DESDE HOLLYWOOD A LOS ESTANTES A $1
Robertson Vinueza
Silvia, de 31 años, entra a la tienda de los DVD piratas o,
como dicen los mismos propietarios, “el club de películas
formato DVD”. Ella busca una comedia, también una película de
drama, “pero una que sea buena”, le refiere al vendedor de una
organizada tienda, de esas que han proliferado últimamente y
están en boga, con distinción de géneros, directores, países,
actores y actrices.
Pero antes, Silvia fija su mirada en la sección de estrenos,
infaltable en todas las proveedoras de DVD. “¿Tiene una noche en
el museo 2?”, pregunta ella. Raudo, el “vecino” (nombre
popularizado entre clientes y vendedores y/o propietarios) le
dirige hacia el disco con la cara del actor Ben Stiller en la
portada del estuche.
Carlos tiene 16 años. Lleva su cabello crespo abultado y los
pantalones jean se caen bajo su cintura, pero solo lo suficiente
para mostrar la marca de sus boxers.
Él busca “la del Wolverine”; la encuentra, pero regresa a ver a
un sitio donde están los CD de videojuegos. Su presupuesto solo
le alcanza para una de dos: la película o el juego de
Playstation. Se decide por el videojuego, mientras su madre le
pita desde el auto que se apure. Es sábado por la noche, está
cansada, con frío y sin paciencia para esperar afuera de este
local, ubicado al norte de Quito.
Una pareja madura (entre 40 y 50 años) llegan a cambiar una
película. “Sale pixelada una parte... véale desde la escena tres
o cuatro, no me acuerdo”, señala Rodrigo, quien quiere la misma
película de $2, “pero que se vea bien”, acota.
Estas cuatro personas son de clase media, al igual que la
mayoría de espectadores que acuden a las salas de cine de los
centros comerciales.
Quizá la visita a los cines sea mensual o hasta bimestral, todo
depende de la cantidad de personas. Si la película es infantil y
van con niños, el gasto aumenta en la dulcería.
Es diferente en un “club de películas con formato DVD”. Allí,
las promociones están a pedir de boca. Por ejemplo: $2 cada una
o tres por $5; además tienen 50 puntos por cada $4 de compras.
Si acumulan 350 puntos pueden escoger entre los combos de tres
películas cada uno.
Asimismo, al sur de la capital, en una popular y ruidosa calle
llena de letreros de neón y comerciantes de vereda, no faltan
los puestos de DVD y música pirata.
En una de las calles transversales de la denominada “Amazonas de
los Pobres” se encuentra una megatienda, que incluye series de
televisión y telenovelas completas, pasando desde Amas de casa
desesperadas hasta la nostálgica teleculebrona Los ricos también
lloran.
Allí, “el Pato” y “la Gaby”, una pareja que se casó hace un año,
se pasea entre los estantes. Pasa por donde están los
documentales grabados de un canal de televisión pagada. Su
dilema: escoger entre la Biografía de Einstein o las profecías
de Nostradamus.
En ese sitio, las películas -que cuestan millones de dólares
producirlas-, valen $1,50 y el precio puede reducirse,
dependiendo de cuántas películas lleven.
También están los locales que expenden dos productos: películas
y música. Mientras los DVD están en los estantes verticales, los
CD se encuentran apilados a 1,20 metros del suelo. Más abajo,
suelen estar los cartones con filmes XXX o pornográficos. En la
época de los videoclubes de casetes de VHS había álbum de fotos.
Ahora es más fácil distinguir las producciones por las carátulas
de las portadas en el estuche del DVD.
Sin embargo, el comprador de DVD también busca cultura,
ilustrarse con el cine y la música pirata. Atrás quedaron las
épocas del cliente que solo preguntaba por las cintas de ninjas,
Bruce Lee o las ya clásicas Locademia de Policía y las de terror
tipo B, como por ejemplo Viernes 13 y Halloween. Ahora, la
demanda es más ilustrada. El cine clásico de Fellini, el humor
de Woody Allen o la comedia silente de Buster Keaton, entre
otros.
