LA CULTURA QUE SE TIÑE DE SANGRE
Marlon Puertas y Daniela Aguilar

La discusión sobre las corridas de toros no es nueva, pero como que ha cogido fuerza en los últimos años. Por ejemplo, como elemento novedoso está la prohibición emitida por el Consejo Nacional de Radio y Televisión (Conartel) de transmitir las imágenes de los eventos taurinos, hecho que ya provocó un primer expediente en contra de Teleamazonas, que en plenas fiestas de Quito pasó por su pantalla algunas imágenes del duelo taurino. Otro elemento: el intento -hasta ahora con malos resultados- de implantar la fiesta brava en Guayaquil, que mas bien ha provocado el surgimiento de grupos de jóvenes que se han hecho visibles con su lema de defender la vida de los animales.
¿Arte y cultura? ¿Tortura y masacre? Los calificativos provienen
de los defensores de posturas contrarias que en algo coinciden:
esta no es una discusión para diplomáticos, sino para
apasionados por su causa.
La primera que salta al ruedo es Caridad Vela, organizadora
durante los últimos años de la Feria Jesús del Gran Poder y,
sobre todo, como ella prefiere ser identificada, una amante de
la cultura taurina, de la que es testigo desde los siete años.
“Desde esa edad voy a la misma localidad que ocupo hasta el día
de hoy”, dice con franco orgullo. Para ella, no hay vueltas que
dar al asunto. “Es una cultura porque reúne conocimientos y
sensibilidades que generan distintas reacciones”. El problema,
observa, se da porque “hay quienes intentar imponer su criterio
a base de la fuerza y la agresión, convirtiéndose en los
torturadores de las personas que asisten a un evento taurino”.
En este punto, a la arena salta Beatriz Albán, guayaquileña y
directora de la Fundación Protectora de Animales (FPA). Sin
rodeos, ataca las corridas. “Esto no tiene nada de arte ni
cultura, es una actividad cruel en la que se tortura a los
animales, se disfruta el derramamiento de sangre”. Albán no solo
habla. Grita. Es una de las caras visibles de la oposición a que
se realicen corridas de toros en Guayaquil. Ella ha liderado
campañas en las calles en ese sentido y ha provocado que los
eventos organizados por el matador Guillermo Albán -con el que
no tiene ningún parentesco-, no resulten tan bien. Y de aquello
se siente orgullosa.
Albán no está sola. Junto a ella se han organizado grupos de
jóvenes y hasta personajes que trabajan en la televisión que
aparecen como defensores de los toros. Uno de ellos es Javier
Cevallos, director de la Sociedad Amigos con Cola. Su opinión es
que las ferias taurinas son una manera cruel de obtener lucro.
De ganar plata a costillas del toro, literalmente.
Cevallos también muestra resultados de su lucha. “El año pasado
fuimos a la Intendencia de Policía y conseguimos que se prohíba
el ingreso a estas masacres de los niños”. Algo es algo, cree el
activista.
Albán mientras tanto, acusa de torturas previas hechas al animal
antes de que salte al ruedo. “Los toreros enfrentan a un animal
debilitado, que ha sido apaleado, al que le han cortado los
cachos”. A estas serias acusaciones, Vela les resta importancia
y recuerda con desagrado una escena: “Una vez invité a Daniel
Ledesma, miembro de la Sociedad Protectora de Animales, a que
constate el trato que le dábamos a los animales en la feria. Lo
hizo, observó que no existía tal tortura y hasta me felicitó.
Oh, sorpresa, veo después imágenes que grabaron en esa ocasión
totalmente manipuladas y usadas a su antojo para tergiversar
conclusiones. Ese día perdí mi fe en la decencia de los grupos
antitaurinos”.
Sin traje de luces pero con el entusiasmo propio de quien
disfruta la fiesta brava, aparece el editorialista Clemente Haro
Montalvo. “Calumnias, puras calumnias”, responde a Albán. “Nadie
toca al toro, nadie puede tocarlo, pues vulnera los reglamentos
taurinos que son muy estrictos. Todo esto es puro cuento”. Haro
estudió cuatro años en España y fue allí “que me dejé envolver
por las mágicas ceremonias taurinas. La bestia frente al hombre.
El ataque brutal ante la elegancia. Todo deriva en una escena de
gozo estético”, afirma con evidente furor.
¿Podrá existir un punto de encuentro entre posiciones tan
alejadas? Haro vislumbra que sí. Y la fórmula pudiera estar en
una reforma a los reglamentos. “Es cierto que se trata de un
espectáculo sangriento”. Y no solo corre la sangre del toro, por
cierto. “Se puede evitar en lo posible lastimar al animal, es
decir suprimir las banderillas y la muerte del toro. Con el
espectáculo de la corrida es suficiente, sin sangre, tal como se
lo hace actualmente en Portugal”.
Beatriz Albán recepta la sugerencia con buenos ojos. “Hay una
enorme diferencia con los toros de pueblo donde el toro está
entero, donde no lo lastiman, donde el hombre se enfrenta con
gallardía a un animal muy noble”. Afirma que “si no se le causa
daño al animal, podemos tolerarlo”. Es decir que entre
posiciones tan chocantes, hay la posibilidad de llegar a un
acuerdo. Conservar “un espectáculo bonito, emocionante, donde se
mezcla el valor, el arte, la música y la confraternidad” como lo
describe Haro, sin lastimar a un animal, como defiende Albán.
Caridad Vela dice que respeta la posición de los antitaurinos,
“pero no se me ocurriría intentar que cambien de opinión. Sería
como buscar convencer a un agnóstico de que Dios creó a Eva de
la costilla de Adán”. Y en el fondo les agradece la radicalidad
de sus consignas, “porque aquello solo fortalece mi afición”. Lo
que sí reclama -“y seguiré reclamando”- es su derecho a asistir
en paz a la feria de Quito, “la mejor de América”, según sus
palabras.
Beatriz Albán, en cambio, continuará con su militancia, hasta
conseguir que en Guayaquil ya no se realicen más eventos de este
tipo. “Ya han perdido bastante plata, y no solo eso, también han
perdido adeptos”. Pero mientras insistan con la fiesta brava en
Guayaquil, ellos seguirán gritando en contra. “En Quito es más
difícil”, reconoce.
Una feria que no termina de gustar
En Guayaquil, el torero Guillermo Albán ha organizado los tres
últimos años la feria taurina, con escasos resultados de
asistencia. Y con mucha oposición, por cierto. Para Caridad
Vela, organizadora exitosa de la feria Jesús del Gran Poder, la
afición existe, falta presentar buenos carteles, como sí existe
en Quito, “ a donde llegan los mejores toreros del mundo y todos
los días de la feria están llenos hasta la bandera”.
Actualmente la ciudad no cuenta con un escenario apropiado para
estos eventos, razón por la que el matador Albán se ha visto
obligado a alquilar el coliseo deportivo Voltaire Paladines
Polo, en donde se ha adecuado una arena para las corridas. La
asistencia en promedio a estos eventos no ha rebasado las dos
mil personas.
