PALABRA DE GALLERO ES PALABRA DE CABALLERO
Alcides Montilla

En el coliseo de gallos “El descanso de José”, de propiedad del
colimeño José Espinoza Cedeño, ubicado en la vía Perimetral, en
Guayaquil, los galleros llegan después de las 16:00.
Tras un saludo fraterno, los galleros colocan sus animales en
una enorme mesa en busca de una coteja justa. Cuando se ponen de
acuerdo, un colaborador pesa los animales. Si los gallos están
iguales en libras y onzas, edad y porte se pacta la pelea y la
apuesta va: ”Vamos $30, o $500 o más”. Luego viene la calzada.
Los ayudantes les colocan dos calces en las espuelas que pueden
ser de carey, hueso de pescado o plástico para que en cada golpe
haga más daño al contrincante, en tanto que el dueño del gallo
recoge el dinero de la apuesta. Terminada la jornada de
preparación, los animales se alistan para el combate. Los
asistentes, más de 500 en tiempos de fiesta, toman sus asientos
y esperan el inicio de la pelea.
El juez hace sonar el pito y arranca la primera de la tarde. Y
es ahí donde empiezan los gritos de los apostadores: “Voy tres a
cinco al giro”. ¡Pago!. ¡Te llevo diez a tres al chancro! ¡Voy!
!Voy tabla!.
Con la mirada fija en la pelea, los galleros gritan cuando el
animal lanza un espuelazo o ataca apoyado por su pico. ¡Dale!
¡Échale! ¡Más! ¡Así! ¡Eso!. Al final, el chancro remata con dos
espuelazos y vence al giro. La pelea ha durado 90 minutos. Los
galleros se levantan de sus asientos, se meten la mano al
bolsillo y pagan la apuesta. Este ritual se repita entre 30 y 40
veces por día en la gallera de Espinoza.
No hay día en que no hay peleas de gallos en algún lugar del
país. En Portoviejo son los lunes. En Junín los sábados; en
Bahía, cualquier día. En Guayaquil los fines de semana. En Durán
casi todos los días.
La pelea de gallos congrega sobre todo a hombres (asisten pocas
mujeres). Y la explicación la da Soledad García, una gallera
guayaca. “No somos muy afines a estos animales”.
El éxito de un gallero radica en saber cuidar al animal. Muchas
de las peleas se ganan cuando se tienen unas buenas espuelas: Y
que el gallo esté bien alimentado y tenga suerte, dice Jorge
Bernal, luego de ganar dos peleas en Durán.
Las peleas de gallos son parte de la identidad de los países
sudamericanos. Están siempre presentes en los programas de las
fiestas patronales de los pueblos, aseveró Luis Valdiviezo,
promotor de la gallera Durán.
Apostar a los gallos es una costumbre para algunos y una ciencia
para otros. La frase: “palabra de gallero, es palabra de
caballero”, es respetada por todos, so pena de ser expulsado de
la gallera.
La oposición a las lidias de gallos no ha tenido una dura
postura como la de los toros. Y aunque está en la agenda de cada
grupo defensor de los derechos de los animales, no está en la
lista de las prioridades, porque ya es una práctica tradicional
y arraigada introducida en el campo y la Costa. “Y aunque no lo
estoy justificando, hay una equiparación de fuerzas pues a los
gallos los pesan y los clasifican, como a los jugadores, por
categoría”, manifestó Javier Cevallos, director de la Sociedad
de amigos de los animales con cola.
Los galleros defendieron su afición cuando fueron citados por
los asambleístas que elaboraron la Constitución, en Montecristi.
Al final, las peleas de gallos no fueron tocadas por los
constituyentes.
Los gallos de pelea ingieren leche, tomate, cebada, colada, morocho y maíz. Cuatro horas antes de la pelea no se alimentan. Si el gallo es bueno, pelea cada semana. El entrenamiento está a cargo de un cuidador. El gallo puede pelear 22 veces. Los buenos quedan como reproductores.