En la música. Aquella ilustración cultural no ocurre en su
totalidad con el ámbito musical, pues aquí todo lo que sea
comercial y tenga una alta demanda estará quemado en un disco
compacto.
Para Damiano, el problema es más amplio que la misma piratería
en el tema de derechos de autor. “Creo que va más allá, es como
la droga, que en sí no es el problema, sino su consumo. Creo que
la piratería está en el mismo rango”.
El cantautor indica que es necesaria una campaña fuerte y
efectiva a nivel cultural. “Si no hubiese piratería, yo podría
haber vendido más discos, tendría tranquilidad para seguir
trabajando y para seguir comprometido en ese sentido”, afirma.
Édgar Castellanos, vocalista del grupo Mama Vudú, no coincide
con Damiano y dice que el término piratería existe para asustar.
“Más allá de los formatos, el disco como tal no se puede cotejar
con la creación artística, es decir el artefacto con lo que
contiene. Esa ambición desmedida de personas en el negocio
musical hace que prevalezca el hecho mercantil sobre el arte y
eso es grave”.
Con ello, Castellanos explica que la piratería en el Ecuador es
el último de los problemas que tiene el músico, porque quienes
defienden el mercantilismo de la música lo anteponen a la
creación.
“El problema es que algunos son artistas y otros negociantes.
Estos últimos quieren hacer ver el tema como que nos están
quitando el pan de la boca; un artista que piense así no tiene
conciencia de su capacidad”.
De otro lado, Castellanos subraya que también la piratería es
parte de un problema socio-económico, pues hay gente que intenta
sobrevivir con este tipo de negocio, la venta de discos piratas.
“Sin embargo, también hay atrás otro tipo de personas, las que
intentan lucrar desmesuradamente a costa de la música”, acota
Castellanos, quien colocó el disco de Mama Vudú, Clínica de
Santos y Muñecas, en la Internet para que sus seguidores se
puedan descargar los temas libremente.
En las salas de cine, antes del anuncio de apaguen sus celulares, suele presentarse una propaganda que dice: ‘Nunca robarías un auto, nunca robarías un bolso... la piratería es un delito’. El mensaje pasa desapercibido para la mayoría de espectadores, que van a ver filmes en la pantalla grande, pero que también son asiduos compradores de piratería
Entrevista
Andrés Ycaza, presidente del Instituto Ecuatoriano de Propiedad Intelectual (IEPI) y doctor en Jurisprudencia
‘La cultura del respeto evita la piratería, no la represión ’
¿Cómo está el tema de la piratería en el Ecuador?
Se da porque los titulares de los derechos no generan acciones para poder vigilar. Nosotros tenemos normas fuertes para impedir la piratería, pero también es una cuestión de acciones de oficio. En sí la piratería es un problema cultural. Debemos crear el respeto a los derechos de autor. Aquello debemos inculcarlo a los jóvenes y a los niños. Al violar la propiedad intelectual se genera que un artista no pueda vivir de su arte o música.
¿Entonces no existirá represión a negocios de DVD y CD piratas?
Nosotros generaremos alternativas para que la gente tenga acceso a la música y al arte, pagando los derechos que se deban pagar. Poco a poco vamos a ir cerrando el círculo, esto es un proceso.
¿Cuáles son estas alternativas?
Estamos trabajando con el Ministerio de Cultura para sacar un proyecto social sobre discos y películas accesibles a la ciudadanía a fin de que se logre establecer compromisos para redefinir costos.
¿Puede ser justificación que familias enteras se solventen de este negocio?
Hay gente que se sustenta de esto, porque hay un nicho de mercado; sin embargo, puede ser más rentable negociar con discos originales, pero más accesibles a la economía nacional.
Pero el precio es más cercano al bolsillo ecuatoriano...
Claro, pero una solución es establecer un compromiso de valor, porque hay costos muy altos de producción. Entonces es necesario sincerar el sistema.
