pie entre cuatro y seis horas, muchas de ellas sin moverse. Por lo cual, antes de iniciar la ceremonia toman al menos 6 litros de agua.

Por su parte, la Reina es estrictamente intocable, ella puede tocar y saludar a sus invitados, pero está prohibido el sentido contrario. Una anécdota sucedió en 1992 cuando el exprimer ministro australiano, Paul Keating, envolvió con su brazo a Isabel II, ante lo cual las críticas lo calificaron como “El Lagarto”.

Asimismo en 2002, la reina no rompió el protocolo y no hizo una demostración pública de afecto besando al príncipe de Gales durante las celebraciones de su quincuagésimo aniversario, pese a que muchos esperaban que lo hiciera.