ESTILOS DE VIDA MOTIVAN NUEVA MORAL
Ana Vallejo
Las prostitutas a plena luz del día por ciertas calles del
Centro Histórico, los borrachitos en las esquinas, los
experimentos con drogas en la juventud o la pornografía han
dejado de ser temas que convulsionen a la sociedad ecuatoriana
joven y ocupan, ahora, un lugar como elementos cotidianos que,
si bien no son alabados, tampoco son ajenos a la vida diaria.
Sin embargo, esto no implica que en el Ecuador conviva otra
generación -la de los adultos mayores- que mantiene sus puntos
de vista muy críticos ante ello.
Así lo consideran psicoanalistas, sociólogos y psicólogos
ecuatorianos quienes coinciden en que ciertas prácticas han
modificado la forma de evaluar las conductas y están permitiendo
que en el país y el mundo se construya una nueva serie de
valores morales con los que se juzgan y asimilan los hechos
cotidianos.
“Yo le mentiría si le digo que me asombro al ver estas muchachas
bonitas trabajando en un lugar como este, pero la verdad es que
ya me acostumbré porque les veo llegar todas las noches en un
taxi y de igual forma veo como regresan a sus casas luego de
trabajar. Asumo que ellas me ven a mi igualito porque casi
compartimos un horario similar de trabajo”, señala Carlos
Michelena (72), quien trabaja como guardia de seguridad nocturno
en una empresa ubicada frente a un centro de diversión para
hombres ubicado sobre la av. diez de agosto, en Quito.
Según el psicólogo Bruno Stornaiolo existe una adaptación de los
valores en base a la repetición y continuidad, pues “hay gente
que va adaptándose a un fenómeno y luego uno se contagia” Es
decir que basta con que una persona acepte una conducta para que
el otro imite este comportamiento.
Además, sostiene que esto se produce de la mano de una pérdida
de la moralidad. “El ser humano actual ha sido más sinvergüenza
pues antes había mas vergüenza de algunas cosas y ahora estamos
como más autorizados”, señala.
El psicoanalista Rodrigo Tenorio coincide en que en las nuevas
generaciones el sistema de valores morales con el que se creció
en los años cincuenta o sesenta se está derrumbando. Sin
embargo, él sostiene que esto no excluye que sí exista un nuevo
ordenamiento de valores en torno a fenómenos proscritos en la
sociedad.
En ese sentido, ubica dos posturas frente a temas polémicos como
el uso de drogas, el sexo, el consumo de alcohol, el tabaquismo
o la prostitución. “La primera es la posición de la tradición
que guarda una posición muy crítica y moralista ante estos
fenómenos”. Sin embargo, considera que históricamente estas
posturas han estado atravesadas por una doble moral “donde
convive el discurso social de rechazo, pero en la vida privada
las cosas son diferentes”.
En un segundo lugar explica que existe la gente joven “que a la
realidad actual ya no le dan la espalda ni tratan de
esquivarla”. Más bien, han llegado a admitirla dentro de su
imaginario y mantienen una postura ‘fresca’ ante ello. “Esta es
una nueva cultura que es amoralista -mejor dicho con otra moral-
y que maneja otros léxicos que les permiten vivir “fresco”. No
se hacen demasiado lío y no por eso dejan de criticar los
excesos”, señala.
Sostiene que si bien dejan pasar o comentan sin problema temas
sexuales, de pornografía o de drogas, han consolidado un sistema
crítico frente a otros temas. “Los temas que verdaderamente les
preocupan tienen que ver con el maltrato a los niños, la
pornografía infantil, la utilización de los niños para esto, la
violencia doméstica, etc”, dice. Incluso manifiesta que la nueva
generación es “muy severa con temas de esta índole y con
aquellos relacionados con la intolerancia”.
El investigador social Francisco Cevallos también ubica a los
jóvenes de hoy como al grupo que más aceptación tiene sobre
temas proscritos. Considera que en este grupo es donde se ha
producido el cambio de opinión pues el resto de la sociedad no
ha cambiado sus concepciones. Eso sí, el experto señala que, a
su criterio, esta sociedad sí se ha vuelto más tolerante con
estas conductas y formas de vida.
“La primera vez que vi marihuana estaba en tercer curso y no
probé porque me dio miedo. Pero cuando me gradué mis amigos de
la U fumaron en un paseo y probé. Fumo de vez en cuando pero la
verdad no creo que sea la gran cosa”, dice Daniela P. (nombre
ficticio), estudiante de segundo año de arquitectura en la
Universidad Católica.
Según Cevallos, entre jóvenes de secundaria se realizó un
estudio que sostiene que el 70% cree que es fácil o muy fácil
acceder a las drogas. Sin embargo, estos no reflejan el índice
de consumo rutinario. Por ello, considera que “los jóvenes no
son bobos pues tienen acceso a la droga, ven que se distribuye
fuera de los colegios o en la calle, pero no son adictos ni
consumidores”, explica.
Él coincide con Tenorio en señalar que en la sociedad actual
conviven varias posturas. “Hay una yuxtaposición de criterios
pero aún prevalece aquella que busca proscribir temas para no
afrontarlos. Creo que la sociedad prefiere no topar estos
temas”.
Por su parte, Tenorio enfatiza en que existe una nueva moral y
ética. Según el experto, los valores morales se construyen en
base a las costumbres y estas ya no son las mismas que hace 30
años sino que están atravesando una reconstrucción.
En cambio, Stornaiolo considera que “el ser humano actual está
muy decidido a vivir por el presente y no pensar mucho en el
futuro porque tiene una visión de que está casi a punto de
desaparecer”
En cuanto a los temas proscritos, Stornaiolo considera que aún
prevalecerán todos aquellos ligados a la sexualidad. Tenorio
ubica a la intolerancia, mientras que para Cevallos, un tema
polémico seguirá siendo el aborto.
Drogas en el país
Según estudios realizados por el Consejo Nacional de Control
de Sustancias Estuperfacientes y Psicotrópicas (Consep), nueve
de cada diez personas que consumen algún tipo de droga están
coscientes de que son peligrosas para su salud. Entre ellas, las
identificadas como más riesgosas son la marihuana y la cocaína.
En ese mismo orden identifican a las drogas que con mayor
facilidad se pueden conseguir con el 23,1% y 13,5%
respectivamente.
En el Ecuador, los divorciados tienen 2,8 mayor riesgo de
consumir drogas que las personas casadas. Además, se ha
identificado que es mayor el consumo en familias donde alguno de
los miembros ha migrado al exterior. De igual forma, se
identificó que hay más consumo de drogas entre personas con un
nivel intermedio y terciario de educación.
